General33/La vida de las Provincias

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La vida de las Provincias

Según el Catálogo de 1909, esta era la situación de la Orden en aquella fecha:

Provincia Casas Sacerd. Junio. Nov. Herm. Total Rel Alumnos


Romana 10 44 14 10 7 75 1845


Liguria 8 72 19 8 13 112 2305


Nápoles 3 17 4 3 3 27 390


Toscana 8 59 19 9 6 93 2249


Bohemia 11 44 - - - 44 626


Polonia 1 6 5 16 2 29 75


Hungría 24 264 129 - - 393 7585


Cataluña 21 280 60 44 94 478 6572


Aragón 20 235 31 20 77 363 5677


Austria 5 29 - - - 29 250


Castilla 15 226 61 23 41 371 6329


Valencia 7 94 23 12 38 167 3090


TOTAL 133 2180 38345


Según estos datos, las Provincias españolas (con sus dos viceprovincias americanas) contaban con, aproximadamente, el 47% de las casas, el 63 % de los religiosos y el 56% de los alumnos de la Orden. La provincia de Hungría tenía más alumnos que todas las restantes juntas (excluidas las españolas), y tantos religiosos como todas ellas. Las provincias que se encontraban en una situación más apurada era Austria y Bohemia, casi sin esperanza al no tener jóvenes. La situación de Nápoles era también delicada; y la de la Romana no era mucho mejor: sus cifras son engañosas. Liguria estaba creciendo, y Toscana aguantaba el tipo. La Provincia de Polonia comenzaba a alzarse, poco a poco.

Veamos algunos aspectos más detallados de la vida de las diversas regiones de la Orden.

Italia

El P. Manuel Sánchez quería conocer personalmente las casas de Italia, y para ello intimó una visita General a las mismas, antes de hacer otra a las Provincias españolas. Para las Provincias centroeuropeas le falto salud y tiempo. Al final de su visita a Italia, escribió una circular, que transcribimos[Notas 1].

A los M. RR. PP. Provinciales, RR. PP. Rectores y Religiosos, la salud en el Señor.

Deseoso de conocer estas Provincias, que nacieron con nuestro Instituto y en cuya creación y mantenimiento ejerció nuestro Sto. Padre todas las virtudes hasta el punto del heroísmo y la santidad, dimos principio a la Santa Visita en febrero último, y la terminamos en junio de este año.

Dos sentimientos opuestos experimentamos durante la mismo; uno de tristeza y otro de gran satisfacción. La desaparición de algunas de nuestras provincias; Apulia, Sicilia, Cerdeña; el estado de lamentable escasez de algunas otras de las que han quedado, la dispersión del personal, el cierre de colegios en muchas de ellas; y además la consideración de las causas de tales catástrofes, de todos conocidas, las leyes vigentes, que hacen muy difícil nuestra regeneración e impiden nuestro crecimiento, nos han llenado el corazón de amargura; y desde este punto de vista podemos decir que nuestro viaje fue el de un ciudadano reconociendo su patria después de la invasión de gente extranjera, encontrando a cada paso ruinas, catástrofes, desgracias y la sumisión forzosa al infame yugo de las leyes del conquistador.

El espíritu realmente calasancio, que hemos encontrado en los colegios que sobreviven a la catástrofe; los sacrificios que se han impuesto nuestros religiosos para hacer frente a los obstáculos de la legislación vigente, viendo que incluso septuagenarios trabajan con celo juvenil; las muchas privaciones, a que han ido sujetos, y que han soportado heroicamente; el amor verdaderamente filial con que fuimos recibidos por los nuestros; la simpatía y el afecto que incluso extraños nos han mostrado reverentemente, son cosas que nos han ofrecido una compensación muy grata frente a la muy dolorosa impresión. Pero está claro que las dificultades, las tristes circunstancias que sufrió y sigue todavía sufriendo nuestro Instituto, ha sacudido bastante la disciplina regular y es por lo tanto una urgente necesidad repararla mediante la imposición de nuevos y meritísimos sacrificios.

No olviden, mis queridos Padres y Hermanos, que “Nisi Dominus aedificaverit domum, en vanum laboraverunt, qui aedificavit eam”[Notas 2] y aquella otra: “Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilant qui custodiunt eam”[Notas 3]. La reconstrucción y reparación de nuestras Casas destruidas o están relajadas debe hacerse sobre la base sólida de su instalación original, es decir, sobre la observancia de nuestras santas Constituciones, tanto en la esencia de nuestros votos, como en el ejercicio de nuestras reglas. Con esto habremos puesto en nuestras Casas y en nuestras almas la parte primera y principalísima de la verdadera vida religiosa: la Piedad; y con este hermoso ordenamiento de nuestro espíritu, con el que habremos dado al Señor una prueba de la fidelidad a nuestros juramentos, progresaremos fácilmente en los conocimientos literarios y científicos, y podemos dar cumplimiento a la segunda parte: las Letras. "Nemo dat quod non habet”[Notas 4]. Si no somos piadosos, no podemos enseñar la piedad; si no somos instruidos, no podemos enseñar las ciencias y las letras.

El bello ideal de la vida religiosa, en lo que se refiere a la pobreza, es el ideal de vida común, que libera a los religiosos de cada tormenta de cuidado. Pío X, restaurador de todas las cosas en Cristo, quiere llegar a este ideal; lo quieren los buenos religiosos y lo queremos también nosotros. Mientras el Religioso sea propietario, bajo el título engañoso de peculio tolerado, o con la ocultación pecaminosa al superior, no andará bien la vida espiritual y temporal de los Colegios, ni el religioso podrá seguir el camino iniciado de la perfección.

No somos Ángeles; y sobre nosotros gravita con enorme peso el fomes peccati[Notas 5]. Pero con el amor a la pobreza, con el amor al retiro, con el amor a la oración y, en una palabra, con el uso de los medios que ponen a nuestra disposición la Orden, la Iglesia y nuestros santos constituciones y apoyados por el poder y virtud de los votos, podemos lograr esa castidad y hacernos, si no iguales, similares a ellos, como lo han logrado tantos Hermanos venerables que nos precedieron en el ejercicio de los deberes de nuestro estado.

El Religioso pobre y el Religioso casto y humilde fácilmente somete su voluntad a la de la superior mediante el voto de Obediencia; y está dispuesto a cumplirlo siempre y en todas partes, sin el impedimento de la riqueza y el deseo de poseerla, y libre además de los afectos familiares, a los que renunció para seguir a Jesucristo en el camino de la perfección religiosa.

Un cuarto voto, el de enseñar, completa y caracteriza al Religioso escolapio; queriendo con esto quiere decir que el voto de enseñar conlleva implícitamente el de aprender, de modo que la ocupación constante del escolapio deben ser la oración, el estudio, la enseñanza. Nuestro Instituto por su carácter especial no debe ceder a ningún otro la supremacía en todo lo relativo a la enseñanza; y familiares, por lo tanto, deben ser al escolapio los sistemas, los métodos, y progresos antiguos y modernos, y de la Escuela Pía debe ser la última palabra del progreso en el arte de educar y de instruir. Durante el curso de los estudios debe el religioso ponerse en condiciones de cumplir el voto de Enseñar según el mandato del superior; y una vez terminados, ampliarlos y dominar el tema o temas a cuya enseñanza es destinado.

No dudemos, mis queridos Padres y Hermanos que el Señor edificará y reedificará nuestras Casas y Familias Religiosas; y que, con la observancia de nuestras reglas por parte nuestra, Él será el su Custodio. Por lo tanto, con el fin de secundar la acción de la Providencia divina para con nuestro Instituto, en cuanto a nosotros se refiere, confiando en que nuestros Religiosos, superiores y súbditos, nos darán su valioso apoyo, disponemos de acuerdo con nuestro Congregación General y por las presentes disponemos cuanto sigue:

1.Los M. RR. PP. Provinciales tendrán más interés en encontrar vocaciones para nuestro Instituto, teniendo cuidado de fomentarlas y animarlas con la observancia regular y buen ejemplo.
2.Los M. RR. PP. Provinciales, Rectores y Maestros de Novicios procurarán la más estricta observancia de las Bulas Apostólicas sobre la educación religiosa de los novicios y recién profesos, si queremos que nuestras Casas vuelvan al prístino esplendor; y tendrán en cuenta las insistentes recomendaciones del último Capítulo General acerca del cuidado y la educación religiosa de nuestros Jóvenes.
3.Con gran pesar hemos observado en algunas Casas, que, al cierre de las escuelas, después de haber completado el curso, si no del todo, en gran medida, el cierre del oratorio doméstico, es decir, el abandono de la oración de la mañana y de la tarde. Esto es un abuso que no puede tolerarse; y por lo tanto mando que durante todas las estaciones del año se hagan las horas de oración que indican nuestras Reglas; dejando a la prudencia de los superiores la dispensar alguna vez de esos actos, teniendo siempre en cuenta lo que nuestras Constituciones dicen: “Ne praetextu dispensationum abusus irrepant”[Notas 6] (Pág. 157. §. 15. de Minist. Gener.).
4.Nuestros jóvenes que están haciendo el servicio militar, y residen en una ciudad donde tenemos Colegio, deben presentarse al Superior con la mayor frecuencia posible, para dar cuenta de su conciencia y para recibir consejos saludables que neutralicen la perniciosa influencia del cuartel. Si residen donde no hay Colegio nuestro, deben ir a menudo a la Curia Episcopal o al Párroco, para disfrutar de los mismos beneficios espirituales; teniendo cuidado de enviar, por lo menos trimestralmente, al Padre Provincial el certificado de aquella autoridad sobre su buena conducta.
5.Recordamos lo que fue mandado por el Capítulo General de 1898, que los Nuestros no deben de ninguna manera ir dando vueltas para celebrar Misas u oficios sagrados en otras iglesias u oratorios privados o públicos, salvo en los casos en que, toties quoties, los superiores lo crean conveniente en el Señor.
6.Prohibimos absolutamente que se adquieran y se lean periódicos o revistas abiertamente hostiles a la Religión y la Iglesia Católica.
7.Recordamos a todos lo que nuestras Constituciones mandan, a saber, que los religiosos no pueden confesarse más que religiosos de nuestro Instituto, aprobados por el Padre General y el P. Provincial; siendo no sólo ilícita, sino inválida y sacrílega, la confesión con confesores extraños, por la desobediencia que cometería el individuo, y por la falta de jurisdicción de quien le absolviese. Actúen, pues, de tal modo los PP. Provinciales que en cada Colegio no falten nunca confesores nuestros; incluso esfuércense para que nuestros sacerdotes sean capaces de recibir el oficio delicadísimo de confesores, no sólo para los nuestros sino también para aquellos que asisten a nuestras iglesias.
8.Recordamos también a los PP. Rectores que en las vísperas de las siete fiestas de María Santísima se haga ayuno, y por la tarde se canten las letanías con la bendición de la Santa Reliquia; y luego se marquen las fiestas citadas con la Misa cantada por la mañana y con el canto de las Letanía y con la bendición por la tarde.
9.Las pensiones que el gobierno concede a los religiosos suprimidos, los salarios que los mismos reciben como directores de Colegio, Profesores, Maestros y Jubilados, deben ser todos entregados a la Caja de la comunidad; y en el caso de que algún religioso se apropie de ello, entienda que será como propietario y como tal estará sujeto a las penas canónicas que imponen las Bulas Apostólicas contra los religiosos propietarios.
10.La administración de nuestras Casas debe hacerse según lo prescrito en la Bulas Apostólicas y como dejamos ordenado durante la visita en el libro de Secretaria de cada Colegio.
11.Los PP. Provinciales procuren que, como la forma, también el tejido de las sotanas y manteos sean, según las Constituciones, iguales para todos, prohibiendo absolutamente cualquier innovación, cómo el uso de terciopelo en el cuello o el orleáns u otros materiales de color demasiado morado, que no convienen a los Clérigos Pobres de la Madre de Dios.
12.Recuerden los mismos a menudo a sus súbditos el 4 º capítulo de la 1ª parte de nuestras Constituciones: Apartamiento del mundo, y los capítulos 3° y 4° de la 2ª parte: Sobre la Castidad y Sobre otros medios de conservar la Castidad; no olvidando que incluso por Bulas Pontificias está prohibido que los religiosos salgan de casa sin el permiso del superior y sin el compañero asignado.
13.Bajo ningún pretexto permitan que los niños vayan a las habitaciones de los Religiosos, puesto que en cada casa hay un salón para recibir lo mismo a los citados que a sus padres y en general a todos los seglares.
14.Recomendamos con toda nuestra fuerza la caridad recíproca, siendo todos hijos del mismo Padre y tendiendo todos hacia el mismo objetivo; y evitemos en todos los sentidos hablar con extraños de nuestras cosas, especialmente de nuestros hermanos en desdoro de los mismos.
15.Tengamos siempre presente la promesa que hicimos a Dios, al vestir a nuestro santo hábito, de entregarnos a la escuela y al lugar que el superior nos asigne; sin olvidar que esta promesa la confirmamos al emitir el voto de obediencia, por el cual hemos renunciado a nuestra voluntad. Sin el cumplimiento de este voto es imposible el buen progreso y la prosperidad de nuestro Instituto. Por lo tanto, con todo nuestro ardor recomendamos la observancia de este voto, tanto en las cosas que son para nuestra satisfacción como en las que parecen adversas.
16.Es bueno recordar que cuando un religioso tiene que ausentarse del colegio desde la mañana hasta la noche, corresponde al padre Rector darle la autorización; si debe permanecer fuera, corresponde al P. Provincial si se queda en su Provincia; si tiene que salir de su Provincia o nación, le corresponde únicamente al Padre General. En el segundo caso debe contarse con la autorización del P. Rector; en el tercero, la del P. Provincial.

En fin, mis queridos Padres y Hermanos, observamos todos con la mayor exactitud las Bulas Apostólicas y nuestras santas Constituciones; seamos fieles observantes de nuestras reglas, si queremos la verdadera restauración y esplendor primero de nuestro Instituto, cuya acción religioso-social es hoy más necesaria que nunca.

La ignorancia de la religión por las generaciones actuales es la causa de los males de los que está atormentada la sociedad hoy en día, y de la injusta persecución que sufre la Iglesia Católica. Enseñemos, pues, teórica y prácticamente la doctrina cristiana a los ricos y a los pobres y ellos conocerán sus deberes para con Dios y los derechos y obligaciones para consigo mismos; y en el cumplimiento de estos deberes y en el mutuo respeto de estos derechos lograremos todos la felicidad relativa en esta vida y la absoluta y eterna en la vida futura.

Y para que nuestra acción en tales enseñanzas sea eficaz, debemos purificar nuestras almas en estos días santos del próximo Adviento, para recibir en ellos a nuestro Divino Redentor y pedirle que ilumine nuestras mentes e inflame nuestros corazones con el fuego del Amor divino.

Seamos también devotos de la gran Reina de las Escuelas Pías, María Inmaculada, Patrona de nuestro Instituto: amémosla con amor ardiente, e imploremos su ayuda maternal; y no dudemos que con esto y con el cuidado paternal de nuestro Sto. Padre por su obra y por sus hijos, vamos a seguir cumpliendo nuestra misión en esta tierra, para recibir en el cielo la corona prometida a los valientes.

Jesucristo nuestro Señor, la Reina de las Escuelas Pías, nuestro Sto. Padre y nuestro Beato Pompilio, aumenten nuestra piedad y espíritu de sacrificio; y os bendigan, al igual que en su nombre y de todo corazón Nos os bendecimos.

Fechada, firmada y sellada con el sello de nuestra oficina y refrendada por nuestro secretario infrascrito, en nuestra casa de San José de Calasanz.

MANUEL SANCHEZ DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES.

Superior General.

Romana

La Provincia Romana sigue durante todo el periodo su recorrido atormentado, falta de auténticos líderes que la lleven adelante, y en una situación un tanto equívoca en cuanto a su autonomía con respecto al P. General y a la Santa Sede. Curiosamente, en este periodo se intentan varias nuevas fundaciones. Una de ellas impuesta por el mismo Papa: la de Subiaco.

Pío X quiso que las Escuelas Pías se encargaran de la dirección del seminario-gimnasio pontifico de Subiaco en 1907. La Congregación General toma nota de la petición de tres sacerdotes por parte del Papa, y aunque ven muchas dificultades, no pueden desobedecer al Papa[Notas 7]. La Provincia Romana asume la dirección, pero como carecen de personal suficiente, la Congregación General pide ayuda a las Provincias de Liguria y Toscana[Notas 8]. La Congregación General decide, vistos los problemas de todo tipo, que la fundación pase a depender directamente del P. General[Notas 9]. Existen problemas con los profesores y con el rector, P. Gaetano Ramacciotti. La crisis se resuelve con el cambio de algunos profesores y del rector. Se nombra nuevo rector al P. Antonio Sumalla, de la Provincia de Cataluña, que había tenido dificultades en Cuba y es agregado a la Provincia Romana. Bajo su rectorado la casa funcionó bien, hasta 1915, en que un terremoto la destruyó completamente. El P. Sumalla regresó a Cataluña.

Los escolapios de Toscana habían tenido una casa en Castiglione Fiorentino desde 1654 hasta 1870. En 1907 un canónigo, D. Federico Zanganelli, les ofrece una fundación en la ciudad. La Congregación General trata el asunto, y decide que se consulte a la Provincia Romana[Notas 10]. La cosa parece prometedora, y la Congregación General aprueba la fundación[Notas 11]. El P. Egidio Bertolotti, Asistente General, va a visitar la casa, donde se están haciendo obras (de momento viven en una casa alquilada, con novicios y juniores). No pueden comprar la antigua casa, pero están dispuestos a tomarla si se la ofrecen gratis[Notas 12].

La gente les aprecia, el Obispo de Arezzo está contento… pero las cosas comienzan a torcerse. En parte porque la persona que envían como rector, el P. Gaetano Ramacciotti, comienza a dar que hablar con su conducta inadecuada. Y sobre todo porque el canónigo no cumple su palabra. A finales de 1908 los problemas son graves; y la Congregación General decide cerrar la casa[Notas 13]. Los novicios con su maestro pasan al Calasanz de Roma, provisionalmente. La gente lamenta que se vayan los escolapios[Notas 14]. Les ofrecen ayuda en especie, una casa para escuela, pedir al Papa que les confíe una iglesia… pero los escolapios, escarmentados por las promesas no cumplidas, se van y no vuelven.

