Nápoles (IT) Real colegio San Carlos alle Mortelle

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Mapa de la demarcación

Datos

Demarcación Nápoles

(1737-1867)

Historia

Lo fundó el P. Nicolás Severino, que había sido nombrado rector de la casa de Posilipo en 1736; la casa tenía difícil transformación para sus planes; de ahí que en 1737 creó el Colegio Real como filial de Posilipo. Lo rigió como vicerrector su amigo el P. Hermenegildo Laget hasta 1742, en que el P. Severino fue nombrado su primer rector. El colegio pronto se hizo célebre y prosperó durante más de veinte años bajo su dirección y luego bajo la del P. Nicolás Carcani. Se tuvieron muy aplaudidas academias científicas y literarias, algunas dirigidas por el P. Carcani. Tras la muerte de éste, en 1764, el colegio comenzó a decaer por falta de disciplina y de buena administración y disminuyó rápidamente el número de internos. Crecieron las deudas de forma que se pensó en la venta del edificio para pagar a los acreedores. Lo impidió el General, P. Giuria, que indujo al Provincial de Apulia, De Nobili, a pagar las deudas y a reemplazar a los napolitanos en la dirección y propiedad del colegio. El decreto correspondiente se firmó por el P. General (22-6-1767). Pero les costó mucho a los pulieses ocupar el colegio. Nombraron rector al P. Serafín Siciliano, quien restableció la disciplina y reorganizó la administración. En 1772 le sucedió el P. Venceslao Maddalena, de 34 años, que había sido antes superior del internado. Maddalena le dio fama dentro y fuera de Nápoles. Durante su gobierno y el del P. Juan Cayetano del Muscio, que lo rigieron hasta 1793, su fama creció constantemente por la disciplina ejemplar, la formación verdaderamente cristiana que se impartía, y por su alto nivel cultural.

Sus sucesores (Curtis, Fanalli, Castriota) continuaron la gloriosa tradición. Dos hechos comprueban su fama. Cuando en 1797 el Gobierno del reino quiso crear en Foggia un colegio estatal, tomó como modelo el reglamento del colegio escolapio, cuyo nombre aparece repetidas veces en los estatutos. Más tarde, en 1809, el gobierno de Murat, que se incautó de los colegios y conventos, exceptuó al Colegio Real, que continuó en manos de los escolapios. Así llegó a ser el germen del que surgió después la nueva Provincia de Nápoles. En 1823 la Provincia de Apulia cambió su nombre por el de Provincia de Nápoles, y el Colegio Real, que era la única casa escolapia de la ciudad, continuó siendo la casa provincialicia y la sede del juniorato; en ella se concentraban los mejores escolapios, sus escuelas eran muy frecuentadas, el internado numeroso y buena la disciplina. En 1831 los religiosos eran 19; en 1857, subían a 36; gloria del colegio era el riquísimo gabinete de física continuamente puesto al día gracias al P. Rafael de Verme. Logró el colegio su máximo esplendor bajo el rectorado del P. Pompeyo Vita (1845-1860). En 1850 corrió peligro de catástrofe. En efecto, el P. Vita, que era antes preceptor de los príncipes de la Real Casa, fue nombrado Provincial, y quiso conservar el cargo rectoral del colegio. No pudiendo con ambos cargos se hacía suplir por un vicerrector y, mientras estuvo con salud, las cosas marcharon bastante bien; pero, cuando en 1857 cayó en cierta locura, surgieron inconvenientes muy graves: la administración se puso caótica y la discordia dividió profundamente a los religiosos, resultando grave la situación. No es, pues, de extrañar que cuando el Gobierno italiano requisó el colegio para establecer en él escuelas estatales, los religiosos se dispersasen.

Algunos pocos, con admirable fidelidad a las Escuelas Pías, alquilaron una casa en la subida de la «Infrascata», donde continuaron escuela e internado; pero eran pocos y mal avenidos, de modo que la ruina era segura; no obstante subsistió casi un decenio. La finca veraniega del colegio fue subastada y la adquirieron los religiosos barnabitas.

Bibliografía

  • Regestum Religiosos, 6
  • Regestum General, 13-17, 160-246
  • Regestum Provincia, 10-11, 24
  • Lama, E., L’Illuminismo: en la colección I Classici della Pedagogía Italiana (Florencia 1958) 217-219

Redactor(es)

  • Giovanni Ausenda, en 1990, artículo original del DENES I