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Efemérides del 17 de marzo [Ver otros días]
«Mas como, según hemos dicho, en dicha Religión se han suscitado y siguen suscitándose graves perturbaciones, de tal manera que habrá de ser sumamente necesario y útil a la misma Religión reducirla a Congregación sin emisión de votos, a manera del instituto de los Presbíteros seculares del Oratorio erigido en la Iglesia de Sta. María in Valicella de Roma y llamado de s. Felipe Neri, de ahí es que Nos, queriendo por nuestro deber pastoral atender a la tranquilidad de dicha Religión cuanto en el Señor nos es posible, y habiendo contado con el consejo de algunos de nuestro venerables Hermanos Cardenales de la Santa Romana Iglesia, y de algunos prelados de la Curia, de propia iniciativa, ciencia cierta, madura deliberación, y con la plenitud de nuestra potestad Apostólica, damos y concedemos a todos y cada uno de los religiosos de dicha Religión, tanto sacerdotes como operarios, la facultad de pasar a cualquier otra Religión, aprobada por esta Sede Apostólica, aunque sea más laxa, en la cual encuentren benévolo receptor. Además prohibimos para en adelante que se reciba a nadie en dicha Religión, y que los novicios ya admitidos emitan profesión alguna, bajo pena de nulidad al arbitrio de los Romanos Pontífices. Así mismo sometemos a todos y cada uno de los religiosos de dicha Religión, sus casas, escuelas y edificios cualesquiera a la jurisdicción de los Ordinarios del lugar en que se encuentren. Quitamos tanto a nuestro querido hijo José Calasanz llamado de la Madre de Dios, antiguo Ministro General y Fundador de la Religión, cuanto a los demás de autoridad apostólica Visitadores y Superiores designados, a los Ministros de las casas y a los demás inferiores, toda facultad, superioridad y jurisdicción tanto espiritual como temporal sobre dicha Religión; y la transferimos totalmente a los Ordinarios de los lugares; de modo que no puedan aquéllos arrogarse ninguna jurisdicción, autoridad o superioridad como no sea por éstos confiada o delegada...». Terminada la lectura, en medio de un silencio sepulcral y embarazoso se oyó la voz del p. José que repetía las palabras de Job: «El Señor nos lo dio; el Señor nos lo quitó. Como plugo al Señor, así se hizo. Bendito sea su nombre». Se dirigió a su habitación, y en medio de una paz increíble, aún pudo acabar la carta que hemos visto hoy en segundo lugar. ¡Paz a los Santos!
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Textos de Calasanz del 17 de marzo [Ver otros días]
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