Tampoco resultó la vuelta a Urbino, donde los escolapios había tenido colegio dese 1686 hasta 1884, año en que fueron expulsados por el Municipio. En esta ocasión es el Arzobispo quien les invita para ejercer diversas actividades, poniendo a su disposición en caserón. La Congregación General aprueba la fundación de Urbino, a cargo de la Provincia Romana, el 6 de agosto de 1807[Notas 15]. Al frente de la misma se encuentra el P. Tito Q. Bianchini, de Nápoles, que había formado parte de la última comunidad de Pompei. Envían también a tres juniores, que harán sus estudios pedagógicos en la normal de Urbino, y a otro sacerdote, José Calasanz Caponio, también de Nápoles, que será su maestro. Poco después de llegar, el P. Bianchini escribe al P. General un tanto desconcertado: no sabe aún para qué han venido: dicen que para encargarse del oratorio festivo, dar clase de religión a los jóvenes, internado, oficinas… La casa que les han dejado amenaza ruina. Pocas habitaciones, sin luz. No hay capilla, lavabos… tienen que hacer obras. Es dinero tirado. No hay locales para el oratorio con los muchachos. No sabe de qué vivirán. Y necesitan dinero. El alcalde es el mismo que expulsó a los escolapios; no pueden contar con él. Le pide que vea con el Provincial qué hacer. “Aquí estamos peor que en Pompei. Allí al menos se podía vivir y sabíamos qué teníamos que hacer”[Notas 16]. En una carta posterior insiste en los inconvenientes: está disgustado por las clases que les quieren hacer dar a los seminaristas. No se puede lograr aquello para lo que vinieron. Los juniores están mal. No se puede tener a 3 en una habitación. En frente viven muchachas, que está curioseando todo el día. Hay mucha humedad en las habitaciones; el obispo les ha dicho que vayan a dormir a su palacio, pero ¿cómo ir de noche y volver de madrugada, con el hielo y la nieve? A los juniores les exigen que se quiten la sotana en la clase de gimnasia. Tendrán que comprarse un uniforme…[Notas 17]

El Arzobispo de Urbino escribe agradecido. Les propone que compren o alquilen el palacio Albani, que la familia quiere dejar, para que no lo compre el municipio. Ha confiado la dirección espiritual de seminario a Bianchini; a Caponio, las clases de ciencias[Notas 18]. El P. Caponio, encargado de los juniores, dice que no se portan bien. Sería mejor no tenerlos aquí, en una escuela normal llevada por masones[Notas 19]. Viendo todos estos inconvenientes, la Congregación general decide abandonar definitivamente Urbino en 1908[Notas 20].

En cuanto a las demás casas, siguen más o menos con los problemas de costumbre. En Alatri estuvo un año como director su paisano el P. Luigi Pietrobono, pero en 1906 fue destinado de nuevo al Nazareno. El Alcalde le escribe una carta, diciéndole que se sienten honrados con su nombramiento, pero ahora necesitan alguien con una mano firme y nombre conocido que le sustituya[Notas 21]. No es fácil conseguir esa persona. Llega el P. Domenico Sciarra, de Liguria, que seguirá como rector hasta 1934. El P. Sciarra alerta de la situación del colegio: Aquí, y fuera, se da como seguro que los escolapios se van a ir de este colegio. Dos padres de internos me han escrito a propósito. Desean que se les avise cuanto antes, para tomar medidas con respecto a sus hijos.[Notas 22]

Es director del colegio, durante unos años, el P. Domenico Mossetti, de Toscana. Cada vez hay menos religiosos que den clase y se ocupen del internado, está exasperado, por lo que presenta su dimisión y se vuelve a su provincia toscana[Notas 23]. Tampoco los alumnos están contentos: escriben un anónimo amenazador quejándose de lo mal que van las cosas. Piden que se cambien al menos tres de los religiosos, o de lo contrario se vengarán[Notas 24].

En Poli el superior es el P. Giuseppe Pusino. También allí tienen los problemas habituales: normalmente son enviados religiosos que causan problemas en otros lugares. A veces el municipio no acepta al maestro enviado, y amenazan con contratar un maestro seglar. El P. Pusino escribe quejándose: eso sería un desastre, pues con solo dos estipendios no se puede vivir, y además sería un problema tener que albergar un maestro seglar en casa, sobre todo si venía con familia[Notas 25]. La misma situación se repite tres años más tarde: el municipio ha decidido contratar un maestro seglar antes que al escolapio propuesto. Y dice que, si el seglar viene a vivir en casa, él se irá, pues quiere vivir como religioso; pide al P. General que arregle la cosa[Notas 26]. El P. General le responde que esos problemas debía planteárselos al P. Provincial. Y que puede decir a los amigos de Poli que, si les obligan a acoger a un maestro seglar en la casa, los superiores están dispuestos a retirar los escolapios de Poli.[Notas 27] Tampoco esta vez llegó el agua al río.

La Casa San José de Calasanz de la Vía Toscana, sede de la Curia General, había sido comprada entre la Caja de la Orden y la Provincia Romana. Al oír los rumores de la posible expropiación, los romanos se mostraron favorables a deshacerse de ella, pues al fin y al cabo no les reportaban ninguna utilidad. Así que en 1910 Benedetto Benedetti, Provincial, pide aceptar una hipoteca de 125.000 L sobre la casa, pues necesitaban dinero para cubrir los gastos ordinarios[Notas 28]. Poco después cambian de opinión, y piensan que mejor que hipotecarla, es vender la casa, y así se evita el riesgo de que se la quiten. Además, según la ley italiana, los herederos de los religiosos son sus familiares, por lo que existe el peligro de que al morir los teóricos propietarios de la misma, tengan dificultades[Notas 29]. La Congregación se opone primero a la idea de la hipoteca (pues se debe pagar un alto interés a cambio del préstamo recibido). Por lo demás, se va abriendo paso la idea de desprenderse de esta casa, en la que tantas ilusiones había puesto el P. Ricci. Su venta se consumará unos años más tarde.

También en Rieti hay problemas. Allí sigue como párroco, desde los años de la supresión, el P. Gaetano Bonuccelli, ya muy mayor. Pide que le envíen alguna ayuda personal[Notas 30]. Le envían un joven enfermizo, el P. Domenico Galiero, de Nápoles. Pero al poco tiempo de llegar pide que lo saquen de allí: no puede dormir de miedo a los muertos que depositan en la iglesia[Notas 31]. No puede ir a visitar a los moribundos. Además la casa tiene muchas deudas; un ujier se presentó a confiscar algunos muebles, y teme que le confisquen su maleta y su sombrero, los únicos bienes que posee[Notas 32]. Pide que lo manden a Bellavista. al final el mismo P. Bonuccelli pide que le saquen de allí aquel inútil, que ni quiere visitar a los enfermos, ni ocuparse de los muertos, y además se queja de la comida[Notas 33]. El P. Bonuccelli, cargado en años, falleció un año después.

El P. Pietrobono había tenido ya dificultades con los superiores a casusa de su talante liberal. Eso motivó su salida del Nazareno en 1905. Vuelto al colegio en 1905, las dificultades no cesaron, hasta que al final presenta su dimisión como rector, y pide además que le permitan vivir fuera de comunidad. Considera que después de 25 años al servicio de la Orden sigue habiendo gente que le odia (y da a entender que quien está detrás de todo es el P. Mistrangelo). Pide que le dejen vivir en paz, y así saldrá la oveja que contamina el rebaño[Notas 34]. Escribiendo al P. General para devolverle la patente de rector, le dice[Notas 35]:

No tengo palabras para expresar la gratitud que siento hacia V.P. Rvma. Después de cuanto me ha acontecido durante los años precedentes, el hecho de que V.P. me confiara la dirección de este Colegio, sin apenas conocerme, es de los que no se olvidan. Dios lo reconocerá como una de las cosas más nobles de su vida, que tantos actos de nobleza tiene. Pero ahora yo, por mil razones cada una más grave que las demás, debo dejar a otro este puesto, y le ruego que se ahorre la pena de insistir para que siga. Es un bien para el Instituto, para la Orden y para mí, el que yo me vaya.

Por suerte para él y para las Escuelas Pías (y en especial para el Colegio Nazareno), también está crisis se resolvió.

Hemos hablado ya de la falta de liderazgo en la Provincia. En los últimos años habían tenido que buscar superiores no romanos: el P. Calasanz Homs (1901-1904); el P. Vito O. Angelini había sido superior de 1904 a 1906, pero en este año tuvieron que echar mano de un escolapio toscano, el P. Zanobi Baisi. Fallecido este en 1908, se planteó una nueva crisis: la congregación General insistió al P. Raffaele Cianfrocca para que aceptara el cargo de Delegado General para dirigir la provincia, pero este se negó una y otra vez. Escribió al P. General[Notas 36]: Agradezco de corazón el encargo honorífico de Delegado general para la provincia Romana, que se ha dignado concederme, pero lamento mucho decirle que de ningún modo puedo aceptarlo, y formalmente y por razones de conciencia renuncio a él, pues actualmente no me lo permiten las fuerzas morales y físicas, oprimidas por el trabajo ininterrumpido de cuarenta y cinco años en los varios y espinosos cargos de la Orden que he tenido hasta ayer, además de por otras graves razones que he expuesto claramente en la Congregación General. Deme, pues, por excusado.

El P. Cianfrocca había sido la mano derecha de varios Generales, y, de hecho, en él pensaba el P. Sánchez como Vicario General cuando dejaba Roma para realizar alguna visita canónica. ¿Por qué, entonces, el P. General no pensó en él como Vicario General para sucederle a su muerte, sino en el P. Egidio Bertolotti, a pesar de que este se encontraba desde hacía tiempo en Florencia, como hombre de confianza del Arzobispo Mistrangelo? Quizás porque Bertolotti era más joven (cinco años: tenía 59 al suceder a Sánchez); quizás porque tenía mejor salud; quizás porque había visto en él más disposición para aceptar encargos difíciles, como cuando le pidió que fuera Delegado General para la Provincia de Nápoles en 1910.

En cualquier caso, al rechazar el encargo el P. Cianfrocca, tuvieron que volver a tomar como Provincial al P. Vito O. Angelini en 1908. Por muy poco tiempo, porque al año siguiente pidieron que aceptara el cargo el P. Benedetto Benedetti, que aceptó con dos condiciones: la primera, que le permitiera vivir en Via Toscana, pues no aguantaría vivir en San Pantaleo, encerrado entre cuatro paredes; la segunda, que nombraran Asistente al P. Pietrobono[Notas 37]. La primera puede que la consiguiera, aunque ya hemos visto que muy pronto quiso vender la casa; en cuanto a la segunda, ya sabemos la crisis que llevó al P. Pietrobono a pedir la exclaustración. En todo caso, el P. Benedetti siguió en el cargo hasta 1913.

Liguria

Durante este periodo (1904-1911) el Provincial de Liguria es el P. Giovanni Battista Tenti, un hombre inteligente y animoso que emprende y acompaña varias iniciativas que contribuyen a la consolidación y crecimiento de la Provincia. El tremendo dinamismo de la provincia se percibe en una carta que el P. Tenti escribe al P. General, diciendo que no puede prestar dinero a Nápoles, pues llevan muchos proyectos en marcha[Notas 38]. Le dice que está en Savona, transfiriendo el colegio a Monturbano. Se alegra de que hayan aceptado sus condiciones puestas al municipio de Savona. Lamentándolo, no pueden prestar dinero a Nápoles porque tienen muchos gastos: en Savona, han prestado 200.000 al municipio (para que hagan la carretera que sube hasta Monturbano), y tendrán que gastar otras 100.000 arreglando el edificio. Ampliar Cornigliano les exige otras 100.000; además han comprado una casa en medio (para las Calasancias) por 39.000. Van a prestar 80.000 a Ovada; tienen que mantener los gastos del noviciado, con 40 personas; pagar salarios a muchos profesores seglares… Otras provincias escolapias con menos agobios podrán ayudar a Nápoles.

Estaban además las dos nuevas casas de Chiavari. en Chiavari existía desde antiguo un magnífico colegio, que funcionaba bien. Quizás por eso pidieron a los escolapios que se hicieran cargo de dos obras nuevas. Uno era el Instituto Assaroti, para sordomudos. Explica el P. Tenti al P. General[Notas 39]:

En Chiavari tenemos el Instituto de Sordomudos fundado por Assarotti[Notas 40], quien dejó por escrito en su testamento que la dirección del instituto y la enseñanza se confiasen a los PP. de las escuelas Pías, y, a falta de ellos, a alguna otra congregación religiosa o a sacerdotes seglares. Nuestro P. Revelli (de f.m.) ya fue Director y profesor den dicho instituto, y en tiempos más recientes, nuestros religiosos de Toscana estuvieron a cargo de la enseñanza. En la actualidad, por falta de religiosos, dirige el instituto un buen seglar, que fue novicio nuestro en Toscana, cierto Sr. Landi.

La administración actual me pide ahora un capellán con la intención de darnos después también la dirección de la enseñanza. Si V.P. me lo permite, enviaría de buena gana al P. Kalman, que está de comunidad en Chiavari y no hace nada; lo dejaría en el instituto día y noche, con obligación incluso de dar clases y vigilar a aquellos muchachos. Más adelante enviaría también algún otro joven religioso para aprender el método y prepararlo al examen de patente. Pido esto porque sé que otras congregaciones intentan quedarse el colegio.

En 1907 los escolapios se hicieron cargo de la dirección del Instituto; la comunidad fue erigida en 1909. Por las mismas fechas, el Obispo Vinelli de Chiavari pidió a los escolapios que se hicieran cargo de una obra para educar artesanos, creada con un fondo dejado por el Canónigo Bancalari, y que se encontraba frente por frente con el Instituto Assarotti. Así lo cuenta el P. Tenti al P. General[Notas 41]:

Como habrá oído del P. Bertolotti su Asistente, la Administración de la Obra Pías “Hospicio Bancalari para los Aprendices” de esta ciudad deseaba, hace ya tiempo, confiarnos la dirección interna del Instituto. Me escribieron sobre ello el P. Rector y el Obispo de allí, y yo vine para tratar el asunto personalmente. Hoy yo y los componentes de la citada Administración nos hemos reunido en el obispado, y en presencia de Mgr. se ha tomado el siguiente acuerdo: la Administración concede alojamiento, mobiliario y comida a cuatro religiosos, a saber, un sacerdote como director y otro como vicerrector, y dos clérigos como prefectos. Al director le dará una paga anual de 1610 L. con este dinero deberán contratar un cocinero y dos personas de servicio, y ello costaría alrededor de 660 L. Este gasto para salarios podrá disminuir en el caso de que se puedan tener tres hermanas calasancias. En el nuevo edificio del Instituto hay un apartamento cómodo para las hermanas.

Se ha fijado para primeros de abril el paso de los jóvenes aprendices al nuevo local, y para entonces deberá encontrarse allí el nuevo personal directivo.

Las condiciones me parecen justas y aceptables, y en consecuencia pido a V.P. que me autorice a aceptar. En este caso le ruego me permita reclamar a esta Provincia al P. Tito Bianchini, que podrá ser director, y tal vez reclamar al mismo tiempo al P. Francesco Anziano, que se encuentra en Empoli. Para los demás yo puedo proveer sin desarreglar las actuales comunidades religiosas. Le ruego me responda.

La Congregación General aprueba la aceptación del Hospicio Bancalari, pero con un contrato claro[Notas 42]. Un poco más tarde aprueba también oficialmente la aceptación del colegio para sordomudos[Notas 43]. Al acercarse el tiempo de los Capítulos, el P. Nicolò Civalleri, presidente del Instituto Bancalari, pide que, tanto a él como al P. Lorenzo Berta, presidente de la casa de los sordomudos, se les conceda el derecho de asistir al Capítulo Provincial. A continuación copia el reglamento con la relación entre las dos casas y el colegio de Chiavari, establecido por el P. Provincial[Notas 44]:

1)Los dos institutos están unidos moralmente al Colegio Della Torre, y los religiosos intervienen en los Capítulos que se celebran en él.
2)Los Directores, que son también Vicerrectores, dependen del P. Provincial, y reciben directamente de él las órdenes. Por tanto, para cualquier necesidad del Instituto y de los religiosos deben dirigirse al Provincial.
3)Los religiosos de ambos Institutos dependen en todo del respectivo Vicerrector.
4)En los dos Institutos deben hacerse aquellos ejercicios de piedad y prácticas y lecturas que se suelen hacer en nuestras Casas.
5)En Navidad y Pascua los religiosos harán la renovación de votos en la capilla del Instituto propio, y será presidida por el P. Provincial y, en su ausencia, por el P. Vicerrector.
6)Las Circulares del Rmo. P. General y del P. Provincial se enviarán en un único ejemplar al Rector del Colegio, quien las transmitirá para su lectura a los Institutos.
7)El Director de cada Instituto tiene un libro para la administración, en el cual anota entradas y salidas. La visita y aprobación del libro está reservada al P. Provincial, quien puede encargar, para su verificación, a una persona de su confianza. El superávit resultante en ambos institutos pasará semestralmente a la Caja provincial para los gastos de los juniores.
8)Los religiosos celebran a intención del P. Provincial, y todos los meses el director transmitirá al Provincial la nota de las misas celebradas, después de haberlas anotado en el libro de3stinado para ello. Si algún religioso va a celebrar fuera del Instituto, entregue al Director la limosna recibida, la cual, cada semestre, será enviada al P. Provincial.
9)Solamente el Director tendrá comunicación con las Hermanas que están al servicio del Instituto, y en su ausencia, el Subdirector.

10)Para los nombramientos, el P. Provincial se pondrá en contacto directamente con las Administraciones, o bien por medio de los Directores.

Chiavari, 1 enero 1909. Giovanni Battista Tenti, Provincial.

La respuesta de la Congregación General es: Las casas nuevas de Chiavari se consideren filiales de la principal[Notas 45].

La Provincia de Génova se había hecho cargo generosamente en 1903 de la nueva fundación de Oristano en Cerdeña. Pero el lugar no ofrecía muy buenas condiciones para vivir, así que pensaron trasladar la casa a Santulussurgiu, otra ciudad en la que los escolapios habían tenido un colegio antes de 1866. Es el P. Tenti quien pide permiso para trasladar la fundación de lugar[Notas 46]:

No habrá olvidado la triste condición en que se encuentra nuestro colegio de Oristano, y la intención de transferirlo a S. Lussurgiu. A este respecto recibo de Cerdeña una relación que le adjunto con el ruego de que la examine y me diga su opinión. Mi Congregación, dadas las circunstancias, no está dispuesta a desembolsar una suma para la construcción, pero está dispuesta a pedir un préstamo hipotecando la casa de Oristano, y con él hacer las obras. Es necesario que yo tenga plena facultad de acción en el caso que V.P. sea favorable a la propuesta de la Comisión.

Le adjunto también la petición al Santo Padre por la nueva casa de Chiavari, y le ruego la presente lo más pronto posible. Urge tener la respuesta del S. Padre.

La Congregación General pregunta al P. Tenti cuáles son las condiciones para fundar en Santulussurgiu[Notas 47]. El P. Tenti las envía[Notas 48]:

Petición de traslado del Colegio de la Magdalena de Oristano a S. Lussurgiu el próximo octubre.

1)La Administración de la Obra (escuela) de S. Lussurgiu a primeros de octubre de 1908 tendrá listo un local provisional apto para acoger el Colegio y la comunidad de Oristano. Dentro de dos años o incluso menos estará terminado el nuevo colegio a costa de dicha Administración.
2)Los religiosos enseñantes tendrán, además de la vivienda, un estipendio de 1400 L cada uno, y esto con contrato con el Presidente.
3)En los concursos los religiosos tendrán la preferencia sobre los seglares, y serán aceptados con cualquier título que presenten.
4)Los religiosos tendrán además el usufructo de una extensión de terreno bastante grande: tierras, bosque, etc.

S. Lussurgiu no es Oristano; es uno de los mejores lugares de Cerdeña por el clima, paseos, agua, calidad de los alimentos, bondad de la gente, etc.

