General30/La formación de los candidatos

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Los grandes temas del Generalato del P. Mauro Ricci.
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La formación de los candidatos

La formación de los religiosos jóvenes ha sido siempre en la Orden una cuestión conflictiva, desde los tiempos del mismo Fundador. La razón es simple: se reconoce que es necesario formarlos bien, pero al mismo tiempo se tiene necesidad de ellos para que se hagan cargo de las escuelas, a causa de la escasez de maestros religiosos. Se trata al mismo tiempo de una necesidad económica (a menudo no había dinero para pagar maestros seglares) como estratégica (no se fían de la formación que dan los maestros seglares, sobre todo en la Italia que sigue a la reunificación de 1870). Así que los candidatos, a veces ya desde el postulantado y el noviciado, son empleados como maestros en casos de necesidad. El P. Garassini, Provincial de Liguria, alega una concesión del P. General Casanovas en 1880 para enviar a los novicios a diversas casas, según las necesidades de las mismas[Notas 1]. Un año más tarde le informa que 7 novicios han terminado ya el primer año de noviciado, y el Capítulo decidió que antes de hacer la profesión debían ir durante otro año a diferentes casas, donde un maestro ad hoc les seguiría, y así se verían sus cualidades para ser admitidos o no en la Orden[Notas 2]. El P. Ricci le responde que los novicios deben estar en el noviciado, y no repartidos en diferentes casas. En tiempos difíciles los Generales tenían privilegios para conceder dispensas que ahora él no tiene.[Notas 3]

También en Toscana el P. Provincial Zini le informa que han tenido que echar mano de los novicios como maestros[Notas 4]. En Nápoles emplean a los novicios del 2º año en el colegio, como explica el P. Provincial L. Muscogiuri:[Notas 5] Nuestra costumbre es que, terminado el tiempo de noviciado, colocamos a los jóvenes como prefectos de dormitorio, y mientras asisten a clase en el colegio, nos dan óptimos resultados en lo referente a disciplina y moralidad de los internos.

El P. Mauro Ricci se tomó mucho interés por la formación de los candidatos desde su nombramiento como Vicario General. De hecho, una de sus primeras circulares trata sobre el Reglamento de los Colegios para los Aspirantes al Noviciado de las Escuelas Pías.[Notas 6] Comienza diciendo: Los Colegios de prueba, establecidos en algunas Provincias de Italia para acoger a los aspirantes a vestirse como Novicios nuestros, merecen la mayor atención de los Superiores, para que sean útiles a la Orden de manera real y constante. Entre otras normas indica que los aspirantes deberán tener más de 11 años; deberán ser examinados y admitidos por el Provincial; llevarán hábito clerical; contarán con buenos profesores y no serán más de 25 por colegio. Está encantado cuando el Provincial de Liguria, P. Carlos Pissarello, le dice que quiere establecer un seminario menor o aspirantado en Finalborgo[Notas 7]:

La idea del seminario menor, tan práctica y ventajosa, ¿cómo podría no alabarla, incluso alabarla altamente? Si luego se ampliase, desarrollando un poco de aquella unión fraterna que yo me he quedado ronco de predicar, de modo que incluso las otras Provincias, pagando, enviasen al seminario menor sus propios aspirantes de cara al noviciado, o allí donde esté el vivero el P. Provincial de Liguria escogiese algunos para ser asignados a otras provincias, Liguria sería la provincia más benemérita de la Orden. Si el proyecto de ahí se aceptara sin oposición, yo lo anunciaría en la circular que escribiré a comienzo de curso, si para entonces no he renunciado a mi cargo. Pues estos son para mí días muy penosos; a las miserias últimas se añaden otras que la Sagrada Congregación, o mejor, el Papa, conoce y quiere remediar, y, poniendo todo junto, yo estoy hasta el cuello.

Era un momento delicado para el ánimo del P. Ricci, que viendo ante sí problemas que no podía resolver, pensó varias veces en presentar su dimisión como General.

