GinerMaestro/Cap07/10

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07.10. En pie de guerra

No es novedad en esta historia hablar de bandoleros. Uno de los telones de fondo de la vida de Calasanz en España es, sin duda, el bandolerismo, tanto en su aspecto más crudo de bandas de forajidos sin ley, que han hecho del pillaje, del saqueo y del crimen un modo de vivir, como en su aspecto más provisional, de gentes que se ponen al servicio de banderías personales o ideológicas, recurriendo igualmente al robo, al incendio, a la extorsión y al asesinato como medios de persuasión violenta. En todos los tiempos han convivido juntas ambas formas de bandidaje, pero especialmente en las últimas décadas del siglo XVI dejaron sentir su fuerza. Y Calasanz había sido testigo de sus desmanes, tanto en su propio hogar, con la muerte de su hermano Pedro en tierras ribagorzanas, como en la perturbada soledad monástica de Montserrat.

La diócesis de Urgel, por su vecindad al sur de Francia, revuelto entonces por los hugonotes, sufría este drama con especial intensidad, pues a los aspectos comunes del bandolerismo se unía el fanático desenfreno de los herejes, que no sólo amenazaban desde lejos, sino que dejaban sentir su presencia virulenta en los alrededores de Seo de Urgel. Y era el cabildo, más que el obispo —ausente o en sede vacante—, el que se sentía responsable de la defensa armada, dadas las características de señorío medieval que mantenía el obispado en casi todo su territorio. No es de extrañar, pues, que en la distribución de cargos, que solía hacerse en los llamados 'Capítulos Pascuales', aparezcan los Consellers de guerra. Y ellos son los que en toda esta larga contienda con los hugonotes y bandoleros reúnen el “consejo de guerra” para determinar lo que se ha de hacer.[Notas 1]

A pesar de la pobreza de la diócesis, el cabildo tiene que proveer la ciudad de toda clase de armas y municiones; hacer obras en la catedral para que sirva de fortaleza y castillo de guardia, en caso de necesidad; pagar a espías y correos al servicio de la defensa pública. Pero lo que no quiere es cargar también con la paga de soldados, pues siempre que han ido, ha sido a sueldo del rey.[Notas 2] Esta fue una larga contienda entre el cabildo y el virrey de Cataluña, el primero empeñado en que los pagara el virrey, y éste no menos obstinado en que corriera a cargo del cabildo, obispo y ciudad a partes iguales. Y se trataba tan sólo de 60 soldados, mientras del puerto de Lisboa saldrían unos 20.000 para la conquista de un reino del que luego no se sabría qué hacer. Llega a ser hasta trágicamente cómica la súplica desesperada del cabildo: 'volvemos a suplicar a V. Exa. que nos mande hacer la merced, pues con 60 soldados bajo el mando del capitán Argensola… tendríamos confianza de estar seguros contra diez mil franceses'.[Notas 3] Esto se escribía en mayo de 1583. Y cuatro años más tarde, en mayo también, redactaba Calasanz, en nombre del cabildo, su primera carta al virrey, que aún seguía negándose a pagar aquellos deseadísimos 60 soldados que no llegaron nunca.[Notas 4]

Esta actitud pasiva y despreocupada del virrey hace decir a Pujol: 'Dejaba mucho que desear la conducta de los virreyes y en general de todos los funcionarios reales, tanto del orden judicial como del administrativo, más atentos a mejorar su posición que a velar por el cumplimiento estricto de las leyes y asegurar inflexiblemente la administración de la justicia'.[Notas 5] Quizá no fuese tanto el egoísmo lo que les impidiera intervenir, sino la escasez de recursos en gentes y dinero para atender a todos sus frentes, como las amenazas constantes de los turcos en las costas mediterráneas, o la frontera francesa en sus pasos más orientales, o la preparación y reclutamiento de la imponente Armada Invencible.[Notas 6] Pero todas estas razones no convencían mucho a quienes sentían la amenaza diaria, y para ellos tan importante era defender la ciudad de Urgel del ataque de los hugonotes como todas las costas catalanas del peligro de los turcos.[Notas 7]

En realidad se temía más a los hugonotes que a los bandoleros. Así se desprende de las 24 cartas del cabildo, publicadas por Pujol, que van desde 1581 a 1587, antes de la llegada de Calasanz a La Seo. Y el temor y terror del cabildo estaba justificado, pues si llegaban, entrarían a sangre y fuego en la ciudad y —como buenos herejes— se ensañarían sobre todo con la catedral y el clero. Las noticias que les llegaban de las crueldades que estaban cometiendo en el fronterizo condado de Foix eran para estremecer a cualquiera: 'hace pocos días —escribían al ausente obispo Moncada el 25 de mayo de 1582— en dicha villa [de Foix] los hugonotes han matado a más de cien hombres católicos y entre ellos a un canónigo, al que después de muerto han quemado en medio de la plaza'.[Notas 8] . Y un año más tarde, el 3 de mayo de 1583, decían al virrey: “Cuán importante sea la defensa de esta ciudad para la honra de Dios y de Su Majestad, puede considerarlo V. Exa. pues si ellos entraran, lo que Dios no permita, maltratarían —como han hecho en Cerdaña— los retablos y altares, los cuerpos santos y las reliquias y, en fin, profanarían las iglesias”.[Notas 9] Ciertamente, era para echarse a temblar. El 23 del mismo mes volverían a escribir inútilmente al virrey: “cada día tenemos nuevas de que [los ladrones luteranos] aumentan en número y amenazan que han de entrar quemando y matando”.[Notas 10] El único remedio que veían era que el virrey mandara soldados, y en caso de que se negara “no tenemos otro remedio para el clero —decían al virrey— sino dejar la iglesia y nuestra casa y bienes y transferirnos a otra parte segura, como creemos que lo hicieron nuestros predecesores en semejantes necesidades de guerra”.[Notas 11]