Las condiciones se aceptan, y meses más tarde el P. Tenti informa sobre la buena marcha del asunto[Notas 49]:

El asunto de S. Lussurgiu en Cerdeña va de bien en mejor. A primeros del próximo octubre estará listo el pequeño local provisional, y dentro de dos años o menos, se habrá terminado el nuevo colegio a costa de la Administración. Esta ha decidido abrir el concurso para los profesores con una base de 1400 cada uno. Con este estipendio los seglares no querrán concurrir, y por ello, según dice el Presidente, nuestros enseñantes serán aceptados con cualquier título que presenten. Estando así las cosas, ruego a V.P. me permita transferir para el curso próximo la casa de Oristano a S. Lussurgiu.

Y en 1908, en efecto, se trasladaron allí, donde permanecieron los escolapios hasta 1920, fecha en que se retiraron del lugar.

En Génova ya habían trabajado algunos escolapios españoles, como el P. José Escriu, que fue Provincial unas décadas antes. Desde 1903 se encontraba en Finalborgo como Maestro de Novicios el P. Marcelino Ilarri, de Aragón. en esta época entra en juego otro escolapio español que también viene a echar una mano a Liguria. Se trata del P. Tomás Garí-Montllor (1869-1930), especialista en contabilidad, que había enseñado en varios colegios de Cataluña. Enfermó, y sus superiores decidieron enviarlo a Italia en 1907 para que se recuperase. Fue a Cornigliano, y allí transmitió sus conocimientos a los escolapios que estaban abriendo una escuela de comercio. Pero no estuvo mucho tiempo allí: sintió una llamada especial para ir a ayudar a la Provincia de Austria, que estaba en peores condiciones que Liguria, y pidió ser trasladado allí. y allí fue en 1909.

Nápoles

La Provincia de Nápoles seguía pasando un mal momento. Es uno de los problemas más graves que encuentra el P. Sánchez al comenzar su generalato[Notas 50]. Decide girar visita oficial a esta provincia antes que a ninguna otra[Notas 51]. Los problemas siguen, las Congregación General trata sobre ellos varias veces[Notas 52]. Deciden enviar a un Delegado General para que vaya allí y trate de arreglar las cosas[Notas 53]. Es el P. Calasanz Homs, Procurador General el enviado. Informa sobre su visita, y la buena impresión causada por las casas de Campi y Bellavista, pero recomienda que quede la Provincia bajo la autoridad del P. General, con un responsable que podría ser el P. Bertolotti, Asistente General por Italia (exceptuada Roma)[Notas 54]. Pero los problemas seguirán durante todo el periodo.

Después de cerrarse el colegio Calasanzio en 1904, a la Provincia le quedaban solo tres casas: la de Campi, donde tanto la escuela como la iglesia funcionaban relativamente bien; la iglesia de San Carlo all’Arena, cuidada por el P. Gisoldi, y la casa de Bellavista Portici, que en alguna ocasión se había intentado vender para pagar deudas del Calasancio, y que en 1906 abrió sus puertas como colegio, y no careció de éxito. El primer disgusto al que tuvieron que enfrentarse los escolapios de Nápoles fue al abandono (expulsión) de la casa de Pompei, de la que hemos hablado antes. Aunque esto, para algunos, fue una bendición: así podrían concentrar las fuerzas en obras propias. A pesar de que la Provincia tenía solo dos colegios, más bien pequeños, y pocos religiosos, sin embargo, los problemas eran grandes a causa de la falta de entendimiento entre sus líderes (Gisoldi-Sacchi-Vasca), como lo había sido durante décadas. Tienen que echar mano a religiosos de otras provincias para ponerlos al frente: G.G. Giannini, de Toscana (1901-1903); E. Bertolotti, como Delegado General, en 1810. Una información detallada de la situación la envía el P. R. Cianfrocca, como Vicario General, mientras el P. Sánchez hace la visita a España. Escribe al P. General[Notas 55]:

Las cosas de Nápoles no están como le han hecho creer a Vuestra Paternidad, y por consiguiente la Congregación General, compacta siempre al obrar, no ha dejado de hacer su deber, trabajando siempre suaviter y fortiter.

Para dar un juicio recto y tomar medidas serias, quisimos oír, como se suele hacer, las dos campanas. Por lo cual, tras escuchar a Gisoldi, quisimos escuchar también a Vasca, y le hicimos venir de Bellavista a Roma. Oímos todas sus quejas, le reprochamos su manera de actuar con el Provincial Gisoldi[Notas 56] y, viendo su humillación, le impusimos que volviera a hacer las paces inmediatamente con su superior, pidiéndole excusas, y prometiéndole ser siempre respetuoso y obediente. Así que le ordenamos:

1)Hacer y dar las cuentas de la administración de Bellavista
2)Entregar la administración de los bienes a la Comisión Provincial
3)Preparar 600 L para pagar el alquiler de la casa de los dos padres ancianos de S. Carlo
4)Aceptar y mantener en Bellavista uno de los estudiantes universitarios, ya que el otro, Destefano, con los debidos permisos fue autorizado a permanecer durante seis meses con su familia por necesidad extrema de su padre, prometiéndonos solemnemente que, estando su pueblo muy cerca de Nápoles, le venía mejor para completar su tesis de licencia, que tomará el próximo junio en Nápoles.
5)Que hiciera de modo que este año, en lugar de Volpe diera clase en Campi el estudiante de tercer curso de teología, el junior Ciccarone, que está disponible.

Lo aceptó todo a mano besada el P. Vasca, jurándonos que no se apartaría ni un punto de la voluntad de los Superiores. Volvió a Nápoles, y antes de llegar a Bellavista, fue a ver al P. provincial Gisoldi con una carta mía, en la que le explicaba todo lo que se había hecho, y que debía aceptar pro bono pacis. Y prueba de que Vasca fue veraz es lo que me escribió el mismo P. Provincial en una carta del 7 de noviembre: “Rmo. P. Vicario, el P. Vasca al volver de Roma vino enseguida a darme la carta de V.P. Se han dicho palabras de paz, de acuerdo, de finísimo ascetismo, etc.” Y termina diciendo: “Pero yo no puedo aceptar el parecer de la Congregación General, porque perdería decoro; en cuanto a Volpe, hay que ver quién de los dos debe acogotar (o sea, aplastar) al otro, Gisoldi a Vasca, o Vasca a Gisoldi. Y para acabar pronto –sigue diciendo – si Volpe este año no se puede sacar de Bellavista porque, quitándole a él, habría que poner a un seglar, y no hay dinero para pagarle, ruego cálidamente a V.P. y a su Congregación que hagan otro sacrificio pecuniario, después de tantos miles de liras suministrados para las deudas de Nápoles, que pague la Caja General el salario del profesor seglar, y así todo quedará arreglado. Y si no se hace así, le devuelvo la patente de Provincial” – Y me la envió…

¿Puede haber monstruosidad mayor? A pesar de ello, con el conocimiento de la Congregación General, volví a escribir a este bendito viejo[Notas 57]: “Querido P. Provincial Gisoldi: sólo le diré dos palabras de amigo sincero y de hermano querido. Tras haber escuchado todos nosotros las dos campanas, como suele decirse, primero Usted y después Vasca, se percibió por parte de la Congregación General la acritud de una y otra parte en el muy lamentable conflicto; acritud escandalosa, pecaminosa. Intentamos eliminar esa acritud por una parte y otra, que de haberse mantenido hubiera llevado la destrucción a la ya tan desgraciada Provincia napolitana. Por ello, considerando que en otras circunstancias similares de hace muy pocos años tanto Vasca como Usted, dejando aparte el sumo derecho y tomando el camino del medio, suavizaron los ángulos y se pusieron de acuerdo para no perder, como usted decía, el colegio de Campi y la casa de Pompei, así ahora la Congregación General después de ponderarlo todo bien, y considerando que siempre es negativo el cambio de maestros después de comenzar el año escolar, mientras una mes antes de comenzar podía haberse arreglado todo sin ninguna molestia, le aconsejó a Usted (consejo que quería ser una orden) uno de los arreglos que más le habían gustado, pidiendo a Vasca que, tras cumplir con Usted sus deberes de obediencia incondicional y de respeto, aceptase en Bellavista uno de sus estudiantes universitarios, y que quedándose por absoluta necesidad Volpe en Bellavista, en lugar de Volpe diese clase en Campi Ciccarone, que está disponible.

Ahora bien, Usted con razón no quería la rebelión, sino la sumisión de Vasca, y Vasca fue sinceramente a someterse, como era su deber, a Usted, tal como Usted me dice en la carta citada. ¿Cuál era la legítima y natural consecuencia? Era que Usted hubiese aceptado la combinación propuesta y que nos parecía bien a mí y a la Congregación General, del mismo modo que tras nuestra paterna orden, la había aceptado completamente el mismo Vasca. Y así, roto el hielo, pacificados los ánimos, se fuese adelante con amor y de acuerdo en todas las cosas, condición, diría yo, que casi hicimos jurar al P. Vasca.

Ciertamente haciéndolo así, al mismo tiempo que mostraba respeto al Vicario de la Congregación General, no habría perdido nada de su prestigio de Provincial, y habría tenido el consuelo de dar a todos sus súbditos una lección ejemplar de cómo se debe obedecer a los Superiores. Y aún está a tiempo de hacerlo, u la Congregación General, que ha quedado verdaderamente ofendida por su rechazo, le estaría más agradecida que nunca, porque desgraciadamente nos encontramos en in circunstancias sumamente críticas, y con tan escaso número de individuos que con los choques no solo no se consigue nada, sino que se consiguen tristísimos efectos. De ahí el proverbio: Quien tenga más paciencia y más prudencia, que las use.

Y esto es lo que le aconsejo como verdadero amigo, como verdadero hermano, que le quiere y le aprecia; tanto más que yo no puedo guardarme su patente, que le devuelvo, pues el P. General me prohibió recibir ninguna patente, reservándose él mismo este derecho, etc.”

El 14 de noviembre el P. Gisoldi respondió a la mía con sus habituales extravagancias capaces de irritar a Job. A partir de entonces fue obligado a quedarse la patente, protestando que ya no haría nada más, e imitando al famoso Provincial Sacchi, que se consideraba ofendido por el Provincial Tenti. como si le hubiera insultado a él y a toda la Provincia Napolitana porque había recibido en Liguria como postulante laico a uno que decía que él había expulsado de la Orden, cuando en lugar de ello el pobre fue obligado a volver con su familia por sus extrañezas, y de allí fue a llamar a la puerta de Liguria, después que Tenti recibiera buenas informaciones de Massimelli.

Bellavista va adelante tranquilamente, como consta por la correspondencia epistolar que el P. Procurador Homs tiene con aquel rector. También Campi sigue tranquilo, y así me lo ha escrito muchas veces el rector Terracciano, y también el P. Caponio, que todo va bien.

Durante el tiempo de su primer provincialato (1903-1906) el P. G.C. Sacchi expresa su inquietud por la provincia napolitana[Notas 58]: “Padre mío, padre mío, ¿por qué ha caído tan bajo la Provincia napolitana? Por la poca observancia religiosa. Y hoy que está caída, ¿deberíamos usted y yo, a quienes incumbe la gran responsabilidad ante Dios, permitir todavía el mal, y hacer de este modo que se propague y anegue las otras almas que confían en nuestra Orden como un ancla de salvación?”

El P. P. Vasca, rector de Bellavista, se muestra más esperanzado[Notas 59]: El B. Pompilio, que bañó con sus sudores esta provincia suya, y ejerce sobre ella un mandato especial, no permitirá nunca que caiga bajo el golpe de la destrucción, y desde esta tumba bendita, que guarda sus sagradas reliquias, hará descender sobre la cabeza de V.P. Rvma. una lluvia de bendiciones, para compensarle de cuanto no pueden hacer sus pobres hermanos.

Mientras el P. Gisoldi, tras haber sido Provincial en dos periodos (1891-1901; 1903-1906) rechaza asumir de nuevo el mando en 1909 (aunque sí lo hará, de nuevo, en 1912-1913). Y da sus razones[Notas 60]:

Ya no encuentro el campo que dejé: los reformadores han sembrado en él demasiada cizaña. ¡Pobre Provincia Napolitana! ¡Está apagada a causa de las utopías de la gloria soñada! Los utopistas y los soñadores miraban hacia una falsa gloria, y no supieron ver la verdadera gloria, en la que tiempo estuvo esta Provincia, y, de hecho, en un Capítulo General anterior a 1860, un vocal de Austria – Hungría dijo: “Todas las provincias decaen, la napolitana florece”. Después de aquella época fuimos golpeados por la supresión civil, y nos vimos dispersos. Unos pocos viejos nos reunimos con una vida de sacrificios para hacer resurgir la Provincia, pero la lenta labor no agradó a los reformadores de rápida gloria. Ellos, siempre soñando, sin la prudencia de esperar, comenzaron a vanagloriarse diciendo que, cerrando la casa de Nápoles, al cabo de un año se conseguiría hacer resurgir, más glorioso, aquel colegio. ¡Cuántos males causó aquel cierre! La casa de Nápoles era el árbol de la vida de la Provincia, y tallado el tronco, arrancadas las raíces, sólo quedó el foso, en el cual los portadores de la gloria sepultaron la Provincia. Entre los abrumados también estaba yo, “que tuve una pequeña parte en el asunto”[Notas 61].

Por estos hechos, por la incomodidad, por ciertos problemas de no fácil solución, ¿cómo puedo yo volver a presentarme a la Provincia? Hace falta una persona nueva que en la situación actual pueda hacer bien a la Provincia Napolitana. Pero… si por la escasez de personal V.P. Rvma. está angustiado, solo en este caso, por obsequio y veneración a Usted, a pesar de mi edad avanzada (¡82 años!), “aquí estoy, envíame”[Notas 62]. De la ayuda del Señor y de la palabra de V.P. me vendrá ánimo y fuerza para hacer lo que pueda. Con todo, espero que se encuentre una persona más apta que yo para Provincial de Nápoles.

El P. Manuel Sánchez reprocha al P. Gisoldi su altanería, causa de la división de la Provincia[Notas 63]: Es hora ya de terminar y hablar claro. la Congregación General ve con disgusto que esa ya célebre Provincia hoy empobrecida esté dividida en dos partes, cada una de las cuales odiando encarnizadamente a la otra, y parece que en todas sus manifestaciones se quiera ver quién de los dos es aplastado, Gisoldi o Vasca. La C.G. no quiere aplastar a nadie, quiere que todos vivan unidos en el amor de Dios y en el bien de la Orden.

Por desgracia, esta división en Nápoles duraría unos cuantos años más, antes de que la Provincia recuperara la normalidad y un cierto esplendor a mediados del siglo XX.

Toscana

La Provincia de Toscana siguió su marcha sin problemas notables durante todo este periodo, bajo la guía firme del P. Vitttorio Banchi. Quizás la dificultad más grave se presentó cuando, al hacer la visita general a principios de 1907, descubrió un importante déficit en los colegios florentinos, y decidió dar una serie de disposiciones para arreglar las cosas[Notas 64]:

Durante nuestra visita a las casas escolapias de S. Giovannino, Cepeprello y Pellegrino de Florencia, observamos el alarmante déficit que desde hace varios años compromete la Caja Central, Los religiosos nos suplicaron que pusiéramos un pronto y enérgico remedio a este mal, y se dieron al respecto autorizados y eficaces consejos. Para conseguir ese objetivo, encargamos a una Comisión de Padres que estudiaran este arduo problema. La comisión, con laudable celo, presentó al Rvmo. P. Provincial Banchi diversas propuestas económicas, y Nos, considerando que estas propuestas, ya sancionadas por la aprobación del Responsable de la Provincia, son oportunas no sólo para remediar el grave déficit de la Caja Central, sino también para aumentar incluso, dentro de no muchos años, el capital de l misma caja, decretamos:

1)Habrá una sola cocina en el Cepperello.
2)Todos los enseñantes tendrán su residencia en el Cepperello, excluidos el P. Rector de S. Giovannino, el P. Sacristán y el P. Director del Observatorio Ximeniano.
3)Los Padres, hermanos operarios y criados que queden en s. Giovannino deberán deberán ir a comer al Cepperello, aunque la cena la recibirán del Cepperello en S. Giovannino.
4)Teniendo en cuenta el escaso número de alumnos del liceo, se suspenderá provisionalmente el liceo en el Cepperello.
5)El Rmo. P. Provincial con su Congregación expondrá a la Casa de Volterra la urgente necesidad de contribuir al menos con la mitad de los fondos de su capital para la restauración financiera de la Caja Central, mientras las circunstancias penosas que vivimos lo requieran.
6)El administrador de la Caja Central es el responsable de llevar a cabo las gestiones necesarias para la realización de las reformas indicadas.
7)Se autoriza al P. Provincial a aplazar por algunos meses la ejecución de las disposiciones presentes si así se lo aconseja su prudencia, pero terminado el plazo fijado por él, le ordenamos en virtud de santa obediencia que lleve a cabo sin más las disposiciones indicadas.

Esperamos que todos contribuyan, cada cual, según sus fuerzas, a la ejecución de estas disposiciones nuestras, sin excepción, ya que se nos ha suplicado que intervengamos con nuestra autoridad en este asunto que compromete la existencia de las Escuelas Pías en Florencia.

El P. Provincial, por su cuenta, tomó otra medida ahorradora: cerrar el liceo en el colegio Cepperello, pues había pocos alumnos y perdían dinero con él. El P. G. Giovannozzi, director del Cepperello, envió una interesante reflexión sobre el interés económico y el educativo de una obra[Notas 65]:

La propuesta de cerrar el Liceo de este Instituto del Cepperello nunca fue tratada ni discutida en el seno de la comisión de Finanzas; nunca fue tratada ni discutida en el seno de la Congregación Provincial; nunca fue interpelado a este propósito el Director de la escuela. Tal propuesta apareció de repente y sin esperarla en el folio del P. Provincial que se leyó en la tarde de la reunión pública, y yo quedé tan sorprendido, triste y disgustado, que no tuve fuerzas ni ánimos para hablar. Creo saber quién se la propuso al P. Provincial; lo que es cierto es que no fue una propuesta madurada y discutida por los consultores competentes para ello. V.P. probablemente habrá creído que formaba parte de las conclusiones de la Comisión, pero no es así.

Nuestro liceo, es cierto, es poco numeroso; este año había 20 jóvenes matriculados. ¡Pero es la corona del mismo Instituto, que, sin él, estaría decapitado! Es el único liceo cristiano de la ciudad de Florencia; ¿queremos quitar a las buenas familias el modo de educar cristianamente a sus hijos? El liceo es la etapa en la que verdaderamente se forma el alma y la educación moral y cristiana; los jóvenes que salen del liceo buenos y cristianos se puede decir que están asegurados para siempre. Los que dejan las Escuelas Pías después del gimnasio no están aún sólidamente formados y, por desgracia, en los liceos públicos se echan a perder y se estropean. Es cierto que en el liceo tenemos pocos escolares, pero ¡qué escolares! Luego en los exámenes públicos quedan los primeros, y en la Universidad son jóvenes ejemplares. Son ellos los que en el mundo mantienen alto nuestro nombre escolapio. Le suplico, Padre Rvmo., por el amor que tiene a estas escuelas nuestras, no quiera dar el primer paso hacia su ruina; escuche a propósito la opinión de quien las conoce bien y a fondo; creo que incluso Mons. Mistrangelo, como pastor de esta ciudad, solo puede desear el bien de las almas y el decoro de nuestra ciudad.