En otra circular a la Provincia Romana muestra su interés para que proceda bien la formación de los candidatos, y como un obstáculo era la economía, establece, de acuerdo con la Congregación Provincial Romana, la contribución que cada casa debe pagar para el mantenimiento de los formandos. Y la razón es que siendo de suprema importancia para que la Provincia Romana no decaiga, sino que vuelva a su antiguo estado floreciente, mantener el mayor número posible de clérigos en el noviciado y estudiando, alabamos y aprobamos plenamente la decisión tomada junto con su Congregación por el P. Vicario Provincial G. Battista Bruno de S. Onorato.[Notas 8]

Ya señalamos antes cómo una de las motivaciones principales para establecer una nueva casa en Roma era su deseo de que en ella se formaran bien los jóvenes religiosos de las diversas provincias. Desea que los provinciales envíen allí a sus juniores a formarse, pues Roma le parece un lugar ideal para ello: A partir de ahora los mismos Provinciales se dispongan a enviar a esta nueva casa a los religiosos jóvenes, no sólo para estudios superiores, sagrados y profanos, sino también para los estudios de Liceo, si su provincia carece de un liceo propio. Roma ensancha las ideas; en medio de tanta juventud eclesiástica de todas las Naciones crece el deseo de conocimiento y se aprende mejor la grandeza del Papado.[Notas 9]

Como un problema en aquellos años era que, en Italia, para poder dar clases había que tener una patente o título reconocido por el gobierno, dedica una de sus primeras circulares, con fecha 12 de noviembre de 1884, a pedir a todos los religiosos que hagan lo posible por obtener esos títulos. Naturalmente, la cuestión concernía más a los juniores, que en lo sucesivo simultanean sus estudios ordinarios con la preparación de los exámenes para obtener el título de maestros, pero también a los demás religiosos sin título[Notas 10]:

El amor, que todos estamos obligados a alimentar con respecto al Instituto de las Escuelas Pías, a las que nos hemos unido con juramentos solemnes, debemos probarlo particularmente poniéndonos en condiciones para servirlas y procurar la ventaja y el decoro, cuánto más y cuánto mejor cada uno pueda. En la actualidad el medio no sólo mejor, sino necesario para nuestra profesión es proveerse de los títulos legales de maestros, que el Estado quiere atribuir sólo a los que tienen diplomas o certificados. Ahora que se han intimado desde noviembre del año en curso hasta todo el año 1886 sesiones extraordinarias de exámenes para conferir tales certificados de habilitación para la enseñanza de las disciplinas típicas de liceos y gimnasios, de las escuelas técnicas y normales; y los maestros que tienen una licencia de grado superior pueden presentarse al examen de habilitación para las enseñanzas de las escuelas técnicas, normales y secundarias inferiores, sería condenable indolencia el perder una ocasión tan propicia.

Por lo tanto, creo mi deber hacer oír mi voz; y recomendar vivamente a todos los que reúnan de condiciones requeridas por el Estado, a no rechazar, por el amor de la Iglesia que os lo pide, por el amor de las Escuelas Pías, que quieren seguir viviendo una vida próspera, que os sometáis a esos exámenes, para poderles evitar a ellas tantas y tan dolorosas vejaciones. Vosotros, Escolapios aún jóvenes, empezad a ocupar inmediatamente cualquier tiempo libre de vuestras tareas y particularmente el que a menudo se pierde en recreaciones inútiles, en vanas, si no peligrosas lecturas de los diarios públicos, para prepararos; vosotros, los que aún no sois viejos, sed los primeros en dar ejemplo, presentándoos al examen impuesto, o presentando las razones por las que podéis ser dispensados de él, podáis adquirir la manera de beneficiaros de ello, para toda la vida, sin molestias para el necesitado Instituto. No os frene el temor de un suspenso que, aunque no es probable que suceda, en nada desmerecería vuestra reputación, siendo en la actualidad muchas las causas y nada deshonrosas, a las que podría atribuirse un resultado no feliz. En medio de la vertiginosa actividad de estos tiempos, es hora de despertarnos también nosotros.

Los padres Provinciales constituirán la lista de religiosos, que, de acuerdo con el Real Decreto, pueden aprovechar los beneficios prometidos, obligando a la gente joven, aconsejando a los demás a que hagan por el bien de la Orden lo que la mayoría de los maestros laicos hacen por amor propio o con fines de lucro. Ayuden a los voluntariosos proveyéndoles libros, si procede; facilitando los viajes para aquellos que quieren buscar sedes y examinadores de una mayor confianza. Y todo esto y de la comunicación de esta carta en cada casa, denme información solícita.