Pero no se fueron. Tampoco llegaron por el momento los hugonotes a las murallas de la ciudad. Los temores de ataques inminentes disminuyeron. Hay alguna que otra escaramuza de bandoleros, que en años pasados preocupaban de vez en cuando seriamente,[Notas 12] pero aun entonces se les considera aliados con los herejes de Francia[Notas 13] .

Es indudable que Calasanz, desde lejos, estaba enterado con más o menos detalles de lo que pasaba en Seo de Urgel y en el resto de su propia diócesis. Pero también en su misma tierra, como vimos, estaban todos en pie de guerra, por la actitud rebelde de los insurrectos de Ribagorza. Sabía, no obstante, que al encaminarse hacia Seo de Urgel no iba a encontrar precisamente un remanso de paz.

Notas

  1. En el acta de los 'Capítulos Pascuales' de 1578, escrita por Calasanz, se lee: 'Consellers de guerra —Lo sor. Sagrista [Onofre de Pónz], lo sor. micer [Sebastiá] Moles' (cf. ‘Liber conclusionum’ [1570-1608], f.149-151). Y he aquí la composición del Consejo: 'se juntás lo consell de guerra en lo qual se determinás lo que se havía de fer, en lo qual consell ajustats los qui per asso estant diputats que son lo veguer dos dignitats y un Canonge desta iglesia, los consols y promens (prohombres) desta ciutat…' (carta del cabildo al virrey de Cataluña, fechada el 27 de octubre de 1581. Cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.315, c.VIII).
  2. '… sempre que lo rey ha enviat assí soldats… son estats pagats los soldats ab lo sou del rey. Mes avant entendrá V. Exa. que sería no sols difícil peró impossible poder suportar esta iglesia un cárrech tant pesat tenint ne de altres per lo mateix efecte de nostra defensa prou carregats, com es la provisió dels arcabussos, armes y municions y les obres y reparos que fem ara cada dia en la iglesia para fer ne si era menester presidi y castell de guarda y gastant lo que gastam ordinariament per correus y spies…' (ID., fecha 9 de mayo de 1583, en ib., p.322-323, c.XXI).
  3. Ib., p.323.
  4. lb., p.325, c.XXVII, fecha 25 de mayo de 1587.
  5. Ib., p.287.
  6. Así opina Poch en su artículo ‘San José de Calasanz y seis obispos españoles’: RevCal 12 (1957) 135. Y antes había escrito Bau: 'Los virreyes suelen contestar excitando a la defensa, pero sin aportar tropas regulares, ni dinero para reclutarlas… La autoridad real no percibía del Principado más que los donativos votados en Cortes. En 1563 trescientas mil libras barcelonesas; en 1585, medio millón. Si con ello se habían de cubrir todas las intervenciones reales y atender a la defensa de costas y fronteras, se concibe que el rey y los virreyes se desentendiesen de toda pequeña escaramuza que requiriese mantenimiento de tropas…' (C. BAU, ‘Historia de las Escuelas Pías en Cataluña’ [Barcelona 1951] p.43).
  7. El virrey escribió al cabildo ordenando que tuvieran preparada la milicia disponible para acudir a defender la costa catalana del inminente peligro turco, y el cabildo acataba las órdenes, pero hacía notar al virrey 'que nosaltres estam assí en frontera de França y a una jornada del comptat de Foix, ahont vuy estant com en un port molt segur los lutherans y heretges tant inimichs de nostra sancta Fe Catholica com los mateixos turchs y son molta gent de peu y de cavail sempre en armes' (P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.314, c.V, fecha 10 de septiembre de 1581).
  8. Ib., p.317, c.XII.
  9. Ib., p.322, c.XX.
  10. Ib., p.324, c.XXIII.
  11. Ib., p.322, c.XIX.
  12. Como la banda del famoso 'señor' Galcerán Cadell, aliado también con los hugonotes de Francia (cf. ib., p.324-325, c.XXV y XXVI, y J. R. MONER, ‘San José de Calasanz y el bandolerismo en la Corona de Aragón’. AnCal 9 [1963] 149-152).
  13. '... van per assí algunes quadrilles de bandolers dels quals nos pot esperar cosa bona, ans be se tem que tenen alguna aliança amb los hugonaus y lutherans de França y cada día augmenten en gent y maldats, homicidis y lladrocinis' (P. PUJOL I TUBAU, ‘Obra completa’, p.321, c.XIX).