Queda el asunto económico. Es cierto, es una cuestión importante. Pero, dejando aparte que la cuestión moral y religiosa es aún más importante, hay que ver bien a qué se reduce la economía. Este año el liceo nos ha costado, en profesores seglares, 1400 liras; los alumnos del liceo nos han dado, con los pagos mensuales, algo más de 500 liras. ¡Así que el liceo nos ha costado, como mucho, 800 liras! No es una cantidad despreciable, pero no es una suma que compense el daño moral y religioso.

Ahora bien, puesto que en nuestros actuales apuros económicos una suma, incluso no muy grande, necesita ser considerada, yo ofrezco y propongo desgravar al Instituto de cualquier gasto para el liceo, pudiendo asumir el compromiso de conseguir ingresos extraordinarios, con la ayuda de generosos bienhechores. Este es el punto principal sobre lo que deseo y estoy dispuesto a dar las informaciones, explicaciones y garantáis que V.P. quiera pedirme.

El liceo se cerró. Dos años después el P. Giovannozzi escribió a la Congregación Provincial, pidiendo que se reabriera, comenzando por el primer curso, pues muchas familias de alumnos del gimnasio se comprometían a enviar a sus hijos a los escolapios[Notas 66]. Y se reabrió.

En Florencia el P. Guido Alfani está a cargo del Observatorio Ximeniano, y muy satisfecho de su labor[Notas 67]: Anteayer di mi conferencia en la Universidad, y las cosas fueron bien, incluso muy bien. De modo que, en noviembre, si me lo permite y no ocurre ninguna desgracia, podrá comenzar el curso. Es la primera vez que se funda en Italia una cátedra de Sismología, y estoy muy contento de ello por el significado de la cosa en sí, y para mi Instituto. Pero en lo económico, las cosas no son tan brillantes: explica al P. General que necesita ayuda para añadir aparatos sismológicos al Observatorio. Todos los que hay son de su propiedad, pagados por su familia, pero estos nuevos son caros. Siempre pagó él las reparaciones, pero ahora es muy caro[Notas 68]. Los aparatos están dañados por la humedad, y va a necesitar de 5000 a 6000 L, y tal vez deberá sacrificar las máquinas más bellas y sensibles[Notas 69]. La Congregación General concede una ayuda de 500 L al P. Alfani[Notas 70].

Algunas casas tienen problemas específicos. Debidos, principalmente, a la dificultad para reponer los profesores escolapios necesarios. En Volterra las autoridades amenazan con expulsar a los escolapios después del escándalo ocasionado por el P. Fortunato Giannini. Piden un director probado para el internado, y un ayudante para el P. Lotti, rector de la casa[Notas 71]. El P. Provincial dice que no le importaría abandonar la casa, pero no ahora, pues hay que salvar el honor. Y, de hecho, la presencia escolapia en Volterra (donde había estudiado el Papa Pío IX) duró hasta 1934.

Otra casa con problemas es la Abadía Fiesolana, aunque aquí el problema parece ser el P. ex General Brattina, que ha hecho de ella su nido, Escribe el P. Provincial Banchi al P. General[Notas 72]:

Para el nuevo año escolar conviene proveer al rectorado del colegio de la Badía, porque el actual rector es imposible: a los lamentos internos, que podrían ser ignorados, se añaden los de los padres de los alumnos, que amenazan con retirar a sus hijos si no se cambia de director. Lo cual representa para mí una preocupación gravísima y continua, porque para mejorar el estado de aquel colegio la única solución sería enviar al P. Manni como Rector, al menos por un año, pero el P. Manni rechaza mi invitación, por lo que veo necesario que intervenga la autoridad y la orden de V.P. Rma. Ya volveré a hablarle de este nombramiento cuando llegue el momento, Ya al Rmo. P. Brattina, ¿no podría darle V.P. Rma. algún cargo honorario? Pues si sigue en la Badía cuando ya no sea rector, sería peligrosísimo, y representa un obstáculo grave para que otros acepten el rectorado.

Al P. Brattina no se le puede sacar de la Abadía, pues como ex General tiene derecho a elegir su residencia. Y no es nada fácil encontrar un rector. El P. Brattina, al parecer, propone al P. Giovannozzi como rector, pero él se excusa por varios motivos[Notas 73]: él es imprescindible en Florencia, donde dirige el colegio. En Florencia, además, el Arzobispo Mistrangelo le ha confiado una serie de conferencias. Él no entiende de economía, y el problema de la Abadía es económico. Además, está enfermo desde hace cuatro años… Tampoco el P. Banchi cree que la solución sea llegar allí a Giovannozzi, por las mismas razones, y propone otros nombres[Notas 74]. El P. General queda impresionado por la carta, sencilla y firme, del P. Giovannozzi, hasta el punto que le responde[Notas 75]:

Su carta, que me escribió desde Siena con fecha 18 de los corrientes, es una de las pocas que me han dado verdadera consolación desde que asumí este espinoso cargo de General. Está escrita por alguien que siente ser un auténtico hijo de nuestro Santo Fundador, y manifiesta en usted un ánimo significativamente educado en los caminos del Espíritu. Me alegro mucho de ello, y pido a Dios que me conceda ver a otros que sepan imitarle en el exponer de manera tan delicada sus razones al Superior. Haré todo lo posible para contentarle, y escribiré pronto a propósito de ello al P. Provincial, para que busque una solución.

El P. Giovannozzi pudo seguir en Florencia. Quien continuó teniendo problemas en la Provincia fue el P. Ermenegildo Pistelli. Es precisamente el P. Giovannozzi quien informa al P. General sobre un grave incidente ocurrido durante el Capítulo Provincial: hubo un enfrentamiento entre los PP. Manni y Pistelli, y después de eso, el P. Pistelli ha decidido pasar al clero secular[Notas 76]. Añade:

Compañero de Pistelli desde el noviciado, y conviviendo de hecho siempre con él en fraterna intimidad, lo conozco quizás mejor que nadie. Conozco y veo con disgusto los aspectos defectuosos de su carácter y en muchas cuestiones estoy en desacuerdo con él. Pero conozco y veo también muchas otras cualidades (la ciencia y el valor literario, que considero óptimos), que lo hacen precioso y de inestimable ayuda. Por otra parte, vive desde hace tantos años entre nosotros, y está tan ligado a nosotros y a nuestro Instituto que la vida fuera de él sería para él una perpetua añoranza, y ciertamente sería infeliz. Después de 33 años de vida escolapia uno no puede romper sus lazos con los hermanos y el Instituto y empezar una vida nueva. El carácter del P. Pistelli tal vez hace difícil la convivencia para él y para nosotros, pero hemos ido adelante sin divisiones serias durante 33 años; sería injustificado separarse ahora, con daño y disgusto de todos.

Entre sus muchos defectos, el P. Pistelli tiene el don de una gran sensibilidad de corazón. Lo que no conseguirían razonamientos ni amenazas, lo conseguiría sin duda una palabra de afecto sincero y fraterno.

V.P. es el padre común de todos los escolapios. Si en verdad le llega la petición de separación del P. Pistelli, no le faltarán las palabras buenas y paternas para convencerlo de que no abandone a la madre y a los hermanos, es decir la Orden de las Escuelas Pías y sus miembros.

El P. Pistelli presenta, en efecto, su petición de secularización[Notas 77]. El P. General le responde[Notas 78], invitándole a pensárselo mejor, a perseverar en la oración… pero él insiste en su decisión[Notas 79]. Alega que es considerado una persona inútil para las Escuelas Pías, a pesar de todo lo que se he esforzado. A pesar de todos los desprecios, él no dejaría nunca de interesarse por la marcha de esta provincia, lo cual sería causa de continua agitación para él y los superiores, de cuyo mal humor se considera la causa. Así que insiste para que le ayude a conseguir la secularización. Varias veces más insiste, preguntando cómo van las gestiones, que parece que la Congregación va frenando, para ver si se calman las cosas[Notas 80]. La Congregación General. tras trata el asunto, recomiendan al P. Provincial que dé permiso durante 4 o 5 meses para ir a Egipto con una comisión oficial para estudiar textos griegos, a ver si se tranquiliza[Notas 81]. Y, en efecto, a Egipto partió durante unos meses el P. Pistelli; oficialmente, para contribuir con su conocimiento del griego en las investigaciones en marcha; extraoficialmente, para tratar de calmar su espíritu. Y, poco antes de regresa, escribió un lúcida carta al P. Provincial Banchi[Notas 82]:

Según una carta del P. Giovannozzi, creo entender que mi petición de secularización no puede ser acogida. Espero que, después de tantos meses, cuando vuelva próximamente a Florencia, encontraré una respuesta clara, para poder tomar una decisión. el P. Giovannozzi me pide que me conforme con un permiso temporal. A mí me parece ridículo pedir un permiso temporal para estar en Florencia, y por ello no presentaré esta petición, ni ninguna otra. También en este asunto el que, en definitiva, manda y dispone, es Monseñor Mistrangelo, y puesto que yo escribí tres o cuatro veces a Monseñor Mistrangelo, una de ellas pidiéndole audiencia, y nunca me respondió, no quiero tener nada que ver con él.

Mientras tanto, puesto que se me ha negado (si las noticias son ciertas) la secularización, y siendo, como decía, ridículo el pedir un permiso para seguir en Florencia, pido a V.R. que considere mi situación, que es tan grave como para empujarme a determinaciones extremas, de las cuales me repugnaría decir públicamente los motivos, pero debería decirlos a pesar de ello. No me ha faltado la buena voluntad de darme tiempo y de dar tiempo a los Superiores para resolver convenientemente mi caso. Desde hace más de tres meses llevo una vida bien penosa bajo una tienda, y trabajo ocho o nueve horas en el desierto, bajo el sol y en medio del polvo. ¡Los motivos que me han empujado aquí son los que le he dicho, mucho más que el deseo de encontrar papiros griegos!

Espero que V.R. no me responda que vuelva a mi casa religiosa, y todo habrá terminado. No le repetiré todo lo que ha ocurrido y que Usted conoce mejor que yo. Repetiré solamente que yo no tengo ningún motivo personal para desear que las cosas de la Orden se gobiernen en Toscana de un modo y otro, por uno o por otro. Pero, puesto que el último Capítulo no ha producido el resultado que debía producir, y no lo ha producido porque algunos mentirosos facinerosos, chafa hígados, en su soberbia – con Manni y Brattina al frente- han creado malignamente la leyenda de un Bloque que no existía, y han sido creídos, y con esto se me ha querido golpear directamente a mí, siento que es deber mío alejarme de un Instituto donde mi presencia es causa de que la Provincia no tenga el gobierno que había mostrado querer. Estoy seguro de que V.R., por dentro, me da la razón, y no añadiré nada más. Si los Superiores tenían verdaderamente el deseo de que yo siguiera en la Orden, habrían tenido otra actitud conmigo después de aquellos hechos gravísimos. en lugar de ello, con un silencio y una inercia que ya dura ocho meses, parece que solo tengan la intención de agotar mi paciencia y provocarme para que estalle.

No le pido que responda, porque en estas dos últimas semanas no estaré siempre aquí, y la respuesta llegaría tarde. Sólo le pide que se ocupe de mí; será la última vez, y no debe disgustarle el pensamiento de que la Provincia será fácil de gobernar y se volverá próspera y gloriosa cuando ya no esté el que durante 35 años no ha hecho otra cosa que molestarla y escandalizarla. ¡Buena Pascua!

Las cosas se calmaron un tanto; el P. Pistelli siguió en la Orden, dando clases en la Universidad y afianzando su prestigio de profesor y de sabio.

Europa Central

Bohemia

Poco podemos decir de la Provincia de Bohemia durante este periodo. El P. Provincial Basil Kabrhel (1901-1920) va informando regularmente sobre la vida de la Provincia; envía su modesta contribución para el regalo al Papa, para el mantenimiento en Roma del Asistente General que les representa (600 liras anuales) e incluso para el aceite de la lámpara que luce en San Pantaleo por su Provincia (20 liras anuales). La vida de la Provincia se va debilitando: deben ir renunciando poco a poco a mantener su presencia en las antiguas casas, faltan vocaciones… Quieren mantener su contacto con la Orden. Pero la Orden hace bien poco por ella, al contrario que con Austria y Polonia, y otras provincias italianas también necesitadas de ayuda.

Austria

Vimos cómo ya en tiempos del P. Mistrangelo algunos escolapios españoles (Juan Borrell, Martín Fabregá) se habían preocupado por la situación de la provincia austriaca, ofreciendo algunas sugerencias al P. General. En este periodo entra en juego el P. Tomás Garí-Montllor de la Provincia de Catañuña. Como hemos dicho antes, al hablar de Liguria, fue a Cornigliano para recuperarse de su enfermedad y para apoyar con su experiencia la puesta en marcha de una escuela de comercio. En 1909 decide escribir una carta al P. General[Notas 83]:

Agradezco su carta que he recibido el 19 de marzo y le ruego perdone mi largo silencio. He estado reflexionando sobre la respuesta que debía dar a su buena intención de ayudarme a salvar la vida a nuestra pobre Provincia Austriaca. Después de considerarlo suficientemente, mi respuesta es breve: ¡Venga y vea! Venga, si es posible, pronto, antes del capítulo provincial que celebraremos este año en Pentecostés. el M.R. P. General seguramente le dará permiso, y yo le pagaré los gastos del viaje. Aquí podremos ver qué hacer, sobre todo lo más necesario: la creación y la dirección del noviciado. quizás se realice el deseo y la esperanza de nuestro P. Arzobispo Alfonso María Mistrangelo que expresó durante su visita el 26 de abril de 1906: “Surja en Krems el noviciado, donde sean educados en la disciplina regular los nuevos escolapios, en la tranquilidad del lugar, en el conocimiento de las necesidades sociales, en la humildad, en el estudio y en la oración, y se preparen ‘para educar en el espíritu de la inteligencia y la piedad a la juventud’, que hoy más que nunca necesita ser reformada y restaurada en Jesucristo, en la escuela de nuestro gran Padre José de Calasanz”.

Con mis mejores deseos pascuales y mi mayor afecto…

El P. General toma al vuelo su oferta y le responde, para comprobar su disponibilidad. Y él, inmediatamente, le responde[Notas 84]:

En el transcurso de dos años, he oído referir repetidas veces y por personas diferentes que el M.R. P. Mestan, Provincial de Austria, se siente animado de vivos deseos de restaurar nuestra amada corporación en aquella provincia, y que sus buenos propósitos tropiezan con la dificultad en que se encuentra de hallar una persona dispuesta a ayudarle en tan laudable empresa.

Siempre que he oído hablar de esta suerte, me he sentido fuertemente impresionado, lamentando que quedasen estériles las buenas intenciones de aquel P. Provincial, y me he dicho para mis adentros: ¡quién sabe si, a falta de otro individuo mejor, podría ir yo a contribuir al restablecimiento de la provincia austriaca, y prestar así algún servicio provechoso a las Escuelas Pías, que amo de todo corazón! Más que más cuando hace ya siete años, próximamente, que mi estado de salud me impide tomar parte activa en las tareas escolares.

Pero, amante de mi propio juicio, he alejado, durante dos años, este pensamiento, del mismo modo que se aleja una tentación, hasta que en mi reciente viaje a Barcelona lo expuse sinceramente al P. Mirats[Notas 85], el cual aprobó mi idea, y lo propio hizo el P. ex Provincial Llonch[Notas 86], a quien pedí consejo.

Así las cosas, escribí al P. Mestan antes de dirigirme a V.P. Rvma., para cerciorarme de si eran ciertas las noticias que hasta mí habían llegado. La respuesta de dicho P. provincial ha sido la carta que adjunto a V. Rvma.

al dirigirme hoy a V.P. Rvma., no pretendo hacer otra cosa que exponerle humilde y francamente mis sentimientos, y protesto de que por mi parte nada pido, nada quiero, nada deseo; pues, si bien es cierto que amo muchísimo la gloria de S. José de Calasanz y la de su obra, estoy persuadido de que la mejor manera de contribuir a ella es practicar la santa obediencia, de la que tan bellos ejemplos nos legó nuestro Santo Fundador.

Espero que V. Rvma. se dignará manifestarme su voluntad, y puede tener la seguridad más absoluta de que su resolución, en cualquier sentido que sea, no contrariará en nada mi voluntad propia.
El P. Provincial F. Mestan confirma al P. General que está en contacto con el P. Tomás, y que está dispuesto a acogerlo en Austria, e intentar con él relanzar las vocaciones, admitiendo postulantes en los colegios, y formándolos luego en Horn[Notas 87]. El P. General da obediencia al P. Tomás para que vaya a Austria. En una carta sin fecha, se comunica a Roma que se ha recuperado parcialmente el colegio de Horn (abandonado en 1872), con la llegada del P. Garí-Montllor, quien ha comenzado a darle nueva vida[Notas 88].
Unos meses después de su llegada a Austria, escribe preocupado al P. General informándole sobre la pretendida dimisión como Provincial del P. Mestan, que se siente agobiado por los continuos disgustos, desórdenes y crecientes escándalos de esa desgraciada Provincia, e impotente para refrenarlos y sin fuerzas para continuar en el cargo.[Notas 89] Le dice además:
Yo me creo en el deber de conciencia de notificar a V.P. Rvma. –aunque creo que no lo ignora- que el P. Mestan es el único escolapio que existe entre los piaristas austriacos. Además, aunque entre todos los religiosos de esta provincia no sumamos más que 19 o 20, hay aquí una tendencia –no despreciable- a disolver la Provincia, vender todas las fincas y repartir todos los bienes, cosa, sin embargo, que, según las leyes del Estado, sólo puede llevar a efecto con consentimiento del Provincial. Estoy segurísimo de que el P. Mestan nunca dará el consentimiento, pero no puedo asegurar si tampoco lo daría otro Provincial. Disculpe las molestias.
Más adelante añade detalles, y además pide ayuda española[Notas 90]:
En nombre y por encargo del P. provincial Mestan escribo a V.P. Rvma. la presente. esta provincial cuenta, entre otras desgracias, la de irse quedando sin gente. Dentro de uno o dos años, no habrá más remedio que reunir en dos de los colegios de Viena todo el personal antiguo y tomar el otro colegio de dicha ciudad para el personal nuevo, que todavía no tenemos. Esta necesidad será, sin embargo, una ventaja, ya que así se podrá evitar toda mezcla entre unos y otros, sin lo cual serán infructuosas todas las tentativas que se hicieran para el renacimiento de esta provincia, como lo han sido las que hasta ahora se han hecho.
Además, el M.R.P. Mestan tiene que estar en Krems solo sin que nadie le ayude, y pesa sobre él una carga tan grande que no puede sobrellevarla ni puede tampoco ocuparse seriamente ni de las cosas de la Provincia, ni de la educación de los pensionistas que hay en aquel internado. Atrevióse el P. Provincial pedir que fuera, el curso próximo, a Krems para ayudarle, a un padre que no lleva todavía 6 años de Religión y que estudia todavía en la Universidad, pero el tal tuvo la osadía de exigirle una remuneración anual de 2500 coronas. Esto es desconsolador.
Se trata, pues, como V. Rvma. habrá ya adivinado, de pedir con vivas instancias, ayudas de personal, que vaya aprendiendo el idioma alemán y conociendo las costumbres del país y se habilite para ponerse al frente de una de las casas de Viena. Pero lo que más urge de momento es que pueda venir lo más pronto posible un padre para ayudar al M. R. P. Provincial en Krems. Este tal necesita saber ya el alemán, y además el francés y el inglés, a fin de poder ayudar a los chicos en sus estudios. De todos los escolapios que han venido en diferentes ocasiones para aprender o perfeccionarse en el idioma alemán, el único que reúne las condiciones requeridas es, a juicio del M.R.P. Mestan, el P. José Soler y Biel de la provincia de Cataluña, y en él tiene puestas el P. Provincial sus miradas y sus esperanzas.