Ante las quejas de varias provincias, que ven cómo algunos jóvenes se van cuando terminan los estudios universitarios[Notas 11], el Capítulo General toma una decisión, obligatoria al menos para todos los juniores italianos: En Italia nuestros novicios, tras conseguir el diploma del liceo, no quieran ir a hacer estudios civiles a la universidad, hasta después de ser ordenados sacerdotes; mientras tanto dedíquense a los estudios sagrados, den clases en escuelas primarias o cuiden a los internos de los colegios.[Notas 12] El P. Ricci informa sobre esta decisión en una circular, que tenía ya prevista antes del Capítulo, como escribe al P. Provincial de Liguria[Notas 13]:

Hace mucho tiempo que temo que enviando a nuestros juniores demasiado pronto a la universidad existe el gran peligro de que se echaran a perder y perdieran el espíritu religioso. Algunos hechos recientes demuestran acertados mis temores, y tendría un gran remordimiento de conciencia si no lo mediásemos inmediatamente. Por lo tanto, pienso enviar un circular ordenando que, de ahora en adelante, después de la licencia del liceo, no se envíe inmediatamente a los juniores a la universidad o institutos similares, se espere a que, además de la profesión solemne, sean ordenados sacerdotes, o al menos diáconos. No desdice el frecuentar aquellos estudios incluso en edad un poco adulta, incluso se comprende mejor, y se obtiene más respeto y menos confianza por parte de los condiscípulos. En la Universidad de Roma hay sacerdotes Jesuitas de edad muy avanzada. En el periodo entre la licencia del liceo y la misa, nuestros juniores deberían estudiar teología, y servir al Instituto como ayudantes de los maestros o en otros oficios para los cuales no haga falta la habilitación legal. Hacer tantos sacrificios para que después nuestros juniores nos dejen de lado, o se queden. echados a perder en el corazón y en la mente, para echar a perder o laicizar el Instituto, además de una tontería sería una culpa por nuestra parte. Dígame qué piensa, y hágame sugerencias, si las tiene, sobre este asunto, con toda libertad. Incluso escriban juntos Usted y el P. Stella, como Asistente, su opinión, y háganmelo saber, para no escribir una circular inútil.

El P. Ricci, sabiendo que la medida no iba a ser del agrado de todos, escribe al P. Garassini, Provincial de Liguria, cuando envía los juniores al Cornigliano[Notas 14]: Recuerdo que a los clérigos se les haga estudiar la Teología; los que ya tienen la licencia del liceo, y según las prescripciones del Capítulo General, no deben admitirse aún en la Universidad, pueden ir a las clases del Seminario, y si los hay buenos, incluso licenciarse. Desarrollemos lo más que podamos en los nuestros el espíritu eclesial, en medio de la laicidad invasora. Recuerde que también los novicios deben estudiar algo durante el noviciado, y por eso con el maestro de piedad hace falta el maestro de letras. Es cierto que uno solo puede hacer los dos oficios.

El P. Garassini no dice nada de momento, pero al año siguiente pide que, en contra de lo decidido por el Capítulo General, y teniendo en cuenta las necesidades de las casas que tienen gimnasio reconocido en la provincia, se les permita asistir a la universidad, mientras hacen los estudios teológicos en casa[Notas 15]. El P. General no se opone, pero antes quiere conocer más detalles sobre esos jóvenes.[Notas 16] De hecho, concede el permiso.[Notas 17] Pero le pide que controlen muy bien a los estudiantes de la universidad[Notas 18]: No hay que hacerse ilusiones, aunque la instrucción en las escuelas del Gobierno no es mala, a causa de las circunstancias nuestros jóvenes en Italia y fuera pierden en ellas el espíritu de la piedad. Se lo diré sólo a Usted: en Hungría alguno (tachado) y ahora el Provincial de allí, óptima persona, ha tenido que comprar un edificio para que, antes de ir a la Universidad, los nuestros hagan allí un serio curso de cuatro años de teología. Y los nuestros de ahí, ¿cómo se portan? Vigile e infórmese si descuidan la comunión semanal y de las fiestas entre semana. Pero con esto solo no basta. Al intercambiar la felicitación navideña con el P. Provincial, el P. Ricci le dice cuáles son sus deseos para el nuevo año: Yo ruego, pues, para que nuestros jóvenes, especialmente los admitidos en la Universidad, no se dejen arrastrar por el espíritu del siglo, no establezcan pactos con las máximas y con ciertas doctrinas que circulan por aquellos ambientes y recuerden que nuestro instituto es un nuevo subsidio de la Iglesia, y que en el momento en que fuéramos menos devotos de la Iglesia, destruiríamos moralmente sus fundamentos. La Provincia de Liguria hace una petición al Papa para que autorice a sus juniores a estudiar al mismo tiempo en la Universidad y teología, pues los estudios si no se hacen muy largos; ellos pretenden que se puedan ordenar pronto, y de este modo evitan el servicio militar; de lo contrario tendrían que contratar profesores seglares para suplirlos, y ello les saldría muy caro[Notas 19].

