GinerMaestro/Cap06/11

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06.11. Mons. de La Figuera y la reforma monástica

Una de las personalidades más relevantes entre el numeroso clero titulado, reunido en las Cortes de Monzón, era sin duda don Gaspar Juan de la Figuera (1537-1586). De él escribió fray Ramón de Huesca el siguiente elogio:

'Este Prelado nació de familia noble en la villa de Fraga, en el Reino de Aragón. Desde la primera edad, manifestó ingenio sublime y grande inclinación a las ciencias y a la virtud; los progresos que hizo en ambas líneas le merecieron una Canongía y el Arcedianato de Teruel en la Iglesia Metropolitana de Zaragoza cuando aún era Regular [Canónigo Regular de San Agustín]. Fue predicador insigne y uno de los sujetos más acreditados de su tiempo. Informado de sus méritos, el Rey Católico Don Felipe II le nombró Obispo de Jaca, de que tomó posesión el año 1578 y en el mismo comenzó la Visita de su diócesis'.[Notas 1]

Hizo en verdad mucho aprecio de sus dotes y méritos el rey Felipe II, que le eligió sucesivamente para obispo de Jaca (1578-1583), Albarracín (1583-1585) y Lérida (1585-1586), y le encomendó, además, la visita-reforma de la Universidad de Huesca (1584-1585). Como obispo, visitó su diócesis de Jaca y celebró un sínodo en la de Albarracín. No pudo hacer nada en Lérida por su prematura e inesperada muerte a sus cuarenta y nueve años, en pleno vigor de sus fuerzas.

Pero de todas sus incumbencias la que más interesa a nuestro propósito es su peculiar dedicación a la reforma de religiosos, y ello por expresa voluntad también de Felipe II, que tanto se preocupó durante su larguísimo reinado de la reforma de regulares. La primera experiencia de La Figuera, siendo obispo de Jaca, fue la Visita-Reforma del célebre Monasterio benedictino de San Juan de la Peña, que llevó a cabo en septiembre de 1581.[Notas 2] La segunda le fue encomendada durante las Cortes de Monzón, referente a los agustinos. Y la tercera y última la tuvo en Montserrat, donde acabó sus días, pero no la visita. Y en las dos últimas tuvo a su lado, como colaborador, a José de Calasanz en sus todavía jóvenes veintiocho años.

Las tres intervenciones de La Figuera en cuestiones de reforma monástica no son algo aislado, ni siquiera en la política religiosa de Felipe II, sino que se encuadran en una corriente mucho más vasta y de carácter general.

Todo comenzó en el siglo anterior, en Italia, con las llamadas 'Congregaciones de observancia' que emprendieron la reforma de la vida religiosa, volviendo a la austeridad de las Reglas primitivas. En España fue acogido este movimiento y particularmente fomentado por el cardenal Cisneros y los Reyes Católicos. La reforma dio lugar en el seno de cada Orden a una división de sus conventos o monasterios en “observantes” y “claustrales o conventuales”: los primeros habían aceptado la reforma y los segundos se mantuvieron fieles a sus normas y costumbres, tal como se habían ido transformando a través de los siglos. Esta división interna produjo no pocos conflictos y desavenencias.

En España, la reforma prendió con pujanza en el reino de Castilla, de donde pasó a la Corona de Aragón, no sin las oposiciones consiguientes al hecho mismo de la reforma por sus austeridades y exigencias, y excitando además una no disimulada actitud de hostilidad por parte de los de la Corona de Aragón, que sentían herida su sensibilidad nacionalista por lo que juzgaban injerencia centralista y subterfugios de castellanización. El fenómeno fue común a todas las Ordenes antiguas, como benedictinos, canónigos regulares, cistercienses, franciscanos, dominicos, ermitaños de San Agustín, carmelitas, trinitarios, mercedarios...[Notas 3]

Felipe II dio un impulso extraordinario a este movimiento de reforma, y precisamente en las Cortes de Monzón de 1585 manifestó su interés y preocupación,[Notas 4] en especial por los agustinos y los benedictinos de Montserrat, cuya reforma encomendó a La Figuera, quien se valió para ello de los servicios de José de Calasanz.

Notas

  1. FR. RAMÓN DE HUESCA, ‘Teatro histórico de las Iglesias del Reyno de Aragón’, vol. VIII (Pamplona 1802), p.152-154.
  2. Cf. J. POCH, ‘D. Gaspar Juan de la Figuera, Obispo y Visitador. Sus relaciones con San José de Calasanz’: AnCal 8 (1962) 361-367.
  3. Cf. ‘Historia de la Iglesia en España’, BAC, vol. III-1ª., p.329-330.
  4. Jerónimo Gassol, secretario de Felipe II, escribía al embajador de Roma, conde de Olivares, desde Monzón, con fecha 22 de agosto de 1585: 'Es lástima ver de la manera que están las Abadías [de canónigos regulares de San Agustín] en Cataluña. Es necessaríssimo que el Breve venga en la forma que se pide. Lo de la Merced [religiosos mercedarios] tiene no menos necesidad, especialmente porque conforme a la resolución que agora ha tomado su Magestad, el obispo de Vich a quien está cometido no se entrometerá en ello, y assí queda la Orden a discreción del Prior de Barcelona, que es de harto inconveniente'. Y el P. Poch añade a esta cita: 'Nótese que durante las Cortes de Monzón (1585) se tramitaron en Roma por el diestro Olivares una verdadera serie de Breves para la reforma y visita apostólica de instituciones monásticas de la Corona de Aragón' (J. POCH, ‘El Fundador…’, p.276, n.50).