El P. Mestan ruega, pues, a V.P. Rvma. que, haciéndose cargo de esta apremiante necesidad, se digne interponerse a fin de que el citado P. Soler y Biel venga a Krems lo antes posible. Consultado previamente el P. Soler, ha respondido que, hijo de obediencia, solo anhela cumplir las órdenes de los Superiores.

También la vitalidad de la Provincia de Austria fue decayendo; tal vez se habían abandonado demasiado en la resignación, y no confiaban en el futuro. Y si así era, ¿por qué luchar para conservar los colegios, o por llevar una vida de observancia?

Hungría

De la Provincia de Hungría hemos hablado ya y no poco al ver sus relaciones nada fáciles con Roma. Lo cierto es que, aunque sí hubo algunas defecciones al producirse una unión más fuerte con el resto de la Orden, no ocurrió la catástrofe augurada por algunos. La Provincia de Hungría mantuvo su vitalidad hasta el tiempo de la Primera Guerra mundial. Y, aun manteniendo algunas peculiaridades propias en su organización y gobierno, la Provincia de fue integrando cada vez más con el resto de la Orden.

Evocaremos aquí solamente un pequeño incidente ocurrido en la provincia durante este periodo, para comprobar que los Superiores de Roma, a pesar de las pequeñas divergencias, estaban apoyando ante la Santa Sede a los hermanos de Hungría. Ocurrió que llegó una denuncia Arzobispo de Szeged-Csanád, Cardenal Csernoch, a la congregación de Religiosos, diciendo que “Los clérigos de las Escuelas Pías, que se dedican a la educación de la juventud en tres gimnasios de esta diócesis, no valen gran cosa en cuanto a espíritu eclesiástico. Hace falta una reforma”. La Sagrada Congregación, presidida por el Cardenal Vives (de nombre José de Calasanz, gran amigo de los Escolapios, cuyo alumno había sido en Mataró), consultó al Procurador General P. Homs sobre el asunto[Notas 91]. Quien, a su vez, pidió información al P. Provincial Magyar. Y esta es la respuesta que le dio (siempre en un excelente latín)[Notas 92]:

No se puede negar que el clero regular y secular, a causa de las exigencias de los fieles, se ha apartado del primitivo rigor de la institución al cambiar las circunstancias, y a causa de la fragilidad humana, presente en cualquier tiempo, y ellos y nosotros intentamos trabajar solícitamente para no perder lo que tenemos, sino más bien para emplear los remedios adecuados para corregirlo. Nosotros, junto con los demás religiosos educadores, intentamos adquirir el espíritu eclesiástico con todas nuestras fuerzas; y ha sido empeño nuestro permanente el que, si descubrimos abusos contrarios al espíritu eclesiástico, eliminarlos en el momento oportuno, para merecer la complacencia de los superiores eclesiásticos y civiles. Pero ¿qué decir de los nuestros, en unos tiempos en que la fragilidad humana o la maldad de los hombres producen dificultades a los gobernantes? Es necesario vigilar con atención y ojo circunspecto para que no aumente cualquier tipo de malevolencia de los adversarios, aprovechando la fragilidad humana y la debilidad de algunos, especialmente en nuestra Orden, en la que hay cuatrocientos hermanos.

En lo que se refiere a la reforma deseada por el obispo de Csanád, nosotros ya la estamos llevando a cabo desde 1890, promoviendo el espíritu eclesiástico con una sana coacción. Desde aquel tiempo nos esforzamos por perfeccionar la formación y educación de los candidatos desde el noviciado hasta el presbiterado, mediante frecuentes ejercicios espirituales y otros medios de perfección. En los cincos institutos, ordenados según las normas de la Iglesia, en que se forman nuestros candidatos, hay prefectos celosos de los estudios y de la formación espiritual que los vigilan atentamente, y se esfuerzan por que se sigan las órdenes de los superiores. Pero hay algunos impedimentos. No se pueden quitar los 4 años de estudios en la Universidad, según la intención de la Iglesia. algunos profesores, sirviéndose de la libertad de enseñanza, presentan la materia de su disciplina no solo contra el espíritu de la iglesia, sino con daño de los juniores. Contra estas inicuas interpretaciones, es tarea nuestra el procurar solícitamente que nuestros hermanos tengan ante los ojos el espíritu eclesiástico. Ocurren, mientras tanto, fallos en algunas casas, pero así están más preparados para responder en las cuestiones espirituales. Gente importante de la vida pública nos dice, para satisfacción nuestra: la juventud confiada a nuestra Orden está gobernada con cuidados solícitos, y nuestros profesores se esfuerzan para que los alumnos crezcan en la piedad y el temor de Dios, y contribuyen con provecho a la obra de su salvación. ¡Créame, R.P. Procurador General, que, si no nos esforzáramos por cultivar el espíritu eclesiástico, como dignos regulares, y según nuestras circunstancias, ni nos apreciarían en las diversas regiones de Hungría, ni nos apoyaría el gobierno del reino, ni los padres de más de 8000 alumnos nos confiarían a sus hijos para que los formásemos! Hemos actuado en conciencia; hemos hecho por el buen nombre católico lo que las circunstancias nos han permitido, y nada hemos descuidado; en cuanto al espíritu eclesiástico, si tal vez no hemos satisfecho el deseo de todos, suplicamos humildemente que se atribuya a la diversidad de juicios, a la debilidad de las fuerzas y a los impedimentos que se han presentado.

El P. Homs envió al Cardenal vives una copia de la carta anterior, añadiendo, además[Notas 93]:

Permítaseme añadir que, después del Motu proprio de S.S. Pío X de julio de 1904, los superiores de la Orden han podido visitar nuestros colegios de Hungría y tanto Mons. Mistrangelo cuanto su sucesor el P. Brattina han dado testimonio de la buena marcha de aquellas casas, del empeño de los religiosos en mejorar la disciplina regular y de la confianza y estima de que gozan.

También los obispos diocesanos, en general, están contentísimos de la obra educativa religiosa y civil de nuestros Escolapios Húngaros, los cuales, centrado solamente en la enseñanza, no les crean ningún problema. Y una prueba es que rarísimamente se recurre a esta S. Congregación. Y si el Sr. Obispo de Csanad no está suficientemente contento de los escolapios, no quisiera sospechar que es porque intenta sustituirlos.

Polonia

Hemos descrito ya suficientemente más arriba la situación de la casa de Cracovia, y los esfuerzos para sacarla adelante. aunque aún tenían no pocas dificultades por vencer, hay que reconocer que la colaboración entre los PP. Borrell, Bartolomé y Ponz era positiva, y estaban logrando no solo salvar la casa de Cracovia, sino poner en marcha un proyecto mucho más ambicioso con la compra de la finca de Rakowice, que se convertiría en los años futuros en el alma de la Provincia, que empezaba, por fin, a levantar la cabeza después de tantos años de dificultades.

España

Tras el Breve de reunificación de 1904, las provincias españolas se iban integrando sin mayor dificultad con el resto de la Orden. Tanto más siendo el General un español, como lo sería el siguiente elegido, P. Tomás Viñas. Queda pendiente un pequeño obstáculo: la existencia misma de la Vicaría General, que no fue eliminada en 1904 para no provocar una reacción aún más negativa en muchos escolapios españoles contrarios a la unificación, pero que en la práctica representaba un obstáculo en la comunicación entre las Provincias Españolas y el P. General, que no existía en las demás provincias de la Orden. A la Vicaría General se le habían reservado algunas de sus antiguas competencias, pero su funcionamiento era un tanto burocrático y demasiado lento. La Congregación Interprovincial (formada por el Vicario General y un Asistente Interprovincial de cada una de las tres provincias a las que no pertenecía el Vicario) solo se reunía cada varios meses, pues los Asistentes residían en sus propias provincias. Y por ello una decisión o una consulta podía tardar meses en ser atendida. Veamos algunos acontecimientos más notables ocurridos en las provincias españolas durante este periodo.

Cataluña

La Provincia de Cataluña, más abierta al Europa que el resto de las españolas, tuvo una iniciativa brillante: fundar una casa en Lovaina, Bélgica, para que algunos escolapios jóvenes estudiaran allí, y al mismo tiempo abrir una residencia universitaria para jóvenes españoles e hispanoamericanos. Se comienza a hablar oficialmente del proyecto en 1908. en la Congregación General deciden que el P. Tarín, Asistente General por España, acompañe al P. Provincial de Cataluña a Lovaina para estudiar la posibilidad de la fundación[Notas 94]. El P. Manuel Sánchez da su opinión al P. Vicario General de España[Notas 95]:

Antes de que se reúna a congregación en Zaragoza, debo rectificar el concepto erróneo que yo tenía sobre fundaciones en el extranjero. Yo, que desde la publicación del Motu proprio he procurado siempre interpretarlo en el sentido de favorecer la autonomía posible de las Provincias y el ejercicio de la autoridad de sus respectivos Superiores, creía que las casas que en adelante se abrieran en el extranjero eran generalicias, y, por consiguiente, que dependían directamente del General (…) En resumen, que cualquiera de nuestras Provincias españolas o extranjeras puede, previa autorización del General, abrir una casa donde le convenga. Ratifico, no obstante, mi deseo de que se lleve a cabo la fundación en Lovaina por cualquiera de las Provincias de España, únicas que están en condiciones de hacerlo. Abrigo la convicción de que los frutos espirituales serían muchos, y de que no sufrirán menoscabo los intereses materiales de la provincia que lo intente. La Generalidad apoyará este intento en la medida de sus fuerzas.

El P. Mirats, Provincial de Cataluña, informa al P. General que ha contactado al Cardenal Mercier, Arzobispo de Lovaina, quien a su vez le ha puesto en contacto con el Presidente del Instituto de Filosofía. Piensa enviar un rector, tres estudiantes y un hermano; no tiene decididos aún los nombres[Notas 96]. Para comenzar el proyecto, dice al P. General que le vendría bien un préstamos de 3000 L[Notas 97]. En octubre de 1908 llegan los componentes de la nueva comunidad a Lovaina, y de momento se hospedan en el convento de los dominicos, mientras amueblan una casa que han alquilado por 960 F anuales. Ya han admitido dos jóvenes pensionistas de Cataluña[Notas 98]. En noviembre están ya instalados en la casa alquilada; han ido a visitar al Cardenal Mercier, quien les ha dado permiso para abrir la casa religiosa y la residencia de estudiantes[Notas 99].

El P. Jaime Catalá, rector de la comunidad, pronto tiene ideas más ambiciosas[Notas 100]. Puesto que la cosa funciona bien, podría ofrecerse la casa actual para estudiantes escolapios, incluidos de otras provincias: tiene capacidad para 10 personas, y cuesta 1000 F. de alquiler anual. Algunos de ellos podrían irse con los pupilos a una casa más grande que dejan unas monjas, que pueden alquilar por 6000 F anuales durante 5 años, y luego comprarla o dejarla. Costaría 150.000 F, a pagar en 20 años. Así podrían admitir más pupilos, sin pasar de 24, para cumplir con lo prometido en cuanto a un buen acompañamiento personal de los estudiantes.

Pero no es solo la casa de Lovaina la única en abrirse: en 1909 la Congregación general aprueba la fundación de la casa de Caldas de Montbui. Dos hermanos habían donado sus bienes a las Escuelas Pías para que se abriera un colegio en su ciudad. Y, aunque la entrega de los bienes se retrasó aún unos años, los escolapios abrieron las clases en octubre de 1909 en unos locales provisionales. La Congregación General aprobó también la fundación de una casa en Alella[Notas 101], aunque esta todavía tardó unos años en materializarse.

Un acontecimiento que sacudió a la Provincia de Cataluña en este periodo fue la Semana Trágica. La semana conocida con este nombre en España comprende del 26 de julio al 2 de agosto de 1909, y se desarrolló principalmente en la ciudad de Barcelona. Comenzó con el amotinamiento de las tropas que debían embarcarse en Barcelona para ir a luchar en la guerra que había estallado en Marruecos. Muchos de los conscriptos eran obreros, padres de familia que dejaban en una situación penosa a su familia, mientras los ricos podían evitar ser alistados pagando una elevada cantidad de dinero. Aquel sistema injusto soliviantó a la clase obrera, que se alzó contra el gobierno provocando numerosos actos de violencia en Barcelona. En pocos días las turbas incendiaron numerosos edificios públicos, entre ellos, 80 casas religiosas. Y, entre ellas, nuestro Colegio de San Antón, que era entonces el más importante de la Provincia, residencia del P. Provincial. El P. Ramón Piera, rector del colegio de San Antón envió una detallada relación de lo sucedido al P. Manuel Sánchez[Notas 102]:

Consumatum est: ya le supongo enterado por los periódicos de los acontecimientos desarrollados en Barcelona por la demagogia. Una de tantas víctimas ha sido nuestro Colegio de S. Antón, totalmente saqueado y entregado a las llamas por las turbas revolucionarias. No ha habido víctimas personales. Me ha encontrado en Mataró, donde había ido a pasar Santa Ana, Patrona de nuestro Colegio y las Santas Juliana y Semproniana, Patronas de Mataró, para regresar el día 28 por la mañana, habiendo quedado en el colegio el P. Provincial y el P. Vicerrector; pero el 26 al mediodía quedaron ya interrumpidas todas las comunicaciones entre Mataró y Barcelona y hasta Francia, y de Barcelona con todo el resto de España; cortando todos los hilos telegráficos y telefónicos y arrancando los raíles de los trenes.

Aquí en Mataró también hubo mucho pánico; hubo tiros, se intentó pegar fuego al colegio de los PP. Salesianos, se incendiaron las casetas de consumos, se cerraron las fábricas y tiendas, y todo continúa de la misma manera. Mañana se confía que habrá tren hasta Barcelona; excuso decir que al momento me trasladaré allí para avistarme con el P. Provincial, que no sé dónde está. En la Calle Ancha[Notas 103] no ha ocurrido nada de particular, supongo que tampoco habrá ocurrido cosa particular en Balmes[Notas 104] y Sarriá[Notas 105]. Ayer un recadero de ésta fue por mar a Barcelona; le di una tarjeta para quien estuviera en S. Antón, preguntando por el estado del colegio, y tuvo que entregarla al capitán de la fuerza que custodiaba las ruinas humeantes aún del colegio. Todo lo incendiaron: iglesia, colegio, y edificio de los externos. Que Dios nos asista. Solo cabe decir con Job y con nuestro Santo Padre: El Señor nos lo dio, el Señor nos lo quitó; como agrado a Dios, así ocurrió, bendito sea el nombre del Señor[Notas 106].

Si siempre necesitamos de los auxilios del cielo, no cabe duda que en los actuales momentos los necesitamos de una manera extraordinaria. Sírvase, Rmo. Padre, alcanzárnoslos con su paternal bendición que imploro prostrado a sus pies, con el corazón transido de dolor y de la mayor amargura.

Poco después, temiendo que su carta anterior no haya llegado, vuelve a escribir el P. Piera, con nuevos detalles[Notas 107]:

El día 1 del corriente escribí a V.P. Rma. dándole la triste noticia de la demolición completa y total de nuestro Colegio de S. Antón, y efecto de la misma tribulación, a fin de evitar a V.P. Rma. la fuerte emoción que tan infausta noticia tenía que causarle, dirigí la carta al M.R.P. Tarín, para que se la comunicara en la forma que creyera más conveniente, sin acordarme de que dicho Padre estaba en España.

Desgraciadamente, es cierto lo que dice V.P. Rma. en su carta, tomado del Correo de Italia: nuestro colegio está convertido en un montón informe de escombros y cenizas: nada han perdonado las hordas salvajes, ni Iglesia, ni vivienda de los Religiosos, ni Colegio, ni siquiera el edificio de los externos; sólo la vida de los Religiosos, que, después de trabajar denodadamente apagando el fuego, tuvieron que escaparse como pudieron, no sin verse varios de ellos atropellados brutalmente. ¡Y pensar que todo esto sucedía a presencia de la tropa, declarado ya el estado de sitio, que contemplaba insensible cuadro tan desgarrador, entre los aplausos de la muchedumbre, sin que se tomaran la molestia de proteger el colegio, siendo así que por espacio de hora y media se estuvo telefoneando al Sr. Capitán General, dándole cuenta de todos los incidentes y atropellos y pidiéndole protección!

Quiso la divina Providencia que yo no tuviera que contemplar tan horroroso espectáculo, el que dudo hubiera salido con vida, por cuanto había ido a pasar a Mataró, según costumbre de todos los años, los días 26 y 27, fiestas patronales del colegio y de la Ciudad en que había pasado 17 años de mi vida escolapia, habiendo dejado en el Colegio al P. provincial y Vicerrector.

Barcelona quedó enteramente incomunicada con el resto de la Provincia y España, pues se cortaron todas las líneas telefónicas y telegráficas y se levantaron los rieles de todas las líneas férreas, y hasta el día 4 no me ha sido posible regresar a Barcelona. Los otros colegios sin novedad, gracias a Dios.

No quiero manifestar a V.P. Rma. el dolor y amargura de mi corazón, y las lágrimas que he derramado, para no aumentar su tristeza y desconsuelo por tan irreparable pérdida y por las fatales consecuencias que puede acarrear a nuestra Provincia. Que el Señor se apiade de nosotros y nos asista con su gracia y sus auxilios, y si es castigo de nuestros pecados, que lo acepte como expiación para acrisolar nuestra virtud, que nos dé fueras para sobrellevarla y conformarnos con su santa voluntad. Terminemos con el pacientísimo Job y nuestro Santo Padre: El Señor nos lo dio, el Señor nos lo quitó; bendito sea el nombre del Señor.

Sírvase confortarme con su paternal bendición, mientras, víctima del más vivo dolor, besa humildemente su mano el más pobre de sus hijos.

Unos días más tarde informa al P. General el P. Salvador Marcó, recientemente elegido Provincial de Cataluña:

En las presentes circunstancias, tristes y aun amargas por la impresión que causan en el espíritu, y complicadísimas por las consecuencias, ya que, perdido el rico archivo de la Provincia, debe empezarse todo de nuevo, como si en realidad presenciáramos la fundación de la misma: libro de personal, sello, libro de oficios, registros, papeles, documentos, & &…, no me ha sido posible mandar a V.P. estas líneas hasta la fecha, para atender de momento a los asuntos más urgentes.