La formación de los hermanos, en cambio, no le preocupaba mucho al P. Ricci. Eran entonces una especie de religiosos de segunda. Por eso responde un poco sarcástico al P. Pissarello cuando este quiere uniformar el noviciado de los hermanos con el de los clérigos[Notas 20]:

Ya le decía el poeta Berni a uno: “… vuestra mula levanta las piedras para tropezar en ellas”. Y así en esa provincia se levanta la cuestión del noviciado de los legos, cuestión que nunca ha existido en las demás provincias. En las demás provincias, cuando llega uno para hacerse hermano lego, se le tiene a prueba durante dos, cuatro o hasta seis años, para ver si merece hacer el noviciado (es la condición de terciario) y después se le admite al noviciado uno o dos al año, según convenga a la casa del noviciado. Y mientras tanto estos aspirantes están en las casas y en los colegios, aprenden a servir y sirven, esperando su turno para entrar canónicamente como novicios. Y el Instituto sale ganando de dos maneras, en lo económico y en el conocimiento de las personas, las cuales a menudo se van cuando ven que no sirven para nuestro estado. Ahí tratan igual a los clérigos y a los legos, al admitirlo inmediatamente o casi al noviciado, cuando el experimento anterior incluso está indicado en las constituciones. ¿Qué se pierde, si un lego no viene con segundas intenciones, retrasándole el noviciado? Nada, y el Instituto gana bastante. Si el aspirante lego no quiere esperar y pretende imponer, es una señal de que no tiene vocación, y lo despedimos inmediatamente. En cuanto a los legos admitidos al noviciado, repito que lo importante es que hagan rigurosamente el año conciliar; el 2º año querido por las Constituciones, el General puede conceder que se haga en otra parte, en caso de necesidad.

El P. Giovannozzi, por su parte, se queja amargamente de la formación que se da a los juniores, demasiado formalista, sin tener en cuenta lo afectivo y social[Notas 21]:

Sí, mi buen padre, permítame decírselo: trabajo, y trabajo de buena gana, pero vivimos aquí en un ambiente tan grave, muerto y maloliente, que uno se pregunta si vale la pena fatigarse para mantener de pie la barraca que se desmorona. No se ha encontrado la manera (y confieso que y tampoco sabría indicarla) de reanimar los espíritus, reavivando la piedad y el sentimiento. Nos esforzamos mucho, sin embargo, por mantener vivo un simulacro de apariencias y formas, que sólo sirve para atribular a los buenos, sin sacudir a los tibios. ¡Esta oración de la tarde! Es un suplicio, es insoportable oír los salmos penosamente arrastrados. Y en cuanto a la oración mental, que debería ser el nudo vital, sólo quedan ocho o diez minutos. Y los juniores, dispuestos a hacer inclinaciones y reverencias al altar, a los superiores y a los padres, con apariencia de grandísima humildad, educados para ostentar celo y puritanismo religioso-político, se muestran favorables al poder temporal cuando hablan con los celantes, pero luego tropiezan en asuntos espirituales; no van a misa y no hacen oración cuando la comunidad no obliga, y de los superiores (a quienes hacen grandes inclinaciones) dicen barbaridades. ¡Cuánto mejor sería compadecer su juventud, permitirles algún justo desahogo, no oprimirlos y encerrarlos en el helo de nuestras minucias, ser con ellos generosos y benévolos para quien o echen de menos la familia y el amor terreno del que se han despedido! Ojalá fueran liberales, y amaran fuertemente Italia, con tal que amaran también a J.C. y las almas. Pero así no aman nada, se entristecen y llevan una vida miserable. Créame, Padre, no exagero. Yo encuentro una compensación en el estudio, en el trabajo, en la excelente dirección espiritual de un confesor que es un verdadero hombre de Dios. Pero a menudo pienso: ¿cómo harán para salir adelante estos pobres hijos juniores, que tienen alrededor de 20 años, y alrededor suyo sólo oyen quejarse, suspirar, maldecir a los tiempos, a las personas, las cosas, y sólo respiran hastío, bochorno y cansancio? ¿No es de temer que la vivacidad natural comprimida de este modo se dirija luego hacia objetos ilícitos, anhelándolos, aunque sólo sea con el deseo? ¿No sabe que cuando en Carnaval hubo las pruebas del Moisés por la noche después de cenar fueron enviados a la cama inmediatamente? ¡Y era el único recreo que tenían! ¡Y cuando pedí que los llevaran por ejemplo a S. Florencia o a otro teatrillo, me dijeron que ya habían tenido bastante recreo! Así crecen con la idea de ser ahora víctimas que se lo cobrarán cuando sean padres. ¡Y de hecho entonces enseguida se ponen a galopar, y no se conforman con ir a S. Florencia!

