Río Cuarto (AR) Colegio Nuestra Señora del Pilar, parroquia Nuestra Señora de la Merced, vicaría parroquial Santa Rosa de Lima

De WikiPía
Saltar a: navegación, buscar
Mapa de la demarcación
Error al crear miniatura: No se ha podido guardar la miniatura
Fachada del colegio escolapio en Río Cuarto
Aviso de contenido

Este texto es el original publicado en su día en el DENES. No se ha hecho sobre él ninguna rectificación. Su contenido, pues, puede no reflejar la realidad actual

Datos

Demarcación Argentina

(1927- )

Antecedentes históricos.

Entre los escolapios que residían en Córdoba, fue una vieja aspiración la de establecerse en Río Cuarto, ciudad importante y muy poblada de la provincia. Compartían el mismo anhelo numerosas familias que educaban sus hijos en el colegio Santo Tomás, o los habían educado; y lo deseaban el Sr. Obispo y el párroco de esa ciudad. Existía, en las afueras de ella a cuatro kilómetros, un edificio en construcción, suspendidas las obras y abandonado hacía años, que la «Sociedad de beneficencia» destinaba a escuelas de «artes y oficios», pero que, en la imposibilidad de terminarlo, lo ofrecieron a varias Órdenes religiosas; entre ellas a las Escuelas Pías. Su presidenta, doña Isabel Posse de Fragueiro, se dirigió al P. Justo Blanco, Vicario provincial, quien se presentó en la ciudad, para ver sobre el terreno la conveniencia o la dificultad de aceptar la oferta. Su visita fue desfavorable a los designios de la señora de Fragueiro, indicando a la donante las dificultades de dicha fundación, por el alejamiento de la población, en la que no había apenas colegios.

Estando el P. Vicario en Río Cuarto, visitó por cortesía al canónigo honorario D. Francisco Ferreyra, y con tal visita pudo dar comienzo la fundación.

Apenas se pusieron en contacto el P. Justo y el señor Ferreyra, coincidieron en sus puntos de vista y en sus apreciaciones, y puede afirmarse que, en principio, quedó resuelta la fundación de las Escuelas Pías en Río Cuarto. Había que arbitrar los medios de subsistencia de la futura comunidad, y aquí se hizo palpable el interés de la Curia diocesana, a cuyo frente estaba, en calidad de Vicario capitular, Mons. José A. Luque, quien no sólo aprobó, en líneas generales la idea y el proyecto de fundación, sino que ofreció un terreno del obispado en esta ciudad, bien para enajenarlo y que su producto sirviera de base económica de la fundación, bien para que se levantara en él el futuro edificio. Con esto, habían terminado los pasos previos.

Puestos todos de acuerdo, el P. Vicario provincial comenzó a gestionar los permisos necesarios ante las autoridades de España. Los consiguió pronto, pues había personal y, por otra parte, todo se facilitaba. Para la fundación se pensó en el P. Pedro Martínez Heras, hombre dinámico, emprendedor y buen relaciones públicas. Este se trasladó a Río Cuarto en febrero de 1927, en busca de casa apropiada para colegio.. La halló en el hotel Primavera, propiedad del señor José Bonino. Con pocas palabras quedó ultimado el asunto, a la espera de la aprobación superior; el P. Pedro se puso al habla con el P. Justo Blanco, le envió una fotografía del edificio y, llamado a Buenos Aires a cambiar impresiones, quedó aprobado definitivamente lo tratado con el señor Bonino. El 17-2-1927, el P. Pedro Martínez Heras recibió su nombramiento de presidente del colegio de Río Cuarto. Inmediatamente, con la actividad que le era propia, empezó la búsqueda de muebles, menaje escolar, ornamentos, ropas, y todo cuanto se necesita para equipar una casa y establecer un colegio. El sábado 26, acompañado del P. Casiano Ocáriz, llegó a Río Cuarto y quedaron hospedados en el hotel que luego sería colegio. El señor Ferreyra aprovechó la circunstancia de que el 27 era domingo, para así el P. Martínez Heras hablara al pueblo en la misa de más concurso y expusiera qué era y significaba la fundación, en Río Cuarto, de un colegio de las Escuelas Pías. Lo hizo el P. Pedro, con lo que quedaron echadas las primeras simientes.

El contrato de arriendo del hotel Primavera, se concretó en doce puntos; el último estipulaba que el plazo del arriendo duraría tres años, empezando a contar desde el primero de marzo de 1927, prorrogable, en las mismas condiciones, de acuerdo las partes. El 7 del mes abandonó el hotel su propietario, y los escolapios entraron en él, para preparar el comienzo de las clases. Ese mismo día, llegaron a Río Cuarto los religiosos fundadores; la primera comunidad estuvo constituida por los PP. Pedro Martínez Heras, Manuel Lizana, Casiano Ocáriz y el H. Leonardo Pardo.

A la inauguración del colegio se le dio la mayor publicidad y se celebró con todo el esplendor que las circunstancias permitían. Se escogió para este hecho, el domingo 13 de marzo, como más adecuado para asegurar la asistencia del público y la repercusión del acontecimiento en todos los ámbitos sociales. La parte religiosa tuvo, como marco, la iglesia parroquial, en la hora de más concurso de fieles y consistió en una misa cantada, con sermón de circunstancias.