Cuando en el Capítulo Provincial, en el cual tomaba yo parte como vocal de nuestro Colegio de Tarrasa, como Maestro de Ceremonias y como adjunto de Secretario, vi y escribí mi nombre en primer lugar de la terna provincial, tuve tal impresión en mi espíritu que sus efectos trascendieron hasta mi cuerpo, teniendo que pasar tres días a dieta, por más que haciendo un esfuerzo más que regular, tomaba parte activa en las sesiones del Capítulo y de la novena[Notas 108], y escribía a continuación las actas correspondientes. Mas, después de pasada esta intensa impresión y concluido aquel trabajo, descansé en la presencia del Señor y me puse completamente en las manos del Altísimo, aceptando resignado la voluntad íntegra de la Providencia. Esta divina voluntad ha tenido bien cargar sobre mis espaldas la pesadísima cruz (no lo digo por quejarme) de la Provincia Escolapia de Cataluña en circunstancias bastante críticas. Y, como postre en este banquete de amargura, entro a tomar la dirección de la Escuela Pía encontrando incendiado, saqueado y arruinado completamente el Colegio de S. Antonio, sostén insustituible de la Provincia, desaparecido el rico archivo de la Provincia y de la casa; perdidos todos los libros, documentos, valores, sellos, todo, absolutamente todo; y en situación tan apurada, Rmo. P., que empiezo con 4 pts. en el bolsillo, y con varias cartas, algunas de ellas de las casas de estudio y noviciado, pidiendo el importe de algunos trimestres pasados, correspondiente a la alimentación de nuestros jóvenes y novicios.

Voy orientándome, haciendo un esfuerzo colosal sobre mí mismo, y confiando en la misma Providencia que me ha llamado a esta complicada lucha, y en las oraciones y ayuda incondicional de mis hermanos de Religión. La desgracia ha hecho reaccionar el espíritu religioso de todos y cada uno de los Escolapios, ofreciéndose todos para todo cuanto convenga para el porvenir de nuestra Provincia, y estando dispuestos a todo, asemejándose este movimiento a la renovación de votos, general, profunda, generosa y providencial. Por esta parte, pues, no me faltarán fuerzas; pero me veo realmente espantado en la parte económica: no tengo nada, y he de pagar mucho, pues, según cálculos aproximados solamente, la Provincia necesita anualmente unas 80.000 pts., debiendo agregar los atrasos, equivalentes, según parece, a unas 20.000 pts. De San Antonio, no sé qué podremos salvar, pero temo que será muy poco.

Con la confianza de hijo, Rmo. P., se lo expongo a V.P.; como desahogo, es verdad, pero también para suplicarle las oraciones, consejo y apoyo de V.P. Rma.; estando seguro que no dejará de alargar su mano para salvar a este Pedro que teme de nuevo ahogarse en este lago de complacidas borrascas y no sosegados vientos.

No recibí la patente de Provincial hasta el 3 de agosto, habiendo tomado posesión en Sarriá el 5, y teniendo ya hoy formada la Congregación Provincial, que tendrá su primera sesión el 13 de los corrientes.[Notas 109]

A esta carta responde el P. General Manuel Sánchez[Notas 110]:

Mi amado P. Provincial: recibo su carta del 10, en la que refleja V.R. el estado de su ánimo profundamente apenado por los tristísimos sucesos desarrollados en esa. No lo está menos el nuestro torturado por una racha de impresiones dolorosísimas recogidas en la lectura de la prensa extranjera primero, y en la nacional y cartas de España, después, que disminuían la nota de exageración de la 1ª y nos daban cuenta de la fiera realidad. “Dominus dedit…”

Tristísimas son las circunstancias en que se hace cargo V.R. del gobierno de la Provincia. La Providencia le ha colocado en ese puesto de honor, y, puesta en Ella la confianza, hay que luchar hasta exhalar el último suspiro. “La virtud se perfecciona en la desgracia”. Y lo primero demos gracias infinitas a Dios porque no hemos tenido que lamentar desgracias personales en los nuestros; una solo me hubiera sido más sensible que todo lo sucedido.

Mucho, muchísimo me complace el ver la actitud de nuestros religiosos dispuestos a todo género de sacrificios. Hágales V.R. presente mi satisfacción. ¡Ánimo! ¡Adelante sin volver la vista atrás! Ahora que somos más pobres, atraeremos mejor las miradas paternales de la Divina Providencia, que se encargará de la administración de nuestra pobreza y nada nos faltará. Acaso nuestro espíritu religioso estaba tan dormido, y algún tanto amortiguada nuestra fe, que ha sido preciso despertar el 1º a cañonazos y avivar la 2ª con las siniestras y fatídicas llamas del incendio.

El Sr. Parpal, Presidente de la Academia Calasancia, me escribió una carta muy consoladora, y fue la primera que recibí de Barcelona. Póngase al habla con dicho señor, que se ve que nos quiere de veras. Por conducto de dicho señor mandé inmediatamente al P. Mirats mil pesetas. El P. Homs mandará misas, y por parte de la Generalidad hoy o mañana le enviaré otras mil pts. ¡Adelante, puesta la mirada en Dios, en la Reina de ls Escuelas Pías y en N.S.P. José de Calasanz!

Comprendo toda la trascendencia de la pérdida de nuestro querido colegio de S. Antonio, y los graves problemas a resolver. ¿Qué se hace del numeroso personal? ¿Dónde se instala? ¿Cómo es posible enseñar sin casa, sin material, sin dinero, etc. etc.? ¿Y la complicación de contar con la pérdida de documentos, libros de administración, etc.? Me asusto de pensarlo. El Señor les asista y les ayude. No puedo continuar. Bendice de corazón a todos esos nuestros hermanos…

El P. Provincial no se deja amilanar por la desgracias, y con su Congregación inmediatamente reacciona, tomando disposiciones para seguir adelante, que comunica al P. General[Notas 111]:

Supongo en su poder de V.P. Rma. la carta que le escribí con fecha 10 de los corrientes, y que seguramente se cruzó en el camino con la que V.P. escribió al P. provincial de nuestra Provincia de Cataluña. A estas horas, pues, está ya enterado de quién es el P. Provincial en este momento y de quién lo era al ocurrir la total ruina de nuestro grandioso y magnífico Colegio de San Antón; desgracia irreparable, pues solo quedan algunas paredes maestras que están amenazando desplomarse.

Sólo falta, para pedir su valioso consejo y su santa bendición, explicarle las resoluciones tomadas en varias de nuestras reuniones y aconsejadas por las circunstancias presentes y con la mirada hacia un porvenir sin duda más lisonjero con los auxilios divinos y ayuda sincera de nuestros hermanos y amigos.

Considerando necesaria en la Capital del principado nuestra católica, piadosa y educadora acción, y teniendo en cuenta que las entradas en metálico proporcionadas por los recomendados y pupilos de S. Antón son absolutamente necesarias para el cumplimiento de los compromisos contraídos por esta provincia durante los últimos años, y no pudiendo desconocer que el incendio, destrucción y saqueo de nuestro colegio ha sido principalmente producido por mano criminal de la masonería francesa y escuela modernas para borrar de Barcelona la instrucción y educación cristianas representadas hoy singularmente por el colegio de las Escuelas Pías, y que no conviene, por lo mismo, dejar y abandonar al enemigo nuestro campo de acción social y cristiana, y teniendo presentes las vivas instancias de las familias que, a pesar de los graves sucesos ocurridos, tienen depositada aún en nuestros religiosos su plena confianza para la educación de sus hijos, y viendo además sinceridad y celo religioso en las mil y mil protestas y múltiples ofrecimientos que de todas partes, representaciones y estados sociales han llegado y llegar todavía hacia nosotros, instándonos a abrir un suscripción general y amplia para llegar fondos y reconstruir en el mismo sitio u otro más conveniente el edifico de los PP. Escolapios, y continuara sí nuestra obra educadora y moralizadora, y siendo cierto que de lo poco hoy existente en S. Antonio nada absolutamente puede aprovecharse, hemos resuelto, después de varias reuniones y consideraciones, lo siguiente:

1)De momento, para que se pueda continuar nuestra enseñanza, sobre todo para los recomendados y pupilos, alquilar 2 o 3 casas capaces para los mismos.
2)Hacer una suscripción amplia para sufragar los gastos de instalación de las casas, y también para la reconstrucción de un edificio-colegio en otro sitio distinto del barrio de S. Antonio[Notas 112], puesto que la vecindad de aquella parte de la ronda estará siempre preparada para repetir semejante salvajada.
3)Formar una junta de suscripciones para fomentarlas; ramificando dicha junta en varias comisiones: comisión de PP. Escolapios, comisión de individuos de la Academia; comisión de ex discípulos y amigos, y comisión de señoras.
4)Publicar una hoja, firmada por el P. Provincial, que se pasará al domicilio de todas aquellas personas y entidades de Barcelona y de toda España, que por su amistad y benevolencia hacia las Escuelas Pías puedan contarse entre nuestros maestros, amigos y bienhechores.
5)Suplicar a Su Santidad Pío X una bendición especial para la junta y suscriptores, y quizás una pequeña suma para encabezar la suscripción y estimular el celo y la caridad de todos los buenos católicos.

6)Suplicar este mismo apoyo y favor a los Emmo. Cardenales, para que su ejemplo aliente a otros corazones amantes de la Escuela Pía y del bien que estas proporcionan al pueblo y a la sociedad.

Este es, Rmo. P., nuestro plan, para cuya realización y éxito imploramos su consejo y bendición y ayuda, sobre todo para suplicar al Santo Padre lo contenido en el nº 5 ya los Cardenales en el nº 6. Todo esto sería para nosotros de inmenso consuelo y de un impulso eficaz para vencer todas las dificultades.

Por honradez histórica, no podemos dejar de lado una voz discordante, que sugiere unas causas diferentes de las apuntadas por el P. Provincial, para que el colegio de S. Antón fuera el primero en arder en Barcelona. Se trata del P. Juan Colomer (1846-1920), un escolapio que también había sido rector de Guanabacoa, y lo sería después de Villanueva y Geltrú. y que, según el DENES, brilló por su ejemplaridad, optimismo, cortesía y amabilidad, imprimiendo al colegio el sello de elegancia y pulcritud que caracterizaba su personalidad. Escribía al P. General[Notas 113]:

En manera alguna permita V.P. se abra nueva Casa en Barcelona, en sustitución de la destruida de S. Antón. Es menester oponer un valladar la obra de atolondramiento que hasta ahora aquí ha imperado y que, según trazas, quiere seguir imperando. Con las tres que allí tenemos, basta. Que se atienda al Colegio Balmes y se le ponga en condiciones debidas; que, si se quiere, se le edifique de planta. Está bien. Fuera de esto, no se piense en más nada. Es inmensa la inquina que en Barcelona se nos tiene por haber acaparado gran parte de la enseñanza.

Y ahora, volviendo la mirada a los horribles sucesos últimamente ocurridos, digo (“y ahora entended, reyes”)[Notas 114]. Hay que mirar las cosas desde arriba, desde muy arriba. Lo demás es andarse palpando, en tanteos, entre tinieblas. Se cometieron en S. Antón grandes crímenes de lesa humanidad (la humanidad, aun dentro de la Religión, no deja de ser humanidad), se abusó mucho del Evangelio, se escarnecieron muchos grandes principios. Los juicios de Dios son insondables. Tal vez la destrucción nos ha librado de un inmenso bochorno, de un gran escándalo. ¡Tal estaban de enconados los espíritus ante la tiranía, el despotismo, las malas crianzas! Y tome V.P. buena nota de que el incendio de nuestro Colegio fue la señal, el comienzo de los demás hechos vandálicos. Es imposible calcular hasta qué punto fuimos la ocasión de la tremenda catástrofe; de nosotros, los escolapios, hablo.

V.P., en su alta sabiduría, hará el aprecio que le parezca de esta voz salida de nuestras últimas filas. En cuanto a mí, sólo sé decir que es la voz secreta de una conciencia imperiosa la que me hace expresar de la manera antedicha, en todos sus extremos, en la presente hora solemne.

Tuve necesidad de ir a llorar sobre las ruinas de mi convento. Allí estuve llorando y llorando, sobre aquel montón de ruinas. ¡Qué estrago! ¡Qué desolación! ¡Qué horror! Colosal como era, nada queda. Se cebaron, se cebaron en la obra aquella de la destrucción execrable. Se cebaron, es la expresión propia. Y gracias que al personal se le respetara.

Enlace V.P. lo ahora dicho con lo que le dije (indiqué, mejor diría) en la Santa Visita sobre las insensatas predicaciones contra la Autoridad, y abarcará un conjunto más vasto, comprensivo, hondo, de los tristísimos acontecimientos que lamentamos. ¡Y considerar que acaba de subir al provincialato otro rematadamente catalanista!

Sin duda el P. Colomer escribía en un momento de fuerte impresión emotiva. Pero la idea de abandonar el barrio, que también había expresado el P. Provincial en su carta del 18 de agosto, no agradó en absoluto al P. General, quien así se lo expresó. Y el P. Marcó, obedientemente, le responde[Notas 115]:

A su debido tiempo recibí su muy estimada carta, y leí sus acertadísimas consideraciones para probar lo conveniente y necesario que es el reconstruir el Colegio de San Antón de Barcelona en el mismo sitio donde estaba, y debo manifestarle para satisfacción de V.P. Rma. que esta idea es también la nuestra, y que, aunque no lo fuera, me bastara saber que lo era e nuestros Superiores Mayores y del Santo Padre para hacerla mí, y poner manos a la obra in la más pequeña vacilación ni duda de que así lo quería el Señor, y de que Él facilitaría los medios.

Según la misma carta, la destrucción de la iglesia no fue completa, pues dice:

Después de limpiar simplemente la iglesia, y bendecirla, la inauguramos de nuevo el 1º del presente octubre para celebrar la fiesta del 1er viernes de mes, que dedica al Sdo. Corazón de Jesús el Apostolado de la Oración, establecido en San Antonio. En la vigilia y a las doce del día, se voltearon y tocaron las campanas, anunciando la fiesta del día siguiente, lo cual produjo regocijo y contento indecible en toda la barriada que salió por la calle dando gritos de aleluya y por los balcones, haciendo revolotear los pañuelos como quien saluda a la esperada aurora. A la hora de la Misa del siguiente día, se llenó completamente de fieles al Iglesia, y tomaron la Sda. Comunión unas 604 personas, y más hubieran sido, si hubieran podido proporcionar más confesores los colegios de la Capital.

Y la reconstrucción del colegio empezó muy pronto, pues el miso P. Provincial escribe al P. General[Notas 116]:

Apoyados en a eficaz ayuda de nuestro Prelado, que ha puesto en nuestras manos 6000 pts., estamos arreglando unas tres clases y algunas habitaciones para los PP. en nuestro colegio de S. Antón de la Ronda de S. Pablo, con un presupuesto de gastos de unas 8000 pts., pudiendo invertirlas, y aun algunas más, si fuese necesario, sin contraer deuda alguna, ni compromiso de ninguna clase. La mira es abrir estas tres clases o más, para admitir unos 400 niños pobres o vigilados, antes que se abran de nuevo las escuelas nuestras que habían sido clausuradas, y roben a la enseñanza cristiana, católica y religiosa eta multitud de almas jóvenes redimidas con a divina sangre del Redentor del mundo. No dudo que el Señor y nuestros Superiores bendecirán nuestra obra y nuestros deseos, y los harán fructificar para bien de la Iglesia católica y gloria de nuestra corporación, vanguardia hoy del ejército que lucha contra la impiedad social. (…)

El Colegio del nº 7 del Paseo de Gracia marcha bien; tal vez se resiente de ser algo pequeño, pues tiene alumnos en número sobrado, contando hoy con unos 600, todos recomendados. Lejos, pues, de disminuir por los sucesos consabidos la confianza de las familias en nuestra labor escolapia, sigue este aumento, porque también están repletos los demás colegios calasancios de Barcelona, incluso el de Sarriá, que cuenta con 168 alumnos internos. Cuanto mayor odio vemos contra nosotros en los enemigos de Dios, tanto mayor amor experimentamos hacia la Escuela Pía de parte de la providencia divina. ¡Bendita sea una y mil veces esta soberana Señora!

En el año 1910 tiene lugar una importante reunión en el colegio de Sarriá, durante la visita del P. General, con la Congregación Provincial y los rectores de los colegios de Barcelona. El P. General indica los deseos del Papa y del Cardenal Vives: hay que reabrir el colegio de San Antón en el mismo lugar, “para no ceder el campo a nuestros enemigos, vengándonos cristianamente de ellos haciéndoles todo el bien posible con esmerada educación de sus hijos”.[Notas 117]

Mientras se va procediendo a la reconstrucción de San Antón, otro colegio escolapio nace en Barcelona: el de las Escuelas Pías, que tiene primero su sede en un local alquilado del Paseo de Gracia, y luego la sede definitiva en la Calle Diputación. Prueba de la extraordinaria vitalidad de la Provincia de Cataluña durante este periodo es la apertura de dos colegios más en Cuba: en Pinar del Río y en Cárdenas, fundaciones aprobadas por la congregación General en 1910[Notas 118]. Hablaremos de ello más abajo.

En relación con el “catalanismo” denunciado por el P. Colomer más arriba, llegan algunas acusaciones a Roma. En 1907 llega desde Zaragoza una carta del P. Eugenio Salarrullana que dice lo siguiente[Notas 119]: Hoy se ha presentado de parte del Sr. Moret[Notas 120] el jefe de los liberales de esta región, diciéndome que hay insistentes rumores en el Congreso de los diputados sobre que los Escolapios de Barcelona subvencionan un periódico antiespañolista titulado “La Nova Tralla”, y colaboran con él. Se desea saber lo que ha de cierto sobre el particular para disponerse el Sr. Moret a la campaña que se avecina y que desea hacer de la manera más airosa par los Escolapios, cuyo españolismo es, en cuanto a Cataluña se refiere, muy discutido. el P. Provincial Mirats, al ser consultado por el P. General al respecto, dice que la revista La Nova Tralla no entra en sus colegios; es una revista de ideas radicales que los escolapios no apoyan[Notas 121].

Aragón

La Provincia de Aragón es la más afectada por el problema de la integración de los “generalicios”, de que ya hemos tratado antes, pues la Viceprovincia de Sudamérica dependía de ella. Por lo demás, no hay otros notables conflictos que la sacudan. Un conflicto menor es el que surge en Peralta de la Sal, con la creación de una “escuela laica”. Peralta era un lugar muy a la vista de toda la Orden, especialmente después de la inauguración del monumento a Calasanz y la ampliación de la capilla del Santo Fundador en 1902. Por eso sonó la alarma cuando un grupo de personas instaló en la localidad una sucursal de la Escuela Moderna, creada pocos años por Francisco Ferrer y Guardia en Barcelona. Se trataba de una escuela evolucionaria, obrerista y anticlerical. Una de las actividades extraescolares realizadas en Peralta fue, por ejemplo, ir a asar chuletas a la ermita de la Mora el día de Viernes Santo. El P. General escribe al P. Provincia de Aragón, que le responde[Notas 122]:

Acabo de regresar de Peralta de hacer la visita al Noviciado, cuando recibo la de V.P. Rma. hablándome sobre la escuela laica allí establecida. Nada a mi entender ganaríamos con mandar el mejor maestro de la Provincia, porque la cuestión no es contra el colegio, sino de partido y propaganda, y siempre los afiliados a esa sociedad antes anárquica y que ahora se titula “Luz Petraltense” habían de llevar sus hijos a esa escuela. Ampliarse la enseñanza es imposible, porque nuestra escuela es oficial pagada por el Gobierno, y no cabe en esas poblaciones más que una escuela.