En definitiva, el problema quedó sin resolver: por una parte, se quería que los jóvenes adquirieran una buena formación, y por otra se les quería hacer trabajar en los colegios, como profesores o al menos como encargados de internos. Se trata de un problema sin resolver hasta nuestros días: a veces los Superiores dan prioridad a la formación teórica, académica; a veces, a la formación práctica, simultaneando estudios y actividad ministerial. En toda la Orden tal vez donde se había encontrado una fórmula más eficaz era en las provincias españolas, desde que en León el P. Vicario General Juan Martra estableció la casa central de estudios de San Marcos de León en 1879. En 1885 se abrió además la casa de Irache, para estudios de filosofía. Cuando el ayuntamiento de León reclamó el monasterio de San Marcos en 1888 y los escolapios tuvieron que irse, encontraron un nuevo edificio central en Cardeña, donde permanecieron hasta 1901. Pero las casas centrales tampoco fueron una solución permanente para la formación de los candidatos españoles.

Notas

  1. RG 248 A 4, 14. 16 febrero 1892.
  2. RG 248 A 5, 2. 25 diciembre 1893.
  3. RG 249 a 4, 37: 4, 107. 3 agosto 1893.
  4. RG 247 e 3, 87. 4 noviembre 1887.
  5. RG 248 c 2, 16. 27 abril 1890.
  6. RG 24, 15. 3 septiembre 1884.
  7. RSL 369 6, 33. 3 septiembre 1894.
  8. RG 24, 23. 15 mayo 1886.
  9. RG 24,18. Pascua 1885.
  10. RG 24, 19.
  11. Nápoles: el P. Provincial F. Gisoldi se queja de que la Universidad “envenena a los jóvenes” (RG 248 c 4, 15), y le hacen llorar (RG 248 c 3, 12) Algo similar señala el Provincial de Hungría: dice que, siguiendo las indicaciones recibidas, han comenzado una reforma de los estudios de los juniores, en especial materias de filosofía y teología, bajo la dirección de un prefecto de Estudios. Tienen un Asistente para los estudios de los juniores, que los visita y controla. Sin embargo, no tienen siempre bajo control a los estudiantes, pues deben mandarlos al menos por un bienio a la universidad civil, donde hay profesores no sólo liberales, sino heterodoxos, para poder obtener el título de profesores. Luego algunos se van, o hay que echarlos (RP 54 B 7, 17. 15 abril 1892.
  12. RG 24, 40. 26 octubre 1892.
  13. RLS 369 6, 24. 9 julio (¿1892?)
  14. RLS 369 6, 13. 3 octubre 1892.
  15. RG 249 a 4, 107. 3 agosto 1893.
  16. RG 249 a 4, 37.
  17. RG 249 a 4, 104. 19 agosto 1893.
  18. RLS 369 6, 21.
  19. RP 6 A, 58.
  20. RSL 369 6, 38. 3 enero 1895.
  21. RG 249 j, 26. 19 junio 189…