GinerMaestro/Cap15/01

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15.01. Preliminares

La lógica consecuencia de los hechos, después de más de quince años de experiencias sin desviarse de la finalidad clara de la obra en un clima de vida tan similar a la religiosa, era pensar seriamente en instituir una nueva Congregación con votos. Era como el paso siguiente y obligado, después de tantos años de existencia de la Venerable Congregación de las Escuelas Pías, secular y sin votos.

Los hagiógrafos -siempre obsesionados por exaltar las virtudes de su protagonista- insistieron excesivamente en la humildad de Calasanz, que le haría sentir cierta repugnancia interior a la idea de ser Fundador de una nueva Congregación. 'Era demasiado humilde -escribió Talenti- para pensar en hacerse Fundador y cabeza de una Congregación especial y perpetua, o de una Orden regular'.[Notas 1] Ni ha faltado en nuestros días quien afirmara que Calasanz resultó ser “Fundador a la fuerza”.[Notas 2] Y no es que se quiera quitar grados a la innegable humildad que impregna su vida y sin la que sería imposible entender su entrega total a los niños pobres. Simplemente, nos da la impresión de que a veces la humildad se presenta como subterfugio para esquivar responsabilidades o paliar la impotencia o la desconfianza en sí mismo.

La actitud de Calasanz frente a su propia obra podría interpretarse como fruto de esa falsa humildad, pues desde que concibe su idea institucional intenta encomendarla a otros, como fueron en un principio los maestros municipales, los jesuitas y los dominicos; recurrió luego a la Cofradía de la Doctrina Cristiana, que se desentendió igualmente, como los anteriores. Quien no se desentiende es Calasanz, que en todas estas y ulteriores tentativas pretende dar estabilidad, solidez y perpetuidad a su obra, sin dejarla de mano. Y la nueva experiencia que vamos a ver es una prueba más, pues a pesar de la cesión o entrega que lleva consigo la unión con una Congregación ya establecida, impondrá entre otras condiciones que se le reconozca a él como Prefecto de las escuelas mientras viva. No era soberbia, pero tampoco humildad precisamente. Mantuvo las riendas de su institución a pesar de la cesión, y su tenacidad por asegurarle el porvenir le llevó a extremos de tensión difícilmente conciliables con la humildad-inhibición consabida.

Es un hombre que sabe lo que quiere desde el principio y escoge los medios que cree más adecuados para conseguirlo, sin precipitarse demasiado. Y dadas las experiencias que ha vivido en estos últimos quince años, casi sería absurdo que no hubiera pensado más de una vez en 'ser fundador', es decir, en transformar su Congregación secular en Congregación religiosa. Hasta hoy no había aparecido texto alguno que aludiera a estos deseos prematuros. Afortunadamente surgió el testimonio -todavía inédito- del P. Alejandro Bernardini, General de la Congregación luquesa, con quien se llevará a cabo la unión con las Escuelas Pías. En sus Crónicas manuscritas, hablando de la referida unión, escribe este párrafo interesantísimo:

'… fue cosa maravillosa que el P. Prefecto (Calasanz), ‘habiendo tenido mucho tiempo atrás deseo de formar una Religión’ con tal perfección, nos dimos cuenta de que él había ido pensando en las mismas cosas que nosotros, había tenido los mismos fines y los mismos motivos que nosotros; de donde esta conformidad de pensamiento nos dio una gran esperanza de bien. Nos movía a cada uno de nosotros el ver el mundo lleno de feísimos vicios y que sólo Italia y España, como bien decía el P. Prefecto, estaban limpias de herejías. Otras naciones eran cismáticas, otras infieles y quizá tan gran mal era producido por el sueño de los religiosos, que sigue necesariamente de muchas delicias y comodidades. Para poder domar tan horrendos monstruos era necesario tener hombres de rara virtud, acostumbrados a las fatigas, a padecer, sin interés ninguno, y que a la Apostólica tuvieran ante los ojos solamente el honor y la gloria de Dios'.[Notas 3]