Yo hablé sobre este asunto con este Sr. Rector de la Universidad y me dijo que no podía oponerse a su apertura según la ley. Hay cuatro en esa escuela, tres hombres y una mujer, debe ser uno marido de ella, el cual dicen que es un taponero, un hijo y otro que es periodista, pero qué tal será cuando va a parar a Peralta. No crea V.P. que tengan título de ninguna clase; son cualquier cosa; ahora para los de Peralta son como bajados del cielo.

No creo que sea duradera esa escuela, porque los de esa sociedad son los pobres de Peralta y podrán pagarles 3 o 4 meses, pero al fin se cansarán, a no ser que reciban auxilios de la Escuela Moderna de Barcelona. No es la primera establecida en este país; ya la hubo en Alcampel y al fin tuvieron que marcharse.

Que suceda en Peralta lo que está pasando no me extraña, porque es gente muy mala; ellos en Barcelona han aprendido todo lo malo que hay allí, de manera que, según dicen, hace años que apenas ponen los hombres los pies en la iglesia, faltando también muchísimas mujeres hasta a la misa de los domingos; esto es Peralta, y creo no mejorará.

El Obispo de Seo de Urgel, diócesis a la que pertenecía Peralta, también preocupado, recomienda al P. provincial que escuche al párroco[Notas 123]: El dador de la presente es el párroco de Peralta de la Sal, a quien ruego conceda audiencia le oiga. Ya recordará lo que le dije en mi extensa carta sobre la situación de aquel pueblo y escuelas. Él, personalmente, le dará más detalles: vea si puede hacer alguna cosilla por patria de S. José de Calasanz.

El P. Provincial considera la posibilidad de abrir una clase más en Peralta, para contrarrestar la influencia de la escuela laica, per el P. Manuel Gazo, rector de Peralta, le explica que eso no es conveniente, ni la solución[Notas 124]:

Las escuelas que este colegio debe sostener según fundación, y conforme también al contrato hecho al ceder al Colegio las salinas, son dos: una de Instrucción Primaria y otra de Latinidad. Como las circunstancias por que atravesamos son tan poco favorables para la carrera eclesiástica, sucede que algún año no ha habido alumnos; el Colegio, sin embargo, ha sostenido el personal, pues el P. Anselmo, que ahora tiene un alumno externo y además desempeña una clase del noviciado, era el maestro de latinidad. Durante siete años ha estado el P. Miguel Per desempeñando la escuela de los más pequeños en calidad de supernumerario.

Respecto a la dotación, hay lo siguiente. Daba el Ayuntamiento por las dos escuelas 94 duros y dos reales. A pesar de tan mezquina paga, el Municipio se declaró insolvente; entonces los Superiores cerraron la escuela de latinidad, pero por el bien de los niños continuaron con la escuela pública de Instrucción Primaria. Hacia el año 29 del último siglo se hizo un nuevo arreglo en virtud del cual el Ayuntamiento cedió como satisfacción de perjuicios y como pensión para lo sucesivo 30 salinas por las cuales daba entonces el Gobierno 90 napoleones, es decir, menos que antes, y esta es la renta que tanto se ha ponderado y de la cual hay que descontar la contribución que pagamos como propietarios de dichas salinas. Desde que se desestancó la sal y las salinas volvieron a sus dueños producen más del doble, pero ya se sabe que “res crescit domino suo”. ¿Quién sabe lo que pasará con el tiempo?

Si estos vecinos quieren un maestro más de instrucción primaria en vez del de latín, debieran decirlo; mas hasta la fecha nadie ha desplegado sus labios. Sólo en casa he oído hablar de lo conveniente que sería tomar este acuerdo, aunque alguno opina lo contario.

Cuando se trataba de abrir la escuela laica, los conspicuos de esta villa y los que tanto trabajan en política rastrera nada hicieron, si no es levantar esta marejada que ahora nos agita. Ya se ve: ¡les costaba tan poco! Ahora tienen mucho miedo, y no les falta razón para ello.

En 1909, tras la Semana Trágica, Ferrer y Guardia fue fusilado, y la Escuela Moderna comenzó a debilitarse, hasta desaparecer, también en Peralta. En agosto de 1909, estando aún muy recientes los hechos de Barcelona, el P. José Teixidor, de Cataluña, va predicar a Peralta por la fiesta de Calasanz. Escribe al P. General[Notas 125]: Ferrer y Guardia ha ayudado a construir una escuela aquí, en la patria de Calasanz. Ojalá se la quitemos, como los israelitas las joyas a los egipcios.

Castilla

También la Provincia de Castilla vive un periodo tranquilo, de consolidación. Aunque no faltan algunos motivos de queja. El P. Fermín Redondo (mártir en 1936) escribe desde Getafe al P. General, después de su visita[Notas 126]. Le señala

1)Que reina un descontento general en casi todos los individuos, aunque la mayor parte no se hayan espontaneado con V.P. Rma., pues les hubiera costado llorar y, además, de visitas anteriores saben que “ubi non est auditus” etc.
2)Que este descontento es debido en general a la falta de cariño y caridad de la mayor parte de los Superiores para con los súbditos y trabajadores. Esa falta de caridad se manifiesta especialmente en el abandono en que se encuentran los enfermos que pasan sus padecimientos trabajando y callando, y en la poca consideración a los ancianos, que han dejado sus sudores en beneficio de la Provincia.
3)Que existe en esta Provincia un favoritismo escandaloso, pues mientras que muchos individuos y aun superiores locales pueden hacer impunemente lo que quieren, otros sufren todo el rigor de la ley, y esto por la sencilla razón de que nos son de la cuerda e los que mandan y otros no tienen más cuerda que el cumplimiento de su deber.
4)Que existe en esta Provincia un partido absorbente que, sin atender a bien común de la misma, sino a sus intereses particulares, nos lleva a la destrucción y a la ruina, toda vez que en la unión está la fuerza y vida de las entidades morales.

El P. Provincial Melchor Rodríguez se queja de que hay escasez de personal para las obras que llevan. A una petición de gente para enviar a Polonia, responde al P. General[Notas 127]:

Alguno habría quizá que se prestara a ir a Cracovia, pero sería por el placer de viajar, contemplar parte de Europa y venirse luego cuanto antes. Y no es eso, claro está, lo que desea V.P. Unos por falta de salud, otros por la familia, otros por no saber más idioma sino el español… el caso es que no hay uno de confianza que se atreva a cruzar la frontera, lo que excuso decir que siento en el alma.

Valencia

En la Provincia de Valencia se abre un colegio nuevo en Algemesí, a petición del alcalde de la localidad. La Congregación General aprueba la fundación[Notas 128]. El P. Calasanz Rabaza, Provincial, está muy satisfecho del estado de la Provincia, según cuenta al P. General[Notas 129]:

En cuanto a nuestra amada Provincia de Valencia, por VV. PP. tan enaltecida, tengo la satisfacción de decir a V.P. Rma. que la encuentro en inmejorables condiciones y en todos los Colegios he encontrado entusiasmo y ganas de trabajar, o mismo en los Rectores que en los individuos. Dios nos ayude y haremos lo que sepamos y podamos con u gracias. Inspírenos V.P. Rma. iniciativas, que aquí estamos todos para secundarlas.

De hecho, envía algunos religiosos a Cracovia a petición del P. General, pero con poco discernimiento, pues pronto se vuelven. También el P. Tarín, Asistente General (de la Provincia de Valencia, como el mismo P. General), está orgulloso de las iniciativas que tienen lugar en la Provincia[Notas 130]:

Aquí se han reunido los prohombres de todos los colegios de esta Provincia para celebrar, como efectivamente se celebra, una Asamblea pedagógica y tienen sus sesiones todas las mañanas bajo la presidencia del P. Juan Pascual. Esperan mucho fruto para la unificación de métodos, libros de texto, etc. etc. Parece que les anima un buen espíritu y trabaja esta gente.

América

Cuba

El P. Pedro Díaz, Vicario General de España, va a visitar los colegios de Cuba, y este es su informe[Notas 131]:

En nuestros colegios de Cuba se nota algo de parálisis, y en general viven del prestigio de los anteriores. Ya se van convenciendo de que las circunstancias han variado en absoluto; pues ni ahora tienen pingüe dotación con la que puedan vivir con holgura, ni disfrutan de la amistad y privanza de las autoridades como antes por razones de paisanaje, etc. que los colocaba en situación muy ventajosa ante el público, ni carecen del tiro que pueda hacerles el profesorado seglar etc. etc., pero les falta aún el volverse a obrar con energía y tino que pide el modo de ser actual de la Isla. En general hay allí buen personal en todos conceptos, pero poco estimulado y poco fogueado. el clima también contribuye mucho, pero casas con 70 y 80 internos y regular número de encomendados y que o están empeñadas o sus Dep. bajan gradual y progresivamente por años… vamos, que esto no necesita de notas. Y no será porque se gaste demasiado en material de enseñanza.

En 1908 hubo un incendio que destruyó el internado. Pero las autoridades eclesiásticas y civiles, y mucha gente particular, ofrece su ayuda para reconstruirlo. El P. José Calonge, rector, informa que necesitan 60.000 pesetas para reconstruirlo, y de momento solo tienen 15.000[Notas 132]. La Congregación General contribuye con 1000 pts[Notas 133]. Un año más tarde se celebra una fiesta magnífica de inauguración. Pero, dice el P. Calonge, hacen falta más buenos profesores escolapios para mantener el prestigio del colegio, y el P. Provincial no se los envía[Notas 134]. Pero eso no es totalmente exacto. El P. Provincial impulsa la creación de dos nuevas fundaciones en Cuba, que confía al Visitador (Viceprovincial, en la práctica) P. Luis Fábregas, que informa al P. General de su próxima partida hacia la isla acompañado de 14 sacerdotes y 2 hermanos. Le dice[Notas 135]:

La invasión de varias Congregaciones dedicadas a la enseñanza va reduciendo nuestro círculo de acción, y no hay duda que poniendo colegios-residencias (con 3 o 4 religiosos) en varios puntos de la isla podríamos así nutrir los pensionados de los dos citados colegios. Hoy es de absoluta necesidad aceptar, o mejor dicho, ir a Pinar del Río (occidente de la isla), y allí poner colegio-residencia. La pide y desea con urgencia aquel Sr. Obispo, promete su apoyo y asegura que tendrá la Casa vida más que suficiente. Si no se acepta, dentro de medio año llamará a otra Congregación. En particular me aseguró dicho Prelado que, si nos otros aceptamos, no entrará en su diócesis otra Orden que la escuela Pía. Sería esto un bien incalculable para Guanabacoa. La población de Holguín (oriente de la Isla), la primera de la provincia de Santiago, desea fundación. El Sr. Obispo la desea y ofrece iglesia. Esta casa favorecería a Camagüey. El gasto que esto ocasionaría sería exiguo, y a él atenderían sobradamente Guanabacoa y Camagüey respectivamente.

Además de las fundaciones nuevas en Pinar del Río y Cárdenas, se establece en 1910 una sucursal del colegio de Guanabacoa en el barrio de El Cerro. Y el P. Fábregas, ambicioso y soñador, quisiera además aceptar una fundación que le proponen las autoridades en Santo Domingo[Notas 136]

Chile

Desde la creación de la Viceprovincia de Sudamérica, Chile lleva una vida más lánguida que su vecina Argentina, mejor comunicada con la península y con más posibilidades por su extensión. Los escolapios trabajan en el colegio de Concepción, con dificultades económicas, y en el Colegio Talleres Providencia de la capital. El P. Pedro Díaz, Vicario General de España, recién terminada su visita a Chile, escribe[Notas 137]:

En cuanto a las impresiones que llevo recogidas, puedo decirle que no tengo la pretensión ni aun la creencia de que quede todo arreglado, pero sí opino que algo se ha hecho. Afortunadamente, no se han encontrado resistencias obstinadas, y sí corruptelas y principalmente las cosas que todos creíamos: grandes rencillas y discordias provenientes, a mi juicio, de las causas que ya se habían señalado antes de ahora. Este estado de ánimos, como ha echado profundas raíces y ha creado convicción, no creo que desaparezca sino muy lentamente.

Las disposiciones de cada uno no son del todo malas, sobre todo si se saben aprovechar con habilidad y sin someterlas a grandes pruebas hasta que cicatricen un poco las aún recientes heridas; pero pide un cuidado especial la solidaridad que en una y otra parte (bando) se había desarrollado. Actualmente solo desconfío de dos, principalmente porque dudo de su franqueza. y no he querido pincharlos un poco para ver si respiraban, porque de una parte van tirando y cubren las apariencias; y de otra, no los creo capaces de resistir grandes pruebas.

Dios dirá y que los ilumine a todos. La marcha general de las casas es pasable, aunque no dejan de sentir algo los efectos de a gran distancia etc. el número de alumnos no decae, antes al contrario. Su estado material, hasta la fecha, no ha sido de gran prosperidad, porque están formando el nido o jaula, pero creo que pueden colocarse a flote dentro de muy pocos años. Aquí un personal de conducta y de trabajo puede hacer mucho más que en Europa; hay mies abundante en todos los sentidos, pero para recogerla se necesita prestar a ello más atención de lo que hasta ahora se ha hecho. Si hubiera personal ad hoc creo que podrían emprenderse antes de diez años cinco fundaciones, empezando por supuesto desde el año próximo.

Ya ve qué modo de pensar en retirarse de América. Pero se necesita, en verdad, para conseguir algo de provecho, mucha vida de sacrificio, al menos al principio.

Unos meses más tarde añade algunas precisiones[Notas 138]:

Chile: tienen dos casas, la una es ni más ni menos que un hospicio con 4 clases de primaria y otros tantos talleres para oficios. Hay 250 asilados, y su manutención, como los demás gastos del colegio, corren a cargo de una Junta. Los PP. sólo tienen la dirección y clases. Concepción: es la 2º casa. Colegio de 1ª enseñanza y preparatorio para comercio con pocos alumnos y no mucho crédito. Hay poca cabeza. En lo demás, como la Argentina, Chile necesita o nuevas fundaciones o quitar las que hay. Creo que indiscutiblemente hay que hacer lo 1º, pero con tino.

El colegio de Concepción, sueño de los escolapios de Chile, se estaba convirtiendo en una pesadilla. Lo había construido demasiado grande (y bastante frágil como demostró el terremoto que lo destruyó por completo en 1939), y por escasez de alumnos, no llegaban a cubrir los gastos de funcionamiento, a lo que había que añadir el pago del préstamo para su construcción. Para resolver este problema, el P. rector Toribio Remondo decide vender parte de los terrenos del colegio, e incluso venderlo por completo para trasladarse a otro lugar y construir un colegio más pequeño. Escribe, en efecto, al P. General[Notas 139]:

Esta casa, por lo grande y por lo mucho que cuestan las reparaciones, será siempre un clavo para a Corporación, por eso creo prudente que el nuevo Vicario Provincial traiga poderes para venderla toda o parte, la ocasión creo que se presentará pronto, y yo mismo insinué la idea al Ingeniero del Gobierno, al cual le agradó en extremo.

El P. Pedro Díaz, Vicario General de España, escribe al P. Tarín, nuevo Asistente General, comentando su oposición al proyecto[Notas 140]:

Tomados informes de los PP. Mirats, Campos y Terradas, que están en antecedentes, esta Congregación Interprovincial (por unanimidad) manifiesta que no está conforme con el modo de obrar y pensar del P. Rector de Concepción de Chile por las razones siguientes: 1º. Este P. ha pedido y obtenido la autorización para vender los dos trozos de terreno sin aprobación ni aun conocimiento del P. Provincial de Aragón. 2º Según el parecer de los conocedores del país, no procede la enajenación de porción alguna de terreno perteneciente al colegio.

Item: califica de absurdo y descabellado el proyecto de vender el edificio actual para levantar otro en lugar diferente, 1º porque no es cierto que sea vetusto sino moderno, ni ruinoso sino muy firme el edificio que resistió sin más deterioro que el de una cornisa las violentas sacudidas de los terremotos que dieron en tierra con otros varios edificios. 2º Porque sería de muy mal efecto moral la venta de un colegio levantado con donativos de familias que aún viven como son las de Barros, Méndez y otras, la 1ª de las cuales dio más de 60.000 duros. Esto sin contar con que es muy probable que dichas familias no pasarían seguramente por la tal venta.

Además, si se admitió la fundación o dirección del Orfanatorio de Santiago de Chile, fue para conseguir amortizar con la cuota que pagaban por este concepto la deuda contraída en las obras del Colegio de Concepción, y debe de poder juzgar de la sinceridad y valor de las razones que se aducen por el P. Rector de Concepción, tanto para sincerar la venta de los terrenos, como para que se le autorice la enajenación del colegio.

Poco tiempo después de la frustración por el cierre del colegio de San Juan Evangelista en la calle Lira (1906) renació de nuevo la esperanza entre los escolapios de Santiago. Parece que D. Ventura Blanco Viel, administrador de la Casa de Talleres de Huérfanos, puso en contacto al P. Vicente Seriola, rector de la casa de Talleres, con su amigo Pedro Fernández Concha, rico propietario y bienhechor para con obras piadosas. Resulta que este poseía una finca de 15.000 metros cuadrados cerca de donde había estado el colegio anterior, y, conociendo los deseos de los escolapios, la donó ante notario a las Escuelas Pías, en la persona del P. Marcos Quibus, Visitador (así se designó durante algún tiempo al Superior de Argentina y Chile), el 27 de junio de 1908. Se trataba de una finca rústica alrededor de la cual se iba construyendo, al extenderse la ciudad. De momento, y mientras obtenían el permiso para construir allí el colegio soñado, los escolapios de Talleres transformaron un barracón que había en capilla dedicada a la Virgen del Pilar, y comenzaron a celebrar culto público, con gran asistencia del vecindario, pues no había otra iglesia cerca. En 1909 el P. Seriola fue sustituido en el cargo de rector de Talleres por el P. Juan María Jiménez Millán, que permaneció en el mismo hasta 1920. Fue este el auténtico promotor y creador del colegio Hispano Americano. Mientras seguía ocupándose de la casa y el ministerio de Talleres, tarea nada fácil.

D. Pedro Fernández Concha después de donar la finca a los escolapios estaba dispuesto a seguir ayudando, financiando la construcción del colegio. Desgraciadamente, la oportunidad no se aprovechó, pues los superiores no dieron permiso alegando la falta de personal; el Sr. Fernández Concha falleció y sus descendientes no tenían el mismo espíritu generoso de su padre. En efecto, el P. Juan María pidió permiso para empezar la construcción nada más tomar posesión de su cargo de rector en Talleres; el 11 de enero de 1910 le llegó la negativa de Roma, firmada por el P. Rafael Cianfrocca, Vicario General. La petición había sido presentada por el Visitador de Sudamérica con fecha 10 de octubre de 1909, y llegó a Roma el 6 de enero de 1910, pasando antes seguramente por Zaragoza, donde la Congregación Provincial desaconsejó la fundación por falta de personal. La Congregación General lamenta no poder atender la petición de momento, esperando atenderla en el futuro “tanto más que las circunstancias especiales por las que atraviesa nuestra península de España obligan a las Congregaciones Religiosas a buscar seguridad en los países de allende el mar”.

El P. Federico Vicente había enviado una petición al P. Provincial de Aragón para fundar un colegio en Santiago. Escribe al P. General[Notas 141]:

En la mencionada solicitud pedía de una manera oficial a V.P. autorizase la fundación de un colegio en Santiago, aprovechando la coyuntura de mostrarse tan afecto e interesado por nosotros el anciano Sr. D. Pedro Fernández Concha, que para ese objeto nos ha hecho donación del terreno y de 27.000 pesos para empezar las obras. Creo que conviene a los intereses y fines de nuestro Instituto la erección de ese colegio, sobre todo teniendo en cuenta, como ya se lo he hecho presente al P. Vicario, que la Escuela Pía no ha de comprometer una sola peseta. De lamentar es el tiempo que se ha perdido ya, pues antes de venir yo, el año anterior se inició el proyecto y así que tomé posesión del cargo escribí al P. Vicario pidiéndole autorización para comenzar, pero todavía no he recabado la aprobación tan deseada.

La gente no entiende el retraso. El P. Vicente se siente mal, y escribe al P. General de nuevo[Notas 142]:

Después de mi ida a España, nuestro insigne bienhechor de Chile D Fernández Concha, anciano de setenta y tantos años[Notas 143], interesado en hacer en vida cuanto pueda en beneficio nuestro, donó a los Salesianos y Franciscanos terrenos para edificar, y unos y otros hace tiempo están construyendo talleres y convento. Me da vergüenza escribir y mentar esto y que me escriban y me lo mienten. Yo habría resuelto en el acto, pero ¡Dios me libre!, no haré poco si, andando con pies de plomo, logro que estas gentes reformen algo el juicio que de nosotros tienen por acontecimientos anteriores.

El P. Provincial de Aragón, Joaquín Campos, justifica su decisión[Notas 144]:

En cuanto a la nueva fundación de Santiago, ellos son los que se han adelantado; porque siempre y ahora últimamente esta Congregación Provincial informó negativamente, ya por la escasez de personal, ya también fundada en el último Decreto de la Sag. Congreg. de Religiosos sobre débito y sobre las promesas de cantidades que puedan hacer los interesados por esas fundaciones: esa información de esta Cong. Prov. obra en poder del P. Vicario. Los americanos encuentran muy fáciles todas las cosas, sin ver las dificultades que se presentan aquí.

El colegio Hispano debió esperar hasta el año 1917. Mientras tanto, por falta de osadía o de entendimiento entre Santiago, Zaragoza y Roma, se perdió la oportunidad de que lo construyera gratis el bienhechor Sr. Concha, y debieron pagarlo los escolapios.

Argentina

A principios de 1908 el P. Pedro Díaz hace una visita a los colegios de América, acompañado de su secretario el P. Vicente Mas. Este transmite su propia impresión al P. General[Notas 145]:

Principiando por la Argentina, los Colegios de Bueno Aires, Pontevedra, Córdoba y el General Paz son colegios que prometen mucho, sobre todo el primero y el último, pero que es necesario que el Provincial de Aragón se tome interés, procurando escoger los individuos que manda allá, y teniendo táctica para ir trayendo a España algunos generalicios, que allí no desistirán de su empeño en buscar la independencia de la Provincia de Aragón, pues ha habido poca táctica por parte de los aragoneses; allí hay algunos generalicios que valen mucho y se puede sacar provecho de ellos. Los Colegios de Chile no pueden hacer otra cosa que pasar y favorecer algo a la Provincia a que pertenecen; no hay que esperar gran cosa de ellos. Los Colegios de Cuba ya han tenido su época, que pasó, y ahora solo se pueden sostener. Solo el de La Habana, si se busca buen local, será de porvenir.

Un poco más tarde el mismo P. Pedro Díaz envía su informe, en el que con respecto a Argentina dice[Notas 146]:

Por lo que se refiere a nuestros colegios de la República Argentina puede decirse que todos tienen elementos de vida propios, y puede llegar a adquirir cierto grado de prosperidad material relativa en época no lejana. No pude formarme criterio propio acerca del estado de la enseñanza a causa de la época de la visita (allí verano), pero por lo pude oír, creo que en general no tienen nuestros colegios menos crédito que los demás de su clase en aquella República. La observancia religiosa al parecer, “ad extra” va bien, pero… me aprese aquello oropel, formulismo, etc., porque se ve que no hay armonía, que no hay unidad de miras, que no hay caridad, que no hay mucho apoyo y confianza, sino que, antes al contrario, parece que se están fiscalizando y acechando arma al brazo, etc., dando importancia, valor, personalidad, etc. a cosas que en realidad muchas veces no la tienen. A formar ese estado de cosas han contribuido 1º, las causas que ya recuerdo haberle apuntado en otras cartas anteriores y que ahora confirmo. 2º Ciertas promesas, no muy discretas a mi juicio, y salo el respeto debido, de facilidad para la separación de aquellas casas y formación de Provincias. 3º Si aquellos religiosos formularon la mal pensada solicitud de separación firmada por los treinta y tantos, es posible o probable que fuera porque desde fuera de América se es avisase de que “había llegado la hora y la oportunidad para hacerlo”. 4º También me parece que a la distancia material puede añadirse la no menor distancia moral de aquellas casas con su metrópoli (Aragón).

Una de las decisiones de la visita fue enviar como Superior de la Viceprovincia al P. Federico Vicente. Al poco de llegar a su destino, escribe desde Buenos Aires al P. General[Notas 147]:

Ya he podido convencerme de que los profesores trabajan con tesón y de que la observancia está más floreciente que por allá, y de que, si tenemos arrojo para acometer empresas en grande, el campo en estos países se presenta dilatado. Lo malo es nuestro encogimiento, que nos aniquila y hace que arrastremos una vida anémica, mientras las otras corporaciones que han invadido el campo de la enseñanza prosperan, dejándonos atrás a nosotros, que debíamos ser los primeros. Cosa sería de estudiar este fenómeno para ponerle remedio.

Pasados unos meses, el P. Vicente lamenta aún la tensión existente a causa de las diferencias entre antiguos generalicios y aragoneses[Notas 148]:

Mis impresiones no son del todo satisfactorias; sucede algo inexplicable. Estoy convencido cada día más de que se las cosas se hubieran majeado aquí en debida forma, no habría pasado nada ni se habría fomentado el más pequeño descontento. ¿Por qué no se ha hecho? Ese es el misterio. ¿Por qué no se hace ahora? Eso es incomprensible para mí. (…) Tal vez con lo que le hayan dicho comprenderá lo que yo no puedo explicarme y remediará sin miramientos lo que jamás debiera haberse consentido, ni menos fomentado. A pesar de que parece pueril, la cuestión es muy seria y de inmensa responsabilidad para cuantos han intervenido en ella, sobre todo para los que han estado revestidos de autoridad y tenían obligación estricta de atajar los males en su principio. Si se introdujeran más motivos de disgusto y tal vez de rivalidad, ¿a qué no daría eso lugar?

Las tensiones con el tiempo fueron desapareciendo, y la presencia escolapia en Argentina se fue consolidando, sobre todo en la ciudad de Córdoba, con el desarrollo del nuevo colegio de Escuelas Pías.

Notas

  1. RG 24 B, 21. 21 noviembre 1907.
  2. Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Sal 127, 1.
  3. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia. Sal 127, 2.
  4. Nadie da lo que no tiene.
  5. El incentivo, la atracción del pecado.
  6. No se nos cuele el abuso bajo pretexto de dispensa. CC 270.
  7. RG 22, 49. 3 octubre 1907.
  8. RG 22, 61. 9 enero 1908.
  9. RG 22, 81. 2 junio de 1908.
  10. RG 22, 29. 12 marzo 1907.
  11. RG 22, 41. 6 agosto 1907.
  12. RG 251 r, 2. 29 marzo 1908.
  13. RG 22, 101. 17 diciembre 1908.
  14. RG 251 r, 5. Sin fecha.
  15. RG 22, 41.
  16. RG 251 p 11. 23 octubre 1907.
  17. RG 251 p, 11. 3. 27 noviembre 1907.
  18. RG 251 p, 6. 30 noviembre 1907.
  19. RG 251 p, 10. 4 mayo 1908.
  20. RG 22, 81. 2 junio 1908.
  21. RG 251 a 4, 24. 29 agosto 1906.
  22. RG 251 a 2, 9. 19 julio 1907.
  23. RG 251 a 3, 33.34. 23 abril 1909.
  24. RG 251 a 3, 32.
  25. RG 251 a 2, 6. 17 noviembre 1907.
  26. RG 251 a 4, 12. 3 de septiembre de 1910.
  27. RG 251 a 4, 13. Borrador sin fecha.
  28. RP 2, 297. Sin fecha.
  29. RP 2, 298. 11 abril 1910.
  30. RG 251 a 2, 19. 19 julio 1907.
  31. RG 251 a 2, 17. 17 agosto 1907.
  32. RG 251 a 2, 20. 7 agosto 1907.
  33. RG 251 a 2, 18. 24 agosto 1907.
  34. RG 251 a 4, 1. 21 agosto 1910.
  35. RG 251 a 3, 5. Sin fecha.
  36. RG 251 a 1, 21. 15 mayo 1908.
  37. RG 251 a 3, 22. 8 agosto 1909.
  38. RG 251 b 2, 6. 3 abril 1907.
  39. RG 251 b 1, 22. 12 diciembre 1906.
  40. Juan Bautista, hermano del escolapio P. Octavio, que fundó el primer instituto para Sordomudos en Génova, en 1812.
  41. RG 251 b 2, 1. 23 enero 1907.
  42. RG 22, 25. 24 enero 1907.
  43. RG 22, 53. 31 octubre 1907.
  44. RG 251 b 4, 3. 9 abril 1909.
  45. RG 22, 113. 21 abril 1909.
  46. RG 251 b 2, 20. 22 enero 1907.
  47. RG 22, 53. 31 octubre 1907.
  48. RG 251 b 3, 4. Sin fecha.
  49. RG 251 b 3, 2. 19 junio 1908.
  50. RG 22, 2. 8 agosto 1906.
  51. RG 22, 26. 23 febrero 1907.
  52. RG 22, 51 (17 octubre 1907); 52 (25 octubre 1907).
  53. RG 22, 53. 31 octubre 1907.
  54. RG 22, 55. 14 noviembre 1907.
  55. RG 251 a 4, 18. 2 enero 1910.
  56. F. Gisoldi fue Provincial de Nápoles de 1891 a 1901; de 1903 a 1906 y de 1912 a 1913. Fue reelegido en 1909, pero renunció a los seis meses, por lo que en el momento en que se escribe esta carta era él Provincial. De 1906 a 1912 lo fue G.C. Sacchi.
  57. Tenía ya 82 años.
  58. RG 251 c 1, 25. 13 noviembre 1906.
  59. RG 251 c 2, 2. 6 enero 1907.
  60. RG 251 c 4, 10. 8 agosto 1909.
  61. Cita de Virgilio, Eneida, cambiando “magna” por “parva”.
  62. Is 6, 8.
  63. RG 251 c 5, 12. 17 abril 1910.
  64. RG 251 d 2, 23. borrador, sin fecha.
  65. RG 251 d 2, 21. 10 julio 1907.
  66. RP 19, 326. 26 septiembre 1909.
  67. RG 251 d 3, 8. 13 junio 1908.
  68. RG 251 d 4, 56. 30 mayo 1909.
  69. RG 251 d 4, 77. 25 mayo 1909.
  70. RG 22, 119. 3 junio 1909.
  71. RG 251 d 3, 43. 4 julio 1908.
  72. RG 133 A, “Pisogne”. 29 mayo 1908.
  73. RG 251 d 4, 38. 18 agosto 1909.
  74. RG 251 d 4, 37. 18 agosto 1909.
  75. RG 251 d 4, 39, 21 agosto 1909.
  76. RG 251 d 4, 17. 14 junio 1909.
  77. RG 251 d 4, 18. 22 agosto 1909.
  78. RG 251 d 4, 24. 25 agosto 1909.
  79. RG 251 d 4, 21. 4 septiembre 1909.
  80. RG 251 d 4, 22 (8 septiembre 1909); 25 (10 septiembre 1909); 23 (19 septiembre 1909); 19 (2 octubre 1909).
  81. RG 22, 137. 1 diciembre 1909.
  82. RG 251 d 5,2. 23 marzo 1910.
  83. RG 251 b 4, 2. 9 abril 1909.
  84. RG 251 b 4, 1. 14 abril 1909.
  85. Antonio Mirats, Provincial de 1899 a 1909.
  86. Francisco Llonch, Provincial 1892 a 1899.
  87. RG 251 l, 14. 21 junio 1909.
  88. RP 53 9, 6.
  89. RG 251 l, 16. 23 marzo 1910.
  90. RG 251 l, 19. 3 mayo 1910.
  91. RP 55 13, 11. 25 mayo 1909.
  92. RP 55 13, 12. 6 junio 1909.
  93. RP 55 13, 14. 14 junio 1909.
  94. RG 22 69- 17 marzo 1908.
  95. RG 251 e 41. 18 julio 1908.
  96. RG 251 f 3, 39. 4 septiembre 1908.
  97. RG 251 f 3, 49. 1 octubre 1908.
  98. RG 251 f 3, 53. 20 octubre 1908.
  99. RG 251 f 3, 55. 5 noviembre 1908.
  100. RG 251 f 4, 12. 31 mayo 1909.
  101. RG 22, 150. 1 julio 1910.
  102. RG 251 f 4, 20. 31 julio 1909.
  103. Allí se encuentra el Colegio Calasancio, fundado en 1893.
  104. El Colegio Balmes, en el Paseo de Gracia, se fundó en 1899.
  105. el Colegio Escuelas Pías de Sarriá se fundó en 1894.
  106. El P. Giner en su monumental Vida de S. José de Calasanz atribuye estas palabras a nuestro fundador, pronunciadas en el momento de recibir el breve de reducción de la Orden en 1646 en la capilla de San Pantaleo. Él cita al P. C. Bau, autor de otra monumental Biografía crítica de nuestro Santo Padre. Este, a su vez, cita al P. Carlo Caputi, indicando libro y página. Sin embargo, la cita no es correcta: lo que el P. Caputi escribió (puede consultarse ASP 55, 2004, pág. 68; yo he consultado personalmente el original) es que Calasanz, tras la lectura del breve, “se retiro a su habitación a dar gracias a Dios por lo que había hecho el Sumo Pontífice, y, llorando la reducción de la Orden, se iba consolando sometiéndose a la Voluntad de Dios, y nunca más dijo nada para justificarse, sino que se dedicó más a la oración pidiendo a Dios que iluminara a todos”. Otra cosa es que lo pensara. Curiosamente esta “suposición histórica” ha llevado a llamar oficialmente a S. José de Calasanz el “Job de la ley de gracia”, y a incluir la lectura del libro de Job en la misa de su fiesta.
  107. RG 251 f 4, 25. 5 agosto 1909.
  108. Grupo de nueve religiosos (la Congregación Provincial y cuatro rectores) que proponían al P. General los candidatos para superiores de las casas.
  109. RG 251 f 4, 24. 10 agosto 1909.
  110. RG 251 f 4, 31. 15 agosto 1909.
  111. RG 251 f 4, 35. 18 agosto 1909.
  112. Comenzaron las clases en un edificio del paseo de Gracia, que luego dio lugar en 1910 al actual colegio de Escuelas Pías de la calle Diputación. Se reconstruyó, con todo, el antiguo colegio de S. Antón en el mismo solar, y fue inaugurado en 1928. La guerra civil de 1936 supuso otra vez la prueba de fuego para el centenario colegio. El 19-7-1936 un grupo de milicianos prendieron fuego al edificio, que destruyó totalmente la iglesia y la parte de vivienda dedicada a la comunidad. También el fuego arrasó las escuelas de los alumnos gratuitos. Esta vez se salvó de la destrucción el edificio terminado en 1928; la comunidad pagó su tributo de sangre por primera vez. Fueron asesinados los PP. Prudencio Soler, Pedro Raich, José Matas, Matías Cardona y Enrique Bou; el Hno. Casimiro Sala muere en la cárcel. La parte del edificio no destruida fue ocupada por la CNT-FAI, instalando en ella un cuartel y un ateneo libertario.
  113. RG 251 f 4, 34. 15 agosto 1909.
  114. Salmo 2, 10.
  115. RG 251 f 4, 44. 12 octubre 1909.
  116. RG 251 f 4, 51. 23 noviembre 1909.
  117. RP 63, 420. 9 marzo 1910.
  118. RG 22, 150. 1 julio 1910.
  119. RG 251 g 20. 17 diciembre 1907.
  120. Segismundo Moret (1833-1913) fue un político liberal español que desempeñó importantes cargos en el Gobierno. Ocupó la Presidencia de 1905 a 1906, defendió la unidad de España y tras la Semana Trágica volvió a recuperar la Presidencia.
  121. RG 251 f 2, 13 (24 diciembre 1907); 14 (28 diciembre 1907).
  122. RG 251 g, 19. 7 noviembre 1907.
  123. RG 251 g, 24. 5 marzo 1908.
  124. RG 251 g, 26. 17 marzo 1908.
  125. RG 251 f 4, 40. 24 agosto 1909.
  126. RG 251 h, 16. 5 octubre 1909.
  127. RG 251 h, 35. 10 septiembre 1910.
  128. RG 22, 104. 7 enero 1909.
  129. RG 251 i, 2. 17 octubre 1906.
  130. RG 251 i, 22. 9 septiembre 1907.
  131. RG 251 e, 45. 31 agosto1908.
  132. RG 251 f 3, 28. 16 julio 1908.
  133. RG 22, 88. 3 septiembre 1908.
  134. RG 251 f 4, 9. 15 mayo 1909.
  135. RG 251 f 4, 42. 1 septiembre 1909.
  136. RG 251 f 5, 10. 2 junio 1910.
  137. RG 251 e 63. 4 marzo 1908.
  138. RG 251 e, 44. 31 agosto 1908.
  139. RG 251 g, 6. 1 septiembre 1906.
  140. RG 251 e, 5. 25 agosto 1906.
  141. RG 251 g, 49. 21 octubre 1909.
  142. RG 251 g, 50. 4 noviembre 1909.
  143. En una carta posterior corrige: 86 años de edad.
  144. RG 251 g, 52. 4 enero 1910.
  145. RG 251 i, 36. 3 junio 1908.
  146. RG 251 e, 44. 31 agosto 1908.
  147. RG 251 g, 34. 16 agosto 1908.
  148. RG 251 g, 45. 23 enero 1909.