Al mediodía se celebró el acto social, consistente en un banquete, servido en el colegio a las autoridades locales y a un núcleo de amigos y representantes de la prensa. El P. Pedro Martínez Heras, agradeció a los presentes su asistencia y expuso los fines que el escolapio, de acuerdo con el espíritu de su Fundador, se propone, al encargarse de la educación de la infancia. Estas fiestas inaugurales, tuvieron honda repercusión y hallaron eco favorable en la prensa local y nacional. Las revistas calasancias de Madrid, y «Horizontes» de Córdoba, les dedicaron amplio espacio y lo mismo «La Semana Católica», órgano parroquial de Río Cuarto, «Los Principios», diario de Córdoba, «La Capital», de Rosario y «El Rosario», de Río Cuarto.

Desarrollo histórico y pedagógico.

La fecha inaugural del curso fue el 15-3-1927; la matrícula daba la cifra consoladora de sesenta y cinco alumnos en tres categorías: 15 pupilos, 10 mediopupilos y 40 externos. Como la matrícula no era excesiva y el personal era reducido, cada uno de los religiosos se hizo cargo de dos grados.

Era natural que el P. Martínez, en su calidad de superior responsable, se preocupara desde un principio de conseguir la validez oficial de los estudios del colegio. Era un requisito esencial para la asistencia de alumnos y para el progreso del centro. El libro de secretaría, reflejando las gestiones realizadas, registra el 20 de mayo la visita oficial de la señorita Josefina Leániz, directora de la Escuela general San Martín, en cumplimiento de órdenes superiores, para la incorporación del colegio. Se le facilitó la tarea y recorrió todo el edificio, inspeccionando atentamente las aulas, los programas, los procedimientos y las condiciones higiénicas del edificio; indagó cuál era el cuadro de profesores, el número de alumnos, el promedio de su asistencia y el horario que se seguía. Al terminar su cometido, la señorita Leániz manifestó la buena impresión que el conjunto le había causado, quedando altamente agradecida a las atenciones y facilidades que se le habían dispensado en el cumplimiento de su cometido oficial de inspección. Esta visita parece estuvo relacionada con la que, a nivel particular, había hecho días antes D. Hipólito Montagné, ministro de gobierno. En consecuencia, el 15-6-1927, se dictó el decreto del Consejo de Educación incorporando el establecimiento a la enseñanza oficial. Incorporado así el colegio, sin mayores incidentes se llegó a diciembre y en los temidos exámenes los resultados fueron satisfactorios. En septiembre, el número de alumnos se había duplicado. Después de los exámenes, se celebró la fiesta de reparto de premios; el rasgo particular que tuvo esta fiesta y que le imprimió carácter, fue la ofrenda que los niños hicieron al párroco, de su contribución a las obras de la casa parroquial.

El uso del local del señor Bonino era transitorio. Estaba en la mente de todos, la idea de edificar casa nueva en el terreno que la Curia diocesana había entregado, el cual tenía una ubicación estratégica. Al año de establecerse en Río Cuarto, el P. Justo Blanco llegó para estudiar los planos del nuevo colegio. Se pensó en realizar las obras mediante un empréstito de cien mil pesos por el banco Hipotecario Nacional, y se autorizó al Superior para que iniciara las gestiones necesarias. Se trató la construcción del colegio con la firma J. M. Moyano y Cía.; la parte a edificar, que era la planta baja, se calculaba en ciento treinta mil quinientos cincuenta pesos, que la comunidad aceptó, de acuerdo al pliego de condiciones. No fue esa, sin embargo, la forma en que se levantó el colegio, sino con la colaboración generosa de los dos colegios de Córdoba, como hizo notar el P. Vicario provincial, Federico Ineva, en su primera visita.

Aunque la construcción se había tratado con la firma Moyano, el contrato se firmó con el ingeniero Dunayevich, que se había quedado con el activo y el pasivo de aquélla; fue un contratiempo, pero no hubo más remedio que aceptar el hecho consumado. Se procedió, pues, a la bendición y colocación de la primera piedra el 19-3-1929, con la asistencia del nuevo obispo, Mons. Fermín Laffitte, quien ofició en la ceremonia. Lo acompañaron desde Córdoba, el P. Vicario provincial, los rectores de Santo Tomás y General Paz, y el P. Conrado Presa.

La publicidad dada y lo novedoso del caso, atrajeron bastante público que contribuyó a solemnizar la fiesta. Antes de proceder a la bendición de la primera piedra, habló el Vicario provincial, para exponer el objeto y el significado de un colegio para la cultura del pueblo en que radica, y explicar la misión escolapia.

La empresa constructora imprimió a los trabajos un ritmo acelerado que se mantuvo constantemente y, antes de los doce meses de colocada la primera piedra, estuvo el edificio en condiciones de ser ocupado por sus propietarios. El libro de secretaría informa que el 25-2-1930, antes del término del contrato firmado con el señor Bonino, los religiosos pudieron abandonar el local de la calle Alsina y trasladarse al nuevo colegio. Para la bendición e inauguración del colegio se fijó la fecha del 1 de marzo.

Desde el primer día en el nuevo edificio se contó con una sección de primaria; alrededor de 200 alumnos. Todo prometía un brillante porvenir y el hecho de que año tras año la escuela primaria creciera, hizo concebir al P. José Sanz la idea de crear una sección de secundaria; sin embargo, los superiores de la Orden negaron el necesario permiso. Transcurrieron casi 30 años hasta que en 1957 el P. Santiago Mompel creó la sección de secundaria, levantando los edificios necesarios, que fue abriendo progresivamente, curso por curso, desde 1957 hasta 1961 en que concluyeron los primeros bachilleres.

Posteriormente, por razones prácticas, para encontrar una salida laboral al alumnado se cambió el plan de estudios, adoptándose el de los comerciales; en rectorados posteriores se duplicaron los grados de la primaria y se creó el jardín de infancia con lo que el total de alumnos se mantiene en torno a los 700.

Actividad parroquial.

La parroquia de la Merced (1928-1952). Estaba en la mente del Vicario capitular, Monseñor José A. Luque y del nuevo obispo de Córdoba, Mons. Fermín E. Laffitte, entregar la parroquia del pueblo Alberdi, uno de los suburbios de Río Cuarto, y a corta distancia de su casco, a los escolapios. Poco tiempo después de su llegada de Córdoba, el 7-1-1928 el P. Vicario, Justo Blanco era portador del decreto de la Curia diocesana; con la delegación del prelado, el Visitador parroquial, Ramón Varas, dio posesión canónica al nuevo párroco, P. Ramón Pascual, que inmediatamente entró en funciones. La atención parroquial resultaba penosa por la distancia del colegio y las comunicaciones. Era demasiada carga para un sacerdote, quien además, llevaba el peso de un colegio; por eso, aunque el P. rector tuviera el título y el nombramiento de párroco, descargaba la responsabilidad sobre uno de los religiosos, al que se aligeraba, o se dispensaba, del trabajo escolar.

Se aceptó la parroquia por deferencia a la autoridad eclesiástica que tan generosa se había mostrado con los religiosos, pero posteriormente, siendo Río Cuarto diócesis independiente, se devolvió a la Curia diocesana la parroquia de la Merced.

La vicaría de Santa Rosa (1970- ). Mons. Moisés Blanchoud, obispo de Río Cuarto, aprovechó la visita del P. General, Laureano Suárez, para pedirle que se hicieran cargo de la vicaría parroquial «Santa Rosa». El P. General indicó, dado que el Capítulo general especial no era favorable a la tarea parroquial salvo en peculiares casos, la conveniencia de no erigir una parroquia pleno iure, confiada a la Orden sino llegar a un entendimiento de buena voluntad con la comunidad. Sobre esta base, el señor obispo en noviembre de 1970, dio un auto pastoral erigiendo la capilla «Santa Rosa» en vicaría parroquial independiente; se nombraba vicario al superior de la casa, pero con facultad de delegar sus funciones en cualquiera de los religiosos. Erigida la vicaría, delegó de inmediato en el P. Iván Luna quien trabajó con gran celo y además se pudo terminar la construcción del nuevo templo que desde hacía 8 ó 9 años estaba interrumpida; fue ayudado por el señor Fernando Córdoba; así el 30-8-1971, el señor obispo bendijo la nueva capilla.

Desde su erección en 1970 los escolapios han atendido con constancia la capilla de Santa Rosa, juntamente con la de María Auxiliadora en el radio vicarial y la de San José de Calasanz en barrio Brasca, que luego cambió de nombre por el mismo de José de Calasanz.

Superiores

Persona Año
Pedro Martínez 1927
José Sanz 1932
Pedro Martínez 1939
José María Panillo 1944
Venancio Ortiz 1946
Felipe Navio 1947
José Castell 1949
Patricio Estevan 1952
Santiago Mompel 1956
Héctor Torres 1959
Mariano Pardos 1962
Antonio Ruiz 1966
Juan G. Langan 1970
Eugenio Alfaro 1971
Iván R. Luna 1971
Pedro Álvarez 1974
Eduardo García 1977
Eusebio Alegre 1980
José Alfaro 1982

Bibliografía

  • Archivo de la casa, Documentos relativos a la fundación Caja. I.,
  • Actas capitulares de las Escuelas Pías de Río IV Caja 2.
  • Libro de Secretaría, I. 1927-1948; II, 1948. Libro de Crónica, I. 1927; II, 1947... HoC 202 (1933) 41-42; 203 (1933) 40; 205 (1933) 28-29; 206 (1933) 97-105; 203 (1934) 37; 209 (1934) 25-26; 212 (1934) 24-25; 214 (1934) 80-81; 215 (1934) 27; 216 (1935) 23; 220 (1935) 24; 221 (1935) 27 ss.

Redactor(es)

  • Juan Langan, en 1990, artículo original del DENES I