No sólo, pues, había pensado en fundar una nueva Orden, sino que tenía fijas ciertas líneas de austeridad que intentará exigir a la Congregación luquesa durante la unión con ella, e impondrá luego a la suya propia. No obstante, antes de decidirse por fundar nueva Religión prefirió recurrir a otro medio, que podía bastar para dejar sólidamente establecida y con garantía de perennidad a su obra: unirse a una Congregación religiosa. Lo único que le importa es que sus Escuelas Pías sigan abiertas y tengan el futuro asegurado. El mismo impulso que le hizo subir al Capitolio pidiendo aumento de sueldo para los maestros o llamar a las puertas del Colegio Romano y de los dominicos de la Minerva, o recurrir a la Cofradía de la Doctrina Cristiana -todo en vano-, le mueve ahora a buscar una Congregación religiosa en que apoyarse. Pero no en vano han pasado una docena de años. Sus escuelas de hoy distan mucho de las de ayer, cuando nacía el nuevo siglo.

Lentamente se han ido estabilizando ciertas líneas pedagógicas y disciplinares, y a la vez aquella incipiente Venerable Congregación secular de las Escuelas Pías, a pesar de la movilidad e inconstancia de sus componentes, mantiene su carácter de corporación religiosa que configura forzosamente la educación de los alumnos.

A estas alturas, mientras busca Calasanz una Congregación religiosa en que apoyarse, mantiene todavía muy claras las ideas para escoger la que más garantías le ofrece no sólo de estabilidad y perpetuidad de su obra, sino también de fidelidad o conformidad a las líneas genuinas que definen su institución. Y antes de decidirse por la Congregación luquesa, fundada por su amigo Juan Leonardi, tuvo posibilidad de aceptar otros requerimientos -no sabemos cuáles-, que amablemente rechazó, como vuelve a informarnos el P. Bernardini en una espléndida carta, dirigida a sus religiosos, en la que les comunica la unión con las Escuelas Pías:

'Quiero… que sepan la razón por la cual el Prefecto de las Escuelas Pías [Calasanz] se decidió de todo corazón a poner este gravísimo asunto bajo el cuidado y administración de nuestra Congregación. El, que es un gran siervo de Dios, después de haber hecho y mandado hacer mucha oración, la primera vez que me encontré con él para tratar la cuestión, me dijo que esta obra [de las Escuelas Pías] había sido deseada y requerida por otros, pero él, casi sin saber el motivo, no había aceptado nunca. Habiendo acudido a él un Padre de nuestra Congregación, de la que tenía noticia desde el tiempo de Nuestro Padre [Juan Leonardi], de repente se fijó en ella y tan-fuertemente que nada le ha podido quitar jamás de la mente este pensamiento, y lo ha llevado a término con tal alegría, que es cosa de maravillarse y realmente querida por Dios. Me dijo entonces que no por otra razón se había fijado en nosotros, sino porque le parecía que en nuestra Congregación había hombres deseosos de Cristo y celosos en procurar el verdadero servicio de Dios. Este pensamiento, tenido por este santo hombre, nos estimula para aceptar este asunto con gran alacridad y corresponder a las buenas esperanzas puestas en nosotros'.[Notas 4]

En los umbrales de esta nueva época de su vida y de su obra produce una sensación de asombro oír de labios del P. Bernardini estos elogios a Calasanz, llamándole 'gran siervo de Dios' y “santo hombre”. Y aquí sí que hubiera protestado ciertamente la profunda humildad del P. Prefecto.

Notas

  1. TALENTI, ‘Vita’, p.106; F. M. BONADA, ‘Vita B. Josephi Calasanctii’, Roma 1764, t.1, p.221; TOSETTI, ‘Compendio’, p.69; TIMON-DAVID, ‘Vida’, p.114, etc.
  2. C. VILÁ, ‘Fuentes inmediatas’, p.38.
  3. A. BERNARDINI, ‘Delle croniche della congregatione delli chierici regolari della Madre di Dio’, editadas en parte en PosCas I, p.256-284. El citado párrafo corresponde a los f.34v-35 del original, omitidos en la referida edición.
  4. Cf. C. VILÁ, ‘En torno a la unión de las Escuelas Pías con los PP. de Luca’: Archivum 6 (1979) 243-244.