GinerMaestro/Cap11/01

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11.01. Una especie de conversión

Hay santos cuyas vidas quedan partidas en dos por una fecha o acontecimiento clave, que señala un antes y un después de su 'conversión'. El más típico es San Pablo y su caída del supuesto caballo. Otros ejemplos famosos podrían ser San Agustín y San Ignacio de Loyola. En estos casos, la conversión supone un cambio radical de una vida desordenada o pecaminosa a otra de entrega a Dios y al servicio del evangelio. En otros santos, el fenómeno interior de la “conversión” no es tan ruidoso y llamativo, sobre todo porque no se advierte en ellos una vida anterior de desórdenes y de pecado. Son hombres honrados. buenos, incluso ejemplares, en los que, sin embargo, llega un momento crucial en que parece que Dios les toca el alma y empiezan a cambiar, pero sin brusquedades. No hay ningún relámpago de Sinaí, sino más bien un amanecer, cuya luz suave se va intensificando hasta la plenitud del mediodía. Y entonces Dios se los lleva, como en un carro de fuego.

La vida de José de Calasanz sigue una trayectoria de bondad, de honradez, de ejemplaridad hasta estos primeros años romanos y últimos de siglo en que empieza a despuntar esa aurora in crescendo y se advierte que el dedo de Dios ya ha tocado su alma. Es maravilloso ver que también en estos hombres buenos y honrados existe ese momento místico del dedo de Dios, de la 'conversión', y que no fueron santos desde el seno de su madre.

Los hagiógrafos tradicionales gustaron de presentar un Calasanz 'sin mancha ni arruga' desde Peralta. Y al verle llegar a Roma —aun habiendo leído sus primeras cartas— desecharon cualquier pretensión de dignidades eclesiásticas, y le hicieron renunciar rápidamente a las que le había conseguido su protector el Cardenal Colonna.[Notas 1] Sin tan extremo desprendimiento y sin bajar a detalles, dijo Berro, con más elegancia, que Calasanz “se dedicaba a toda obra de caridad, dándose perfecta cuenta de que para mayores cosas le había llevado Dios a Roma, que no para medrar en dignidades eclesiásticas”.[Notas 2]

Además de ser más veraces y objetivos, son mucho más conmovedores y ejemplares los testimonios de estos tres testigos, españoles los tres y amigos del Santo. El anciano sacerdote don Francisco Motes dijo: 'Luego se fue a Roma… y al cabo de uno o dos años oí que había pretendido no sé qué beneficio en su país. Y que habiéndolo obtenido, como Dios le tenía destinado para cosas mayores, le fue promovido un pleito; y no saliéndole a su favor, determinó abandonar sus pretensiones y darse de todo corazón a Dios'.[Notas 3] El pintor Francisco Gutiérrez dijo: “Yo he oído decir que el P. José vino a Roma a pretender alguna prebenda eclesiástica, pero luego, tocado por Dios, y reconociendo que todo lo de este mundo es vanidad, dejó el siglo y fundó la religión de los Padres de las Escuelas Pías”.[Notas 4] Y el hostiero Tomás Simón dijo: “Vino a Roma, donde tuvo la agencia [‘agenzia’] de aquel obispo [de Urgel] y por las pretensiones de ser próvisto de beneficios. Pero luego se resolvió a otro tenor de vida, diciendo que la tal vida por él comenzada no era para él [‘non faceva per tui’] y por ello se entregó totalmente al espíritu y a instruir y a fundar su religión”.[Notas 5]

Y así fueron las cosas. Desde que llega a Roma anda solícito tras alguna canonjía. No espera que se la sirvan en bandeja, sino que prepara su estrategia de influencias y está al tanto de las vacantes. Le fallan dos en Urgel y sigue impávido a la expectativa. Rechaza otras dos por lejanas en Teruel y Albarracín, y deja pasar de largo otra en Lérida para enfrascarse en una de Barbastro. Y durante cuatro largos años —desde marzo de 1594 hasta mayo de 1598— mantiene sus derechos contra viento y marea, recurriendo a un 'monitorio', lamentado la ineficacia de procuradores, entablando uno o varios pleitos contra sus contrincantes. Ni faltan en el ardor y nerviosismo del debate palabras que llegan al borde del insulto y de la mentira. Y no acaba con una ‘renuncia’ o una cesión sin más, como hizo Latorre, sino en una ‘concordia’, en que hasta el último momento defiende el propio derecho[Notas 6]

En realidad, no se puede hablar aquí de pecado, ni de injusticia sino simplemente de un pleito como tantos otros, vulgar y común’ quizá menos ruidoso y exasperante que los suscitados por los cabildo de Urgel y de Barbastro contra sus respectivos obispos en esas mismas circunstancias o en torno a derechos reales o presuntos sobre provisión de canonjías. Y humanamente hablando, hubo de ser para Calasanz este fracaso una humillación profunda, algo así como una sensación de incapacidad e impotencia. Providencialmente, sin embargo, no era más que esto: que no estaba de Dios que fuera canónigo.

Todo ello le conduce a una decisión irrevocable, que manifiesta con claridad en su carta del 27 de junio de 1599, y que sólo pudo tomar después de la 'concordia' de un año antes (1 de enero de 1598): “yo no pretiendo beneficios de residencia”.[Notas 7] Y quizá esta decisión pueda estar a la base de la que puede llamarse “su conversión”.

El desengaño de las canonjías vino acompañado de otro muy profundo también: la desconfianza en sus parientes. Y ambas cosas iban juntas, pues las prebendas que esperaba conseguir en Roma servirían particularmente para mejorar la condición de sus hermanas y sobrinos. Así lo manifiesta en la carta del 25 de noviembre de 1592, a los nueve meses de su llegada:

'… de saber en particular que mi sobrino Anthonio Joan Pastor estudie bien y aproveche he holgado todo lo posible y si él persevera como yo confío y Ntro. Señor me da con que poderle ayudar (que confío lo hará) le ayudaré a passar sus estudios hasta el cabo. V. m. lo anime quando le vea y a su padre también… que buelto yo a España tendré el cuydado que será menester en todo. A mis sobrinas de la casa de Pere Ferrer de mi parte dará encomiendas y a mi hermana y sus hijas y les dirá que desseo mucho bolver presto a España por poderles ayudar en lo que huviere menester…'.[Notas 8]

Y los mismos sentimientos manifiesta en mayo del año siguiente a raíz de la muerte de su hermana Magdalena.[Notas 9]

No consiguió la canonjía de Barbastro, y en vez de los 170 ducados de oro anuales, pudo al menos quedarse con una pensión de 36 que adjudicó generosamente a su sobrino mosén José Blanch, de Benabarre. Pero ni él ni su padre se preocuparon ni poco ni mucho de hacer valer los derechos del tío, durante el largo pleito, ni tampoco ahora para cobrar aquella pensión. Y esta actitud, rayana en indiferencia, amargó también el corazón del ya desengañado pretendiente a canonjías alejándole del afecto de la familia.

Este desprendimiento de sus propias pretensiones y de sus parientes fue sin duda el principio de algo grande, de un cambio de rumbo, de su 'conversión'; fue como poner la mano en el arado… Más tarde escribirá en sus Constituciones: “¡Cuidado con mirar atrás, una vez que haya puesto la mano en el arado! Rechace, por tanto, totalmente las preocupaciones de las cosas de este mundo y las solicitudes terrenas”.[Notas 10] Escribía con experiencia.

Notas

  1. Recuérdense los testimonios referentes a la voz-sueño que le llama a Roma y su admiración porque no tenía pretensiones (cf. cap. 9, n.1). Armini escribe que el cardenal Marco Antonio Colonna 'resté molto edificato della su modestia, per lo distaccamanto, che vi conobbe, da qualsivoglia pretensione a dignitá', y al quedar vacante el canonicato de Barbastro se lo consiguió 'pensando di fargli cosa grata... Restó confuso Giuseppe, e ... umilmente lo supplicó a compiacersi di ammettere le sue scuse se dimostravasi alieno da quella dignitá, dichiarandosi, ch’era partito da Spagna senza pensiero di riverderla... ma presto lo rassegnò [el canonicato] al Dottore Pietro Navarro' (ARMINI, ‘Vita’, p.46-47). Según Talenti, el canónigo Compte y el cardenal Colonna le consiguen la canonjía de Urgel primero y la de Barbastro después, a espaldas de Calasanz, quien al saber que en Barbastro había pleito, siendo 'alienissimo da’littigi, la stimó opportuna occasione di rinunziarlo, senza offesa del Cardinale...', el cual 'acconsenti alla rinunzia, con questo però, che in sua memoria vi ponesse qualche pensione, o per se stesso o per chi volesse de’suoi. Cosi esegui egli tutto contento, rinunziandolo al Dottor Pietro Navarro' (TALENTI, ‘Vita’, p.40-41).
  2. BERR0 I, p.65-66.
  3. BAu, RV, p.60.
  4. Ib., p.62.
  5. Ib.
  6. Cf. cap. 10, n.l0l; G. SÁNTHA, ‘De canonicatu Barbastrensi…’, p.145.
  7. C. 7.
  8. C. 4.
  9. '(si) Nto. Señor me da salud yo procuraré con la brevedad (que podré) de dar la buelta porque en todo estremo desseo ver las sobrinas que tengo en esse lugar (Peralta) en el estado que es razón. V. m. de mi parte las animará a toda virtud, que si yo vivo no les faltará la ayuda y favor que han menester' (c.5).
  10. CC